Entrevista al padre Alberto Barros

Sacerdote define al proyecto nacional como cruel, inhumano y anticristiano

Advierte que el gobierno de Milei carece de una salida esperanzadora. Lamenta la caída de más jóvenes a la adicción y la creciente desesperanza de toda la población
domingo 10 de mayo de 2026 | 6:06hs.
Barros recomendó evitar que el modelo nacional nos robe la esperanza.
Barros recomendó evitar que el modelo nacional nos robe la esperanza.

El padre Alberto Barros analiza la profundidad de la crisis nacional actual, el desmantelamiento de los lazos comunitarios y el impacto psicológico de un modelo político nacional basado en el individualismo. A más de dos décadas de su llegada a Posadas en plena crisis del 2001, el sacerdote advierte que el escenario presente carece de una salida esperanzadora bajo la lógica del ajuste permanente y el desprecio por la justicia social. A pesar de ello, como mensaje final recomienda establecer una mirada fraterna.

Muchos sectores sostienen la idea de “aguantar” este ajuste nacional. ¿Cree que hay salida a este modelo de país implantado por Milei?

No hay otro proyecto más que este. El propio presidente (Javier Milei) lo admite cuando dice que viene ‘más motosierra’. Es un plan diseñado para una Argentina cada vez más pobre y desigual, donde la clase media desaparece para engrosar la pobreza, dejando sólo a un 20% en bienestar. No tiene sentido esperar algo distinto, porque el camino elegido es este y va a ser cada vez peor.

¿Qué percibe en el contacto diario con los vecinos que quizás apostaron por este modelo y hoy sufren las consecuencias?

Mucha gente está cambiando su mirada. Se esperanzaron con promesas que resultaron mentiras. Dijeron que venían a combatir la casta, más casta que esta no hay. Que venían a combatir la corrupción, pero vemos casos como Libra, el negocio con los discapacitados, el retorno. La realidad es que la industria nacional está destrozada, las pymes cierran y el comercio está ahogado. Sólo se salva la minería y la bicicleta financiera.

Más allá de lo económico, ¿entiende que hay un impacto muy fuerte en la salud mental de la población?

Es alarmante. El índice de suicidios ha crecido enormemente en estos últimos dos años. La falta de medicamentos y la destrucción del sistema de salud y educación pública dejan a la gente abandonada. Me pasa recibir a personas de clase media que me dicen: ‘Padre, no aguanto más, quiero terminar con mi vida’. El desempleo y la precariedad están destruyendo nuestra capacidad de vivir con dignidad.

Desde la Iglesia siempre se promueve la fraternidad. ¿Cómo choca ese mensaje con el discurso oficial?

Los obispos argentinos están asumiendo la defensa de los más frágiles porque este proyecto es también cultural. Te quieren instalar que vas a ser feliz cuanto más egoísta seas. Destruyen los comedores, los espacios de contención para adicciones y las relaciones comunitarias. Nadie puede ser feliz en un egoísmo tan brutal. Por eso, decimos que es un proyecto político y social absolutamente cruel y anticristiano.

¿Por qué cree que hay tanto ensañamiento con el concepto de justicia social?

Es sorprendente la intensidad del odio y el insulto que brota de corazones incapaces de empatizar. En democracia no he visto semejante grado de desprecio por el que sufre, por el discapacitado o por el migrante. ¿A quién se le ocurre festejar que la gente se quede sin trabajo? Hay un nivel de inhumanidad y avaricia que roza lo psiquiátrico en muchos dirigentes, a quienes no les importa la gente, sólo facturar.

Ante este panorama de desolación, ¿qué sucede en los barrios con problemáticas como el consumo de drogas?

Es un tema que nos preocupa muchísimo. Cuando la gente pierde el sentido de la vida o siente que ya no tiene posibilidad de vivir con dignidad, aparecen estas realidades como refugios desesperados. La destrucción de los espacios de contención barrial sólo agrava una situación que ya es crítica para nuestros jóvenes.

