Padre Fabián Báez: “Francisco fue un tsunami en la Iglesia y en el mundo"
A un año de la partida del papa Francisco, el sacerdote posadeño Fabián Báez, cercano amigo del pontífice, recuerda con emoción el impacto del argentino que marcó la historia de la Iglesia. "Me marcó la vida personalmente, pero lo que se ve ahora es que marcó la vida de la Iglesia, la historia y millones de vidas con su mensaje inspirador", afirmó Báez.
En diálogo con Acá te lo Contamos por Radioactiva 100.7, entre otras cosas, el sacerdote destacó frases icónicas del sumo pontífice como "‘hagan lío’; ‘Iglesia en salida’, ‘Iglesia pobre para los pobres’", siguen resonando como un "tsunami" del Espíritu Santo.
El sacerdote, quien tuvo la gracia de conocerlo de cerca como arzobispo de Buenos Aires y amigo personal, celebró el acto llevado a cabo el fin de semana en la Plaza de Mayo en conmemoración a Papa Francisco. "Fue una fiesta de fe, con la plaza llena. Difícil decir cuánta gente, pero un clima de aplausos y celebración por todo lo que nos dejó”, manifestó y agregó “fue como un rosario, dos horas y media repitiendo 'Quiéranse, cuídense, Dios te quiere como sos'. Apareció la Virgen de Luján gigante, luces, música".
Esperanza en el legado argentino
Ante el panorama complicado, Báez ofrece esperanza desde el mensaje de Francisco, adaptado al "lenguaje coloquial porteño". "El arzobispo de Buenos Aires, García Cuerva dice que este fue el último viaje del papa a la Argentina: ahora depende de nosotros que se quede para siempre. Hay que vivir sus palabras en lo cotidiano: ir a las periferias, buscar al que sufre, ser Iglesia pobre", expresó.
Anécdotas de una amistad pícaro
Báez comparte recuerdos entrañables. En 2014, en la Plaza San Pedro, Francisco lo vio afuera del papamóvil, