El tomate se convirtió en el emblema de los incrementos
El tomate, un ingrediente que se encuentra en todos lados, desde las hamburguesas de comida rápida hasta la alta cocina, están asumiendo un nuevo papel más allá del plato: un persistente recordatorio del aumento de los precios.
Los precios del tomate se han disparado más que los de cualquier otro producto alimenticio en el último año, consolidándose como una de las molestias del momento para los consumidores.
“El tomate se ha convertido en un símbolo de algo mucho más profundo”, señaló Isaac Bernal Carbajo, un chef de la ciudad de Nueva York que lamentó que los “placeres más simples” de la vida caigan víctimas del aumento de los precios. “Algo tan básico como comprar verduras frescas ha empezado a convertirse en una importante decisión financiera para muchas familias”. Los precios del tomate han subido alrededor de un 40% respecto a hace un año, según el más reciente Índice de Precios al Consumidor, muy por encima del aumento de otros comestibles como el café (18,5% más), los asados de res (17,8% más) y pescados y mariscos congelados (12% más), entre otros productos que se han convertido en símbolos de la inflación.
Otro indicador de la inflación publicado el jueves reveló que los precios generales aumentaron un 3,8% en abril frente al año anterior, su lectura más alta en casi tres años.
Además de los rendimientos de los cultivos, los expertos atribuyen el aumento en los precios del tomate, en parte, a dos pilares de las políticas del segundo mandato del presidente Donald Trump: la guerra contra Irán y los aranceles. La guerra disparó los precios de la gasolina e incrementó los costos de envío. Además, Estados Unidos se retiró de un acuerdo que permitía importar sin aranceles tomate desde México, país donde se hacen los mayores envíos.
Usha Haley, economista de la Universidad Estatal de Wichita, asegura que es “una tormenta perfecta de política comercial, clima extremo y política de Oriente Medio”. Los agricultores estadounidenses de tomate celebraron el retiro del acuerdo del tomate en julio pasado, asegurando que ayudaría a reconstruir su industria en decadencia. Pero ha sido doloroso para los consumidores. Aunque Estados Unidos se retiró del acuerdo en julio, tomó tiempo ver el impacto en el pasillo de frutas y verduras.Cuando llegaron los tomates, se les aplicó un arancel del 17%.
“Los aranceles son, sin duda, un gran motor de la inflación de precios”, afirmó Brett Massimino, profesor de negocios en la Universidad Commonwealth de Virginia. “Como Estados Unidos depende de México para la mayor parte de su suministro de tomate, cualquier cambio en la política comercial puede tener un gran impacto”.
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