Los obispos argentinos en su momento, creo que fue el año pasado, sacaron un documento que llevaba como título algo así, diría casi textualmente, ‘cuando el Estado se corre, el narcotráfico se hace presente’. Y eso es lo que se está viviendo en muchos barrios y ciudades enteras de la Argentina. Un Estado que se corre, no nos olvidemos que el presidente solía decir, ‘yo soy el topo que viene a destruir el Estado’. Entonces, cuando un Estado se corre de todas sus funciones, de cuidado, de acompañamiento, de fomento de las organizaciones sociales, comunitarias, barriales, bueno, cuando el Estado desaparece, el narcotráfico termina siendo dueño y señor de los barrios. Terminan siendo (los narcos) prestamistas de la gente que no puede comprar la comida. Hoy te organizan el cumpleaños de 15 y desgraciadamente, contra todo el discurso oficial, que también decían, ‘venimos a combatir el narcotráfico’, y tenemos más narcotráfico que antes; tenemos más problemas de adicción que antes, y un narcotráfico que desgraciadamente se ha ido adueñando de muchos, muchos lugares en la Argentina. Así que por donde se lo mire estamos en una situación muy difícil.

Por eso hasta me animaría a decir que son políticas criminales, porque todo esto significa jubilados que se nos están muriendo por falta de medicamentos, ancianos que se nos mueren porque han tenido que descontinuar sus tratamientos médicos, chicos que se nos mueren por el tema de un avance bestial de las adicciones, chicos con discapacidad que están retrocediendo notablemente en sus tratamientos por la desfinanciación que ha hecho el Estado, chicos que han dejado de estudiar en las universidades porque ya se cerraron los comedores universitarios. Bueno, acá veo que hacen lo que pueden para sostenerlos, gracias a Dios. Pero bueno, hay chicos que han tenido que volver a sus lugares para ayudar a sus familias a trabajar y sostenerse.

Realmente es una situación muy, muy dura. Nosotros nos hacemos un planteo, y esto hay que aclararlo, porque uno dice esto y ya te quieren encasillar en tal partido, en tal otro. Son planteos humanos, profundamente humanos, y desde la fe.

Jesús habló de comunidad, de solidaridad, de preocuparse por el otro. El buen samaritano que no deja a nadie tendido en el camino de la vida, herido, caído, hay que acompañar, hay que ayudar, hay que levantar. Así que no podemos de ninguna manera, desde una fe cristiana y desde el humanismo, no podemos aceptar, avalar nada de este proyecto que es absolutamente destructivo y que está dejando un tentáculo de heridos y de muerte en la Argentina brutal.

Ante este escenario y casi como reflexión final, ¿qué le podemos decir a la sociedad sobre cómo actuar ante esta dura realidad?

Repito lo mismo que le decía a mi comunidad en la parroquia este fin de semana y creo que el anterior también. Hay una frase del papa Francisco maravillosa, que la repetía mucho y que la escribió en el primer documento que nos dejó, ‘La Alegría del Evangelio’, así se llama, y en algunos de sus números lo dedica a la esperanza. Y Francisco dice: ‘No dejemos que nos roben la esperanza’. Creo que eso es lo que hoy tenemos que hacer, no dejar que nos roben la esperanza. Y para no dejar que nos roben la esperanza, tenemos que comprometernos todos, no importa cómo piense cada uno en lo político, cómo vive, no importa. Acá hay algo más importante que cualquier diferencia, que es cuidar al ser humano. Y como también nos decía el papa Francisco, aprender a convivir en las diferencias, este no es el momento para entrar en esta grieta ridícula de odios, de insultos, de desprecios, creo que es el momento de recuperar la esperanza, pero esto implica recuperar una mirada fraterna, que el otro nos importe; no importa de qué manera piensa, cómo vive, el otro es mi hermano, la otra es mi hermana. Recuperar ese sentido de fraternidad, de comunidad, de sentirnos realmente patria, Nación, con una identidad cultural, nacional, que siempre nos hizo bien. Somos parte también de un pueblo latinoamericano que siempre hizo de la solidaridad, del encuentro un valor insustituible. Creo que eso no lo tenemos que perder, este es el momento para sentirnos muy argentinos, no dejar que nos roben la patria, con este camino extranjerizante que nos están proponiendo, un tiempo para recuperar la patria, recuperar nuestra identidad latinoamericana, mirarnos como hermanos, enriquecernos con las diferencias y poner al ser humano en el centro de la preocupación. Solidaridad, fraternidad, comunidad, ayudarnos entre todos y sin espacio para las divisiones que nos están dejando cada vez peores.

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