‘Desarraigo’, cortometraje rodado y proyectado en San Pedro
La lucha yerbatera a la pantalla de la mano del cine comunitario
El sacrificio y la cruda realidad en la que están inmersas las familias yerbateras se llevó a la pantalla para contar una historia que refleja el impacto de la crisis en uno de los principales motores de la economía de localidades del norte de Misiones como San Pedro. La realización de un cortometraje que sigue la historia de Joaquín, un tarefero, representa la posibilidad de mostrar a nivel nacional una problemática que merece atención y se pudo concretar mediante el cine comunitario.
La realización de esta producción audiovisual que se titula Desarraigo llegó al municipio de manos de Indisciplinados, un colectivo de comunicación política que recorre varios puntos de la Argentina. La iniciativa nace de la necesidad de traer al centro de los debates la lucha de quienes sostienen día a día la producción de la yerba mate, ocasión en que ponen el cuerpo y el tiempo para poder conseguir un precio más justo. “No es sólo una historia, es una realidad concreta que atraviesa a nuestras comunidades y que muchas veces queda invisibilizada”, indicaron desde el colectivo a El Territorio.
Herramienta de amplificar
Del mismo modo, el objetivo es colocar al cine comunitario como una herramienta para visibilizar y amplificar las voces de quienes luchan. “Desde mi rol como consejera del Distrito Norte del Audiovisual, creo profundamente que acompañar estas propuestas es valioso y necesario”, expresó Yanina Galeano, del Instituto de Artes Audiovisuales de Misiones (Iaavim), e indicó que el cortometraje es “una forma de decir que estas historias importan, que esta lucha es colectiva, que merece ser vista y escuchada en toda la Argentina. Acá, en Misiones, en el Norte, una de las problemáticas puntuales es la yerba; pero en distintos puntos del país hay otros sectores donde el trabajo está en juego”.
La puesta en escena
Para llevar adelante el proyecto dentro de lo que desde el colectivo llaman ‘industricidio’, invitaron al sector para participar en las jornadas de taller, rodaje, edición y la presentación del audiovisual. La convocatoria superó las expectativas. La primera jornada se realizó el mismo Día del Trabajador, pese al feriado se acercaron estudiantes de la escuela de Comercio junto a un docente, organizaciones sociales, productores, tareferos, estudiantes de guardaparques, realizadores y público en general más que interesados en la propuesta.

“Desde el primer día se sintió un interés muy fuerte y entusiasta por parte del sector”, destacó Yanina sobre la participación en los tres días de intenso trabajo, en los que el compromiso colectivo fue el motor. “Ni siquiera la lluvia nos detuvo. Todos estuvimos presentes y comprometidos con lo que se estaba construyendo. Desde la comida, la creación de la historia, las actuaciones y la producción, todo fue profundamente comunitario”, relató dejando percibir el grato y colaborativo ambiente que se logró.
El corto se grabó en distintas locaciones de Capital de la Araucaria. La historia junto al guión, fueron creados de manera conjunta el primer día. Luego se filmaron escenas en la terminal, en la casa de la familia Galeano y luego todo finalizó en la chacra de Carlos Castellano. El último día lo dedicaron a la edición y al cierre del proceso, con una puesta en valor del trabajo profesional y en equipo.
“Fue muy interesante que las personas que acompañaron estos tres días pudieran ver cómo se edita todo lo grabado y poder aportar también”, valoró Galeano respecto de la dinámica.
La función
Una vez que todo estuvo listo, lo llevaron a la pantalla en una proyección en el anfiteatro, donde los vecinos llegaron con las ganas de disfrutar una propuesta diferente, pero al mismo tiempo de ser partícipes. “Fue un momento muy emotivo, el público se sintió parte de la historia. Se generó un espacio de encuentro y reconocimiento”, observaron el colectivo.
Al final de la función hubo una instancia de escucha activa por parte de todos los presentes y el público también aportó su mirada sobre el corto y por sobre todo acerca del impacto del ajuste en la sociedad.
La actividad fue organizada por el colectivo Indisciplinados, en articulación con el Espacio Cultural Yopará local y otras organizaciones territoriales. Se trata de una propuesta autogestiva, sostenida desde el trabajo colectivo, el compromiso militante y el aporte de quienes participaron. Todavía no está en plataformas.
La historia
Desarraigo trata la vida de Joaquín, que es un tarefero que vive en el barrio Santa Rosa y se mostró entusiasmado cuando recibió la invitación para ponerle tinte de ficción a la compleja realidad que instala en el epicentro del relato la migración de trabajadores a Brasil, en busca de mejores oportunidades.
El tarefero pasa por diferentes situaciones que le presenta la vida, hasta que debe tomar una decisión muy importante para subsistir, que es irse a Brasil.
En la filmación es posible palpar el difícil proceso de ver como única posibilidad irse del pueblo para poder alimentar a su familia. Si bien el tarefero cobra protagonismo, el corto muestra todos los sectores involucrados, el peón rural que cosecha, el mediano productor y el empresario. Incluso enfoca casos de personas que tienen que vender sus chacras y el desarraigo detrás de cada realidad.
Joaquín Ríos, el protagonista, entre la satisfacción y el orgullo reflexionó sobre este tipo de iniciativas: “Lo bueno de esto es que deja un mensaje claro. Habla del día día, de la migración a otro país y el desarraigo en las chacras y creo que despierta en esto de que no sólo el tarefero, o el yerbatero está mal”, dijo y afirmó que “la situación crítica llega a todos los sectores. La posibilidad de visibilizar esto es valioso, importante y decir que el campo y la chacra son las empresas. Es donde deben mirar y no pensar en traer industrias tecnológicas. Acá está más que claro que si la yerba anda, todos los sectores están bien”.
Primera experiencia
Es bueno remarcar que ninguna de las personas que formaron parte del proyecto, previamente habían estado en contacto con una cámara y mucho menos en un set de filmación. Descubrir una parte del cine en tres días resultó una experiencia enriquecedora y fascinante, y quizás un momento para abrir y aliviar la mente tan agotada de la problemática a la que se enfrentan todos los días. “Muy contento, los demás compañeros entusiasmados, aprendimos cosas nuevas, que nunca se nos había presentado, los productores que vinieron muy profesionales y se generó un espacio maravilloso. Agradecemos por esta oportunidad”, concluyó Joaquín muy emocionado.