Murió doña Secundina, histórica yuyera y pionera de La Placita

“El remedio yuyo es una gran cosa, va despacio pero seguro”, decía a quienes la consultaban.
martes 26 de mayo de 2026 | 19:53hs.

Se confirmó esta tarde el fallecimiento de doña Secundina Acosta, pionera del Mercado Modelo La Placita de Posadas y una sabía de la medicina tradicional. En su histórico puesto en el ingreso por calle Sarmiento atendió a diario durante más de medio siglo a quienes acudían aquejados por alguna dolencia.

Vendedora antigua, de las primeras del emblemático paseo de compras y, de las más queridas entre sus pares, en el pasillo dedicado a productos regionales apenas se pedía un yuyo todos señalaban a su stand.

Nacida en Paraguay, se instaló en Posadas a los 16 años para trabajar. Con las villenas empezó a reconocer los yuyos, aunque algo ya sabía por heredad de su abuela, su madre y su suegra.

“El remedio yuyo es una gran cosa, va despacio pero seguro, la constancia es lo que hace efecto y también no abusar, y claro que siempre hay que ir al médico”, decía a quienes la consultaban.

En su vida –relató en una de las tantas notas a El Territorio- trabajó y se capacitó con médicos tradicionales y naturistas. “De chica me gustó saber cada vez más y fui investigando, aprendiendo y conversando con gente que me transmitió sus conocimientos. Yo también comparto lo que sé y quisiera que los jóvenes se interesen para que no se pierda la costumbre de cuidar la salud con remedio natural”, había dicho en una entrevista.

Y aseguraba: “tengo médicos conocidos míos que mandan a sus pacientes a buscar un yuyo, porque saben que son beneficiosos. La recomendación es no utilizar los yuyos sin saber sus propiedades y consumirlos de la forma correcta porque algunos se hierven y se toman en té o jarabes otros se pueden estrujar para poner en el agua del tereré, no todos son lo mismo”.

Para dimensionar el poder medicinal de las plantas, resaltaba su propia experiencia: “Me levanto todos los días a las 5 de la mañana porque tengo que venir de Garupá y a las 6 llegó al mercado para abrir el puesto”.

Al igual que el resto de sus compañeros, aseguraba que no imaginaba su vida sin el mercado. Era comerciante nata y sabía cómo ingeniarse para vivir cuando todo va bien o en época de vacas flacas. “Me gusta mi trabajo, voy a seguir viniendo hasta que Dios quiera”.

¿Que opinión tenés sobre esta nota?