Aplastamiento facial, craneal y pérdida de masa encefálica, la brutalidad del homicidio de Ayala
El estado en que fue hallado el cuerpo de Rubén Orlando Ayala (59) y las lesiones documentadas por los peritos forenses ocupan un lugar determinante en el juicio que comenzó este miércoles en el Tribunal Penal Uno de Oberá, con Luis Alejandro Rodríguez Da Silva (35) en el banquillo de los acusados, imputado por el delito de homicidio agravado por haber sido cometido con alevosía, que contempla una pena de prisión perpetua.
Los informes incorporados al expediente y expuestos en la lectura del requerimiento de elevación a juicio, permitieron reconstruir la brutalidad de la violencia desplegada durante el hecho y constituyen uno de los principales puntos sobre los cuales acusación y defensa sostienen versiones contrapuestas acerca de lo sucedido aquella noche.
Según la autopsia, Ayala murió como consecuencia de traumatismo craneoencefálico contuso gravísimo. El informe forense describió aplastamiento facial y craneal, junto con pérdida de masa encefálica. Los peritos también consignaron la presencia de una importante cantidad de sangre en la escena y que el cuerpo estaba en el patio.

A ello se sumó el resultado del examen toxicológico practicado sobre la víctima, que arrojó una alcoholemia de 2,56 gramos por litro de sangre. De acuerdo con la especialista a cargo de esa pericia, ese nivel corresponde al inicio del tercer período de intoxicación alcohólica, una condición que puede afectar significativamente la coordinación motora, los reflejos y la capacidad de reacción.
Estos elementos fueron utilizados por la fiscalía y la querella para sostener que Ayala se encontraba en una situación de vulnerabilidad al momento de la agresión, mientras que la defensa concentró sus esfuerzos en reconstruir las últimas horas de la víctima y el momento en que se produjo la muerte.
"Cuando me fui estaba vivo"
En ese contexto declaró Rodríguez Da Silva, quien ante el tribunal brindó una reconstrucción detallada de lo ocurrido el 14 de mayo de 2023. El imputado sostuvo que llegó al bar de Ayala junto a Leila Álvez, quien entonces era su pareja y anteriormente había mantenido una relación con la víctima, con quien incluso tenían un hijo en común. Según relató, apenas descendió del vehículo fue increpado por Ayala y comenzó una pelea que se inició en el exterior del local.
El acusado afirmó que durante el forcejeo Ayala extrajo un arma de fuego, por lo que intentó impedir que la utilizara. "Le doblé la mano para que no me disparara y seguimos forcejeando", declaró. Según su versión, la confrontación continuó dentro del bar, donde ambos ingresaron trabados físicamente, mientras las dos mujeres que se encontraban en el lugar se retiraron.

Rodríguez Da Silva reconoció haber golpeado a Ayala. Señaló que durante la pelea el arma cayó al piso, que la pateó para alejarla y que la víctima también cayó al suelo. "Le di cuatro o cinco veces en la cara, en la cabeza", manifestó ante los jueces, aunque insistió en que actuó para defenderse, e incluso aseguró en línea con eso la víctima logró reincorporarse, se recostó sobre una mesa de pool y continuó hablándole. "Estaba vivo, hablaba y me amenazaba. Dijo que esto no iba a quedar así", afirmó. "Cuando me fui estaba vivo", reiteró en varios tramos de su declaración.
Alevosía y ensañamiento
La querella, representada por el abogado Lisandro Pérez, en su requisitoria de elevación a juicio se sujetó a una posición diametralmente opuesta, asegurando que la conducta atribuida a Rodríguez Da Silva se encuadra en un homicidio agravado por alevosía y que además hubo ensañamiento.
Según expuso, el elevado estado de intoxicación alcohólica que presentaba Ayala al momento de los hechos le impedía reaccionar adecuadamente o repeler la agresión. En ese sentido, argumentó que el acusado actuó "con dolo directo" y "aprovechó deliberadamente la situación de extrema vulnerabilidad de la víctima" para llevar adelante el ataque con total seguridad y sin riesgo de una defensa efectiva.
A criterio de la querella, Rodríguez Da Silva sabía que Ayala no estaba en condiciones de resistir la agresión, circunstancia que configura uno de los presupuestos clásicos de la alevosía reconocidos por la doctrina y la jurisprudencia penal. El abogado recordó que la alevosía se verifica cuando el autor emplea medios, modos o formas de ejecución que tienden directa y especialmente a asegurar el resultado, eliminando o reduciendo al mínimo las posibilidades de defensa de la víctima, y en esa línea, argumentó que una persona con una alcoholemia de 2,56 gramos por litro de sangre, compatible con un avanzado estado de intoxicación, se encontraba "en una situación de marcada inferioridad" frente a su agresor.

