"Vos no te imaginás lo que vas a ver", las memorias de un ricotero que siguió al Indio por todo el país
Para el periodista y locutor José Benítez, el Indio Solari nunca fue solamente un músico. Fue una brújula. Un motivo para cruzar provincias, dormir donde se pudiera y volver a casa con historias que, años después, siguen sonando tan fuertes como los acordes de aquellas noches multitudinarias.
La confirmación de su muerte abrió de golpe un archivo de recuerdos construido a fuerza de kilómetros, rutas interminables y recitales que para miles de seguidores nunca fueron simples espectáculos. Para muchos misioneros, seguir al Indio significó emprender una especie de peregrinación laica, una aventura colectiva donde el destino era importante, pero el viaje lo era todavía más.

En medio del duelo de toda una generación, Benítez repasa esos momentos que quedaron grabados para siempre. "La primera vez que fui a verlos, a Los Redondos, era muy pibe pero tenía muchas expectativas. Me sorprendió la cantidad de gente que los seguía, eso sí me re sorprendió", recuerda.
Sin embargo, antes de que comenzara aquel show, un amigo le lanzó una frase que con el tiempo adquiriría otro significado: "Ustedes no están preparados para ver lo que van a ver ahora, y lo que van a vivir".
Años después, cuando ya acumulaba viajes y recitales, era él quien repetía esa advertencia a los debutantes. "Les decía lo mismo: vos no te imaginás lo que vas a ver. Y eso es lo que mucha gente se perdió. No sé si por ideología o por qué, pero mucha gente nunca entendió qué era lo que nos pasaba a los que seguíamos a Los Redondos y después al Indio".
Porque los recitales empezaban mucho antes de que se encendieran las luces del escenario. Comenzaban en la ruta, en los colectivos repletos, en las terminales abarrotadas y en las amistades que nacían compartiendo una misma pasión.

La noche más larga en Tandil
De todos los viajes, hay uno que permanece intacto en la memoria. Fue el 5 de julio de 2008, en Tandil.
"Me avisaron mis amigos que se iban, yo no iba a ir. Me dijeron que sobraba una entrada pero estaba en Buenos Aires y había que compartir los gastos. Yo no tenía un mango. Mis viejos me prestaron plata".
Llegó como pudo. Pero una vez allí apareció otro problema: no tenía dónde dormir. "Empecé a recorrer alojamientos y no encontré. Agarré mi bolsa y me fui a dormir a la terminal". Lejos de sentirse una excepción, descubrió que formaba parte de una postal habitual: "Como yo había un montón".
Mientras algunos descansaban donde podían, otros llegaban desde distintos puntos del país. Al día siguiente aparecieron sus amigos de Posadas, que venían de pasar la noche en Retiro esperando una combinación.

"Esa noche la pasé re mal, re mal. Y después con el show la pasé re bien, esa es la realidad". Y quizás allí esté una de las claves para entender la experiencia ricotera: las incomodidades, el cansancio y los contratiempos parecían quedar borrados apenas arrancaban las primeras canciones.
Terminada la fiesta, todavía quedaba resolver el regreso: "Mis amigos tenían carpa y se fueron a un camping. Yo conseguí un pasaje de pedo para volver a Retiro y me fui a dormir ahí hasta que tuve colectivo para venirme a Posadas".
Seis horas de caminata y barro
Si Tandil fue una prueba de resistencia, Gualeguaychú se convirtió en una verdadera travesía. "Fue el lugar donde más caminé para ir a donde tocaba. Fueron como tres horas de ida, tres horas de vuelta, más el show con el barro y todo eso. Un mundo de gente por todos lados. Creo que me cansé más caminando que en el show".
La imagen resume buena parte de aquellos encuentros: columnas humanas avanzando por caminos de tierra, zapatillas cubiertas de barro y miles de personas moviéndose hacia un mismo punto como si siguieran una señal invisible.
Hubo también viajes con finales más amables. En otro recital de Tandil, esta vez junto a amigos y con carpa incluida, el auto se averió durante el regreso.
"Terminamos consiguiendo una casa donde paramos, a cinco o seis cuadras de donde era el show, así que ese la pasé un poquito mejor", cuenta entre risas.
Mucho más que un recital
Cuando intenta explicar qué hacía tan especiales aquellos encuentros, Benítez vuelve una y otra vez a la misma respuesta: la gente.
"Te encontrás con un montón que disfruta, que comparte lo mismo que vos, que te cagás de la risa".
Y agrega un detalle que todavía lo sorprende. "Había una variedad enorme. Desde abuelos hasta chicos, padres con sus hijos. Y eso se repitió en todos los recitales que vi. Eso no lo logra cualquier artista".
En una época marcada por consumos cada vez más individuales, los recitales del Indio parecían funcionar como un gigantesco punto de encuentro donde miles de desconocidos se reconocían entre sí.

Claro que también existían temores."Tenés miedo que te choreen, eso es cierto. Pero después es la tranquilidad de que si aparece algún chorro, lo cagan a trompadas", dijo entre risas.
Aun así, para quienes estuvieron allí, el recuerdo termina pesando mucho más que cualquier inconveniente.
La llama sigue encendida
Benítez dejó de viajar cuando el Indio dejó de cantar en vivo. Sabía que una etapa se estaba cerrando: "Sabía que no iba a seguir después de Olavarría 2017".
Pero también sabe que ciertas cosas sobreviven a las despedidas. Los últimos recitales de Los Fundamentalistas demostraron que aquella energía colectiva seguía intacta. Y aunque nadie puede asegurar qué ocurrirá ahora, cree que el fenómeno encontrará nuevos caminos.
"Hay que ver si los músicos de Los Fundamentalistas quieren seguir tocando, porque tenían el permiso del Indio mientras estuvo vivo. Pero la mística de seguir a la banda por donde toque, que vaya gente de todos lados, va a seguir. Si no es con Los Fundamentalistas, va a seguir con La Renga".
Tal vez porque, para miles de seguidores, nunca se trató solamente de una banda o de un cantante. Se trató de pertenecer a algo más grande. De compartir una ruta, una espera, una canción y una historia.
Por eso, mientras el país despide a una de las figuras más influyentes de su cultura popular, Benítez vuelve a quedarse con aquello que convirtió cada viaje en una experiencia irrepetible.
"Lo más lindo de todo es que vos te encontrás con un montón de gente que disfruta, que comparte lo mismo que vos".