El viernes en el Montoya
Hay una banda en la cornisa
Con sus integrantes originales, La Corte del Señor Manga volvió al escenario y reunió generaciones atravesadas por las canciones de una banda que marcó la adolescencia de muchos posadeños. Entre nostalgia, viejos himnos y nuevas voces, el pasado volvió a sonar en presente.
La noche estaba fría, pero la memoria, no. Abajo y arriba del escenario, entre amigos, familias, músicos y viejos cómplices del tiempo, volvió a sonar La Corte del Señor Manga, esa banda que para muchos posadeños es menos un grupo de rock que una estación sentimental de la adolescencia.
Los memoriosos -que siempre abundan cuando se trata de regresar a los lugares del afecto- aseguran que fue “su primer Montoya”. También celebran ver al Japo Fleitas cantar y tocar como cuando eran apenas adolescentes, cuando el rock parecía una forma de amistad y el tiempo todavía no había empezado a correr tan rápido.
“La nostalgia juega en primera”, sintetizó una fan entre sonrisas y canciones coreadas.
Y acaso tenga razón. Porque lo que fueron a buscar quienes colmaron el auditorio no fue solamente un recital: fueron a reencontrarse con una época. Con aquellos tiempos dorados que la música, a veces, tiene el raro poder de devolver.
La Corte suena
La Corte del Señor Manga, que grabó su primer disco en 1992 y desde entonces permanece como una referencia afectiva del rock local, reunió en esta ocasión a sus integrantes originales y celebró el pasado sin quedar atrapada en él.
La fórmula funcionó: una retromanía alimentada de viejos himnos, covers desempolvados y canciones que todavía sobreviven en la memoria de quienes crecieron con ellas.

Hubo electricidad, guitarras y un público dispuesto a sostener cada canción. También hubo tropiezos sonoros, alguna mala pasada técnica, aunque insuficiente para opacar una fiesta emocional sostenida por el aguante de quienes sienten a la banda como propia.
En medio de tanto rock, llegó el respiro. El formato acústico abrió una pausa íntima y permitió dar lugar a amigos, nuevas voces y promesas que ya empiezan a dejar de serlo.
Capítulo aparte merece Martu Escalada, quien parece haber abandonado definitivamente la categoría de promesa para avanzar con paso firme hacia una consolidación propia. Su participación en La tormenta, la nueva canción del grupo ya disponible en plataformas, aportó frescura, carisma y una sensibilidad que dialoga con la historia de la banda sin imitarla. Un aire nuevo, con talento.

Todo indica que La Corte todavía tiene camino. Más allá de que marquen las diez, de tomar ginebra y decir “ya me voy”, de esperar un amanecer o invocar a una reina desde alguna letra que permanece tatuada en el recuerdo colectivo.
Cuando el recital terminó, la felicidad era visible.
El foyer del Montoya se llenó de abrazos, saludos entre viejos amigos y conversaciones demoradas.
Quedó ese sabor dulce que dejan ciertas noches.
La certeza de haber vuelto, aunque sea por un rato, a un lugar que parecía perdido.
Y el deseo compartido de que el próximo reencuentro no tarde tanto en volver a unir el recuerdo con el presente.