Asimismo, Pérez consideró que la magnitud de las lesiones descriptas en la autopsia -aplastamiento facial y craneal, traumatismo craneoencefálico gravísimo y pérdida de masa encefálica- reflejan "la violencia extrema ejercida" sobre la víctima. En ese contexto, señaló que los hechos también presentan características compatibles con la figura del ensañamiento, agravante que se relaciona con la voluntad de incrementar deliberadamente el sufrimiento de la persona agredida mediante actos particularmente crueles o reiterados.
Por ello, insistió en que los elementos reunidos durante la investigación le permiten concluir que Rodríguez Da Silva habría actuado aprovechando una situación de vulnerabilidad extrema y desplegando una violencia excepcional sobre Ayala.

"Una patada en las piernas”
Leila Álvez es una testigo clave en este debate por haber sido ex pareja de Ayala y pareja de Rodríguez Da Silva al momento del hecho, pero además es madre de un hijo que tuvo con Ayala, joven que fue señalado como presunto autor del disparo que hirió en un brazo a Rodríguez Da Silva.
La mujer confirmó que fue ella quien condujo el vehículo en el que llegó al bar de Ayala junto a Rodríguez Da Silva el día del crimen. Sin embargo, aseguró que cuando comenzó la pelea entre ambos decidió retirarse del lugar, por lo que sostuvo no haber presenciado el desarrollo completo de la agresión, aunque sí, observó -dijo- que el ataque inicial fue generado por Ayala por medio de "una patada a las piernas".
En su declaración, Álvez colocó a Ayala en una posición desfavorable, inclinándose de modo claro hacia el imputado. Sostuvo que la víctima poseía armas de fuego y que incluso se las entregaba al hijo que tenían en común para que las guardara. Lo describió como una persona violenta, vinculada al tráfico en la frontera, y que meses antes del hecho Ayala había perseguido a Rodríguez Da Silva, efectuando disparos. Dijo que durante la convivencia con Ayala ella sufrió episodios reiterados de violencia, que fueron denunciados, aunque sin intervención de las autoridades. "Me disparaba, me golpeaba. Hice denuncias y nunca nadie me dio protección", declaró.
La testigo afirmó que, pese a esos antecedentes, no imaginó que la situación pudiera terminar en un desenlace tan grave como el que finalmente ocurrió, al admitir haber llegado a la propiedad de Ayala junto a Rodríguez Da Silva.

Álvez también relató que, tras el hecho, recibió amenazas de integrantes de la familia de la víctima. En ese contexto, aseguró que el entonces jefe de la Policía de Alba Posse le recomendó abandonar la localidad junto a su hijo por razones de seguridad. Además, sostuvo que durante esta jornada de juicio se sintió amenazada por una hija de Ayala, dentro de la propia sala de audiencias.
Consultada sobre su relación con Rodríguez Da Silva, expresó que en ocasiones le tuvo miedo porque "estaba nervioso" con ella. En ese plano y durante el contrainterrogatorio, la defensora oficial Flavia Valenzuela expuso contradicciones entre declaraciones prestadas por la testigo en distintas etapas del proceso. En particular, señaló que durante la instrucción Álvez había manifestado que fue coaccionada por Rodríguez Da Silva para concurrir al encuentro con Ayala. No obstante, ante los jueces esta mañana declaró que acudió al lugar porque Ayala le había prometido entregarle dinero para el hijo que tenían en común.
La mujer también señaló que actualmente perdió contacto con ese hijo. Sin embargo, reconoció que inmediatamente después de la agresión le contó lo sucedido y que el joven salió del domicilio con un arma de fuego, manifestando que iba a defender a su padre. Dijo desconocer qué ocurrió después.
Por último, Álvez declaró que al momento de los hechos había una persona no identificada en el baño del bar que "las dos mujeres que estaban con Ayala tienen que saber quién es". A la pregunta del fiscal Juan Pablo Fernández Rissi, dijo que notó que había alguien, pero no supo identificar quién.

