Sostuvo con orgullo que el logro es colectivo y sentará un precedente
“La Justicia no me devolvió la salud, pero me devolvió la dignidad”
Tuvieron que pasar más de 20 años para que la justicia llegara. Fue un proceso lento y doloroso que tuvo en el centro de la escena a una mujer, a Paula Pisak, que fue víctima de una mala praxis durante el parto de su primera hija y producto de esa violencia obstétrica convive desde entonces con sordera y paraparesia espástica. Había entrado sana y caminando a parir a una clínica privada de Jardín América y casi perdió la vida.
Recientemente la Justicia misionera falló a su favor, la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial reconoció la mala praxis y violencia obstétrica que denunció luego de aquel parto en 2004. El fallo representa un precedente histórico a nivel nacional, porque incorpora la perspectiva de género para evaluar estos casos, menciona la Ley de Parto Respetado y reconoce la violencia obstétrica dentro de una demanda civil por daños.
“En respuesta al agravio sobre la supuesta ‘diferenciación indemnizatoria basada en el sexo’ de la paciente, cabe señalar que la aplicación de perspectiva de género en la sentencia no constituye una discriminación, sino un instrumento interpretativo destinado a visibilizar y corregir desigualdades estructurales históricamente presentes en la atención sanitaria. La sentencia reconoce la violencia obstétrica, manifestada en maltrato físico y psicológico, falta de información clara y ausencia de consentimiento informado, como una vulneración directa de los derechos humanos y de la dignidad de la mujer durante el parto”, se puede leer entre los fundamentos del documento que contiene 51 páginas.

Y continúa: “Lejos de establecer categorías resarcitorias arbitrarias, la perspectiva de género permite garantizar que la reparación responda a la afectación específica sufrida en un contexto de vulnerabilidad reconocida por la normativa nacional e internacional, incluyendo la Ley de Protección Integral a las Mujeres, la Ley de Parto Respetado, la Ley de Derechos del Paciente y tratados como la CEDAW y la Convención de Belém do Pará”.
En el marco de la Semana Mundial del Parto Respetado, El Territorio rescata la voz de Paula, que tras la dolorosa experiencia se volvió activista por los derechos de las personas gestantes y con discapacidad, se animó a ser madre por segunda vez y se recibió de abogada en plena pandemia del Covid-19. Aunque su trayectoria también incluye una reciente vicepresidencia en el Consejo Federal de Discapacidad.
¿Qué sentís que finalmente haya salido el fallo después de tanto tiempo?
Tengo una mezcla de sensaciones. Por un lado, la alegría de que se reconozca legalmente la responsabilidad de los profesionales, por el otro, el cansancio de tantos años hace que en lo personal cueste sentir que haya sido este el fin, creo que la victoria más grande viene del lado de lo colectivo y de lo que implica a partir de hoy el fallo Pisak.
¿Sentís que repara aunque sea un poco el daño que sufriste?
No hay reparación cuando en el trayecto una persona que denuncia no sólo vuelve a padecer situaciones de violencia y abuso en el proceso sino también que ve su vida y juventud pasar luchando de manera constante. Creo que la gente en general ignora los tiempos judiciales, eternos, que uno debe soportar y esto no es justicia. Yo tenía 26 años, miles de sueños que se hicieron imposibles de hacerlos realidad, tuve que aprender a vivir en el silencio más profundo y en un cuerpo extraño, doloroso y lleno de secuelas.
El fallo sienta un precedente. ¿Pensás que ahora se tomará, quizás, más en serio a los casos de violencia obstétrica?
De toda esta experiencia me quedo sin dudar con la importancia del precedente que implica el fallo y me enorgullece haber resistido tantos años y convertirme en activista. Este respaldo legal es contundente porque vino a reafirmar los derechos de las personas gestantes que se encuentran protegidas por la Ley de Parto Respetado en una causa civil por daños, algo que no estaba contemplado antes y sólo se hablaba de mala praxis médica. Estoy convencida que habrá un antes y un después para las causas futuras.
¿Les cabe alguna consecuencia a los médicos-clínica de Jardín América que te atendieron en aquel momento?
Tristemente la causa penal prescribió por falta de impulso en el juzgado, mi desconocimiento y situaciones desgastantes. En ese contexto los profesionales habrían tenido sanciones como prisión o inhabilitación especial obligatoria. Lo que hoy recae sobre ellos es el pago de una indemnización, tanto para los médicos como para la clínica y obra social. Lamentablemente en este proceso una de las partes en agosto del 2025 se disolvió (Federación de Clínicas) y corresponde iniciar otra medida cautelar para resguardar el cobro.
¿Qué rescatás de todos estos años de lucha y qué cosas fueron muy dolorosas en el camino?
Me quedo con la gente maravillosa que conocí en el camino, los diversos colectivos y movimientos de mujeres que me sostuvieron en todo momento, las redes que tejimos, pues el activismo no conoce de fronteras.
Este año además se sumaron hasta Actrices Argentinas, Thelma Fardin, Luisa Kuliok, Noemí Frenkel, entre otras, todas manifestando en un grito sororo que “La justicia para Paula era justicia para todas”, fue muy emocionante verlo y sentir tanto amor, con todo esto reivindico que nadie se salva solo.
El documental Las Formas de Nacer que me llevó a recorrer el país a través de proyecciones y charlas, incluso en la UBA, Crónicas desde el silencio, otro documental importante que refleja mi lucha.
Lo doloroso es seguir oyendo a tantas compañeras y sus familias haber padecido pérdidas irreparables en los nacimientos, las historias son muchas y crueles, las imágenes de madres agonizando o sus bebés fallecidos no se olvidan jamás y lo más triste es que fueron situaciones en donde primó el abandono de persona, mujeres que no fueron atendidas al concurrir a hospitales, o en donde minimizaban sus dolores-sentires y las hacían volver a sus hogares e incluso se les negaba una intervención por su vulnerabilidad económica.
Duele así también saber que existen tantos casos en Argentina de mujeres criminalizadas y encarceladas por padecer eventos obstétricos.
¿Te gustaría hacer alguna reflexión en esta Semana del Parto Respetado?
Esta Semana del Parto Respetado no es una más para mí. Durante 21 años llevé en cuerpo y alma las secuelas de la violencia obstétrica; dos décadas de impunidad, de silencios institucionales y de un sistema que quiso hacerme creer que el daño irreversible padecido era el precio aceptable por parir, pero hoy, la realidad es otra.
El reciente fallo de la Justicia misionera no me devolvió la salud, pero me devolvió la dignidad. Por primera vez el Estado reconoció formalmente que lo que me hicieron fue violencia de género, mala praxis y una violación flagrante a mis derechos humanos, fue violencia obstétrica.
Esta victoria judicial no es sólo mía, es un abrazo y un acto de justicia para cada mujer y persona gestante que alguna vez fue silenciada, infantilizada o violentada en una sala de partos. Por ello mi mensaje como activista es claro: el nacimiento es un acto sagrado de soberanía sobre nuestros cuerpos, la justicia lenta sigue siendo injusta pero llega si persistimos, por eso insisto en que sigamos denunciando, sigamos exigiendo se respete nuestro derecho a elegir cómo, dónde y con quién parir, para que el dolor de una violencia silenciada nunca más vuelva a ser el estándar de la obstetricia en la Argentina.
Luego de la entrevista los abogados de Paula le notificaron que el Instituto de Previsión Social (IPS), uno de los demandados en la causa, apeló la sentencia e irán hasta el último recurso extraordinario.
“Increíblemente, y por el simple hecho de dilatar, el sistema seguirá revictimizándome. Espero que Dios me dé vida para ver el final de este camino. El logro y el precedente son históricos y van a tener que acordarse del fallo Pisak de por vida, yo sigo acá y victoriosa por el logro colectivo”, cerró Pisak.