El crochet de Valeria en el medio de la plaza para llegar a fin de mes

Valeria Yeza es jubilada, tiene 79 años, y cuando da el clima y el cuerpo, llega desde Candelaria a la plaza 9 de Julio de Posadas para tejer y vender repasadores con puntilla, carpetas y otras creaciones.
miércoles 20 de mayo de 2026 | 10:01hs.

Un punto bajo, una vareta, dos, otra más y completa el medio punto… repetir. Se dibuja el abanico en el ir y venir del hilo y la aguja. La trama del crochet tiene la belleza de lo hecho a mano y también una fibra de actualidad que duele, el saber invisible de tantas mujeres, la crisis social y económica, lo básico que se vuelve inalcanzable.

Por eso teje Valeria Yeza (79), ama de casa jubilada, madre de cinco hijos ya grandes y esposa de un trabajador informal que después de toda una vida de hacer changas no puede acceder a su retiro.        

La mujer, ovillo a un lado, ganchillo brillante por el sol, en un banco de plaza con fondo de la Casa de Gobierno, repasa el patrón, cuenta los puntos y también parte de su historia. 
Es de Candelaria, con su marido no llegan a fin de mes, les cuesta comprar los remedios, los dos siguen trabajando.

Ella es tejedora desde niña, y también desde edad temprana consiguió empleo como personal doméstico, cuidadora. “Cuidaba mi casa, después mis hijos y cuidaba también la casa de otras familias, limpiaba, planchaba, lavaba ropas, cocinaba”, describió sobre su rutina por años.

A unos metros, otros trabajadores en una carpa protestan por un salario digno. Las voces del megáfono y la voz de Valeria sueñan con lo mismo, poder vivir sin tener la preocupación de que la plata no alcance para nada.

Herencia de su madre 
Carpetas, repasadores, crea Valeria con el conocimiento que le transmitió su madre, Crescencia, y que fue siempre una herramienta para aportar con los gastos de la casa, más en épocas difíciles.  

“Vengo a la plaza 9 de Julio porque por acá hay más personas que pasan, me levanto temprano para venir; si hace mucho frío no vengo porque me duelen las piernas, pero si hay lindo sol vengo a tejer y a vender, vengo desde Candelaria”, expresó.

Como las carpetas, caminos de mesa y manteles llevan mucho tiempo de tejido y mucho material, la artesana hermosea los bordes de repasadores con puntilla de abanicos, una pieza útil en todas las cocinas y con más salida por su precio accesible.  

“Es una forma de poder vender más económico, y la gente que pasa mira mi trabajo, algunos llevan, otros me dicen que van a pasar después, yo confío, porque en la vida hay que tener fe y fortaleza, y hay que ser leal, todo eso me enseñó mi madre y así les enseñé a mis hijos”, destacó sobre lo que considera importante como valores. “Mis hijos me apoyan, ellos a veces me traen y si pueden nos ayudan”.

El mediodía que conocimos a Valeria en el paseo céntrico todavía no había desayunado y soplaba un viento de locos, por eso, además de comprar sus artesanías, se puede colaborar acercándole un mate o un té caliente, algo rico para comer, darle charla, quizás aprender algo de crochet.  

“Yo lo que sé de crochet lo comparto, porque me gusta mucho tejer y me gusta que la gente sepa de este trabajo, que sepan que no es fácil, hay que estar horas, que puedan apreciar su valor y que también pueden hacer para sus casas”, dijo.

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