Las amigas de Ayala
Esas dos mujeres también se enfrentaron a las preguntas de las partes, y ratificaron haber estado en el bar hasta la llegada de Leila con Rodríguez Da Silva. Dijeron que Ayala estaba alcoholizado, y que él mismo pagó el remis para que fueran a su casa, y que luego tenían la intención de asistir a un baile.
También -aseguraron- se alejaron de la secuencia de violencia, coincidiendo en que cuando comenzó la pelea entre el acusado y la víctima se retiraron del sitio caminando hasta un bar cercano, desde donde, al menos una, dijo haber escuchado "golpes, como contra una mesa". Luego -dijeron- hasta ese lugar llegó Rodríguez Da Silva, que no observaron nada raro, aunque una de ellas dijo que notó manchas en su campera, que no supo precisar de qué ni las formas.
Cuando salían, caminando, de aquel lugar, hasta el asfalto, una refirió que el ahora acusado caminó detrás de ellas hasta que ingresaron a un minimercado a comprar cigarrillos "y después no se hacia dónde fue", en tanto que ambas recordaron que en ese trayecto se cruzaron con el hijo de Leila caminando rumbo aparente a la casa de su padre, Ayala, y que detrás iba la madre "con una sonrisa que me dio miedo".
Mencionaron que no había otras personas en la casa de la víctima más que ellas, y que no vieron que Ayala estaba armado, tal como declaró Rodríguez Da Silva.

La relación entre víctima y acusado
Paola y Lidia Ayala, hija y hermana de la víctima respectivamente, prestaron declaración ante el Tribunal y recordaron distintos aspectos de la vida de la víctima, a quien describieron como una persona con quien mantenían contacto frecuente.
Ambas sostuvieron que Rodríguez Da Silva mantenía una relación conflictiva con su padre y afirmaron en línea con eso que cada vez que se cruzaban se producían episodios de agresión. Según relataron, la propia víctima les comentaba en conversaciones telefónicas y videollamadas (viven en Buenos Aires) que era objeto de maltratos y ataques por parte del ahora acusado.
Durante su testimonio, Paola recordó las últimas conversaciones que mantuvo con su progenitor y aseguró que en varias oportunidades este le manifestó preocupación por el tenso vínculo con Rodríguez Da Silva y Álvez. Por su parte, Lidia relató que visitó Misiones en dos oportunidades durante 2023, coincidiendo con las vacaciones de verano y Semana Santa. Según declaró, durante esas estadías presenció situaciones de violencia protagonizadas por Rodríguez Da Silva en contra de Leila, en oportunidades en que pretendía visitar a su sobrino.

Conflictividad previa
Por su parte, Pedro De Lima, propietario de una gomería en Santa Rita, ex empleador de Rodríguez Da Silva, aportó detalles sobre la relación laboral que mantuvo con el acusado durante aproximadamente 16 años, aunque no de manera permanente.
Lo describió como una persona "buena, trabajadora" pero, a su criterio, atravesó una serie de cambios en su personalidad tras iniciar la relación con Leila Álvez. "Primero falleció su padre, luego su madre, y cuando conoció a Leila empezó a descarrilarse", expresó De Lima, recordando que el acusado continuó trabajando con él hasta el día del homicidio.
El gomero también hizo referencia a los conflictos existentes entre Rodríguez Da Silva y Ayala. Según declaró, en una oportunidad ambos intercambiaron palabras en su establecimiento y la situación generó preocupación. "Les pedí que no volvieran a encontrarse en mi gomería porque los dos estaban enamorados de la misma mujer y ese era el problema", sostuvo ante los jueces.
Asimismo, aseguró que Ayala amenazó a Rodríguez Da Silva en dos ocasiones dentro de su negocio. Dijo que la primera vez intentó restarle importancia, pero que tras una segunda situación decidió intervenir. "Le pedí a Ayala que no fuera más a mi gomería. Ellos no podían encontrarse", afirmó.
Su testimonio expuso la existencia de una conflictividad previa entre ambos hombres, vinculada, según su punto de vista, a la relación que mantenían con Leila, situación que, según indicó, había generado tensiones y enfrentamientos antes del hecho que hoy se juzga.

Mañana, la continuidad
La segunda jornada de debate será mañana a partir de las 8 en la sala judicial de la esquina de calle Bolivia y avenida Misiones.
Por cuestiones laborales se excusaron de estar presentes los peritos integrantes del Cuerpo Médico Forense del Poder Judicial, licenciado Carlos Heredia (a cargo de la autopsia), licenciada Jimena Gutiérrez Brower (pericia genética) y bioquímica Patricia Romberg (pericia toxicológica), aunque las partes estuvieron de acuerdo en incluir las conclusiones de sus intervenciones por lectura.
Se espera, sí, la declaración de dos policías y un vecino que estuvo con Ayala previo al homicidio. Luego el tribunal, compuesto por los jueces Horacio Paniagua, David Milicich y Jorge Villalba (subrogante), dará paso a los alegatos de las partes, y finalmente, el viernes se conocerá la sentencia.