Territorio, monocultivo y derechos: los ejes de su intervención
Una misionera llevó la voz de las comunidades a la ONU
En un contexto global atravesado por debates sobre derechos humanos, territorio y medio ambiente, una joven de Misiones representó a su pueblo en uno de los espacios internacionales más relevantes. Yva Keila Zaya, integrante de la comunidad mbya guaraní Tekoa Arandu -ubicada en Pozo Azul-, participó de la 25ª sesión del Foro Permanente de las Naciones Unidas (ONU) para las Cuestiones Indígenas, que se desarrolló desde el 20 de abril en Nueva York. Su presencia no sólo implicó una experiencia personal, sino la posibilidad de visibilizar las problemáticas que atraviesan las comunidades indígenas de la provincia y del país.
Zaya tiene 18 años, su recorrido en la defensa de los derechos indígenas comenzó mucho antes. Según relató, su compromiso no nació en el ámbito escolar, sino en el seno de su comunidad, a través de la participación en espacios tradicionales de organización.
“De verdad que mi interés no empezó en la escuela, sino en una asamblea tradicional, cuando participé a los 12 años”, recordó. Aquella experiencia marcó un punto de inflexión en su vida: “Ahí conocí lo que significaba la organización colectiva para recuperar nuestros territorios. Ese fue un punto de partida”.
A partir de ese momento, su formación continuó tanto en la escuela como en instancias de capacitación junto a otros jóvenes. “Participé en capacitaciones jurídicas con otros jóvenes, y ahí fui profundizando el conocimiento de nuestros derechos como pueblos originarios y cómo defenderlos”, explicó en diálogo con El Territorio. Para ella, el motor de su compromiso siempre estuvo vinculado a la lucha territorial: “El objetivo siempre fue la lucha por los territorios”.
Con el paso del tiempo, Zaya se convirtió en una referente entre jóvenes de su comunidad, articulando saberes ancestrales con herramientas contemporáneas para la defensa de derechos.
Problemas urgentes
El Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas -dependiente de la Organización de las Naciones Unidas- fue uno de los principales ámbitos de diálogo entre pueblos indígenas, Estados y organismos internacionales. En su 25º período de sesiones, que se extendió hasta el 1 de mayo en la sede de la ONU en Nueva York, se abordaron temas centrales vinculados a la salud de los pueblos indígenas.
“El lema de este año es garantizar la salud de los pueblos indígenas, incluso en el contexto de los conflictos”, señaló Zaya. En ese sentido, explicó que la agenda estuvo profundamente ligada a las condiciones estructurales que afectaban a las comunidades: “Se trató, sobre todo, de los conflictos territoriales y la violencia estructural que afectan la salud integral de los pueblos indígenas”.
Esta mirada integral incluyó no sólo el acceso a servicios sanitarios, sino también factores determinantes como el acceso al agua, al monte, a la alimentación y a la salud mental. Es decir, una concepción de la salud que trascendió lo biomédico y se vinculó directamente con el territorio y las formas de vida.
La participación de Zaya en el foro tuvo un objetivo claro: visibilizar las problemáticas concretas que enfrentaban las comunidades indígenas en Argentina, particularmente en Misiones.
“Mi participación fue para llevar la voz de la comunidad de Puente Quemado II”, afirmó. En ese marco, uno de los temas centrales fue la falta de reconocimiento pleno de la propiedad comunitaria indígena. “Hablé sobre la falta de la titularización de la propiedad comunitaria indígena en toda la Argentina”, agregó.
Otro de los ejes de su exposición estuvo vinculado al impacto del modelo productivo en los territorios indígenas. “Conté cómo el avance del monocultivo afecta nuestra salud, nuestra cultura y nuestra vida cotidiana como pueblos indígenas”, explicó.
El señalamiento no fue menor: en provincias como Misiones, el avance de plantaciones forestales y otros monocultivos generó tensiones con comunidades que reclamaban la preservación de sus territorios ancestrales y de los ecosistemas que sostenían su forma de vida.
Una representación colectiva
Zaya no estuvo sola en este proceso. La acompañó la asesora legal Roxana Rivas, en un trabajo que articuló lo comunitario con el respaldo técnico necesario para intervenir en un ámbito internacional.
Sin embargo, la joven mbya guaraní insistió en que su participación trascendió lo individual. Su presencia en Nueva York representó a múltiples comunidades que enfrentan problemáticas similares y que buscan ser escuchadas en espacios de toma de decisión global.
En ese sentido, su intervención se inscribe en una larga tradición de lucha de los pueblos originarios por el reconocimiento de sus derechos, la protección de sus territorios y el respeto por sus formas de vida.
La historia de Yva Keila Zaya refleja un proceso más amplio: el surgimiento de nuevas generaciones de jóvenes indígenas que combinaron identidad, formación y compromiso político. Desde una asamblea tradicional en su comunidad hasta un foro internacional, su recorrido evidencia cómo las luchas locales pueden proyectarse en escenarios globales.
En un mundo donde las discusiones sobre ambiente y derechos humanos adquieren cada vez mayor relevancia, la voz de las comunidades indígenas aparece como un actor clave. Y en ese escenario, la participación de una joven misionera no sólo visibiliza problemáticas, sino que también interpela a los Estados y a la comunidad internacional sobre la urgencia de garantizar derechos históricamente postergados.