El entorno digital exige acompañamiento adulto activo

Dificultades emocionales y vinculares, parte del escenario en las escuelas

Especialistas advierten que el abordaje debe incluir a las familias y sostener la educación en valores como base para fortalecer la convivencia escolar
sábado 25 de abril de 2026 | 6:06hs.
Sonia Coutto. Docente y escritora
Sonia Coutto. Docente y escritora

En los últimos días, las amenazas de tiroteo en escuelas, colegios e incluso en el ámbito universitario encendieron una fuerte alarma en distintos puntos de Misiones, con episodios que no sólo circularon en redes sociales sino que también aparecieron escritos en baños y espacios institucionales. Casos en Oberá, Candelaria, Montecarlo, Puerto Iguazú, la Universidad de la Cuenca del Plata, entre otras localidades, evidenciaron la reiteración de mensajes intimidatorios, algunos dirigidos a estudiantes en particular, lo que derivó en la activación de protocolos, operativos preventivos, presencia policial en los accesos y la intervención de la Justicia, incluso con la identificación de menores y el secuestro de elementos peligrosos.

En este contexto, la reiteración de estas situaciones generó preocupación en las comunidades educativas y obligó a reforzar no sólo las medidas de seguridad, sino también el acompañamiento institucional y familiar. Las escuelas avanzaron con controles, restricciones en el uso de celulares, charlas y espacios de concientización, mientras que las autoridades insistieron en evitar la viralización de los mensajes para no profundizar el efecto contagio y sostener la calma en las instituciones.

Frente a este escenario, Sonia Coutto, docente y escritora, autora del libro Planificar con valores, planteó que estos hechos deben leerse más allá del episodio puntual, como expresiones de malestares no verbalizados que muchas veces se vinculan con el entorno familiar y se reflejan en la convivencia escolar. En esa línea, remarcó que la educación en valores debe sostenerse en la práctica diaria y formar parte de la planificación, con espacios de escucha, diálogo y contención, y subrayó que las familias son claves en este proceso, ya que su presencia y ejemplo sostienen lo que la escuela construye, en una tarea compartida que requiere coherencia y compromiso.

“En un contexto de amenazas tanto en redes como dentro de las escuelas, desde lo educativo nos demanda mirar más allá del hecho en sí y reflexionar sobre la cuestión de fondo: donde hay violencia, hay necesidades desatendidas, carencias invisibilizadas y algún malestar que no logró ser verbalizado. La escuela no puede estar ajena, tiene que estar presente para brindar comprensión, acompañar y enseñar otras formas de habitar el mundo”, sostuvo la especialista.

Por otro lado, detalló que cuando estos mensajes aparecen escritos dentro de la institución dejan de ser algo externo y pasan a formar parte del propio ámbito escolar, lo que interpela directamente al clima de convivencia y obliga a revisar prácticas cotidianas. Desde esta mirada, la construcción de vínculos se vuelve central y aparece como una tarea diaria que compromete a toda la comunidad.

“Desde mi experiencia, en la convivencia escolar quedan al descubierto muchas cuestiones, como vínculos frágiles y dificultades para gestionar emociones. Muchas veces se dice que en la escuela se ve todo lo que pasa en el entorno familiar, y eso hace que la convivencia sea un tema fundamental para trabajar”.

Asimismo, la autora del libro Planificar con valores sostuvo que la educación en valores no debería ser un contenido transversal, sino el eje que sostiene todo lo demás, ya que sin ese componente el aprendizaje pierde sentido y la formación integral queda debilitada. “Con la educación en valores la escuela se vuelve un espacio primordial que forma personas conscientes, empáticas, solidarias y comprometidas con una sociedad más justa y equitativa”.

“El aula es un lugar privilegiado donde se pueden abordar los valores en lo cotidiano. Es fundamental incluirlos en las planificaciones, como se hace con todos los contenidos, para enseñarlos de forma sistemática y explícita. No es más trabajo ni una pérdida de tiempo, sino una oportunidad que beneficia a estudiantes, docentes, la comunidad educativa y las familias”, detalló.

De igual modo, explicó que el aula es un espacio privilegiado para trabajar los valores en lo cotidiano y que resulta fundamental incorporarlos en las planificaciones de manera sistemática y explícita, tal como se hace con otros contenidos. Cada docente, independientemente del nivel o área, tiene la responsabilidad de incluirlos en sus clases, en un proceso que no implica más trabajo ni pérdida de tiempo, sino una oportunidad que beneficia a los estudiantes, a los propios docentes, a la comunidad educativa y a las familias.

“La palabra tiene un rol fundamental, construye mundos. Puede herir o sanar, excluir o incluir. El docente tiene la oportunidad de enseñar a usarla con responsabilidad, para convivir, cuidar y construir una comunidad más armoniosa y segura”, afirmó.

En sintonía, la escritora añadió que acompañar a los estudiantes implica ofrecer alternativas para expresar lo que sienten, promoviendo la confianza, el pedido de ayuda y espacios donde el respeto y la empatía permitan transformar el conflicto en una instancia de crecimiento.

“Las familias son fundamentales en este proceso. Su presencia, su palabra y su ejemplo sostienen lo que la escuela siembra. Educar en valores es una tarea compartida que necesita coherencia, diálogo y compromiso”, subrayó.

Por último, frente a un escenario complejo y multifactorial, la especialista consideró que el cambio social requiere del compromiso de cada actor, entendiendo que cada acción individual aporta a la construcción de una convivencia más segura y basada en valores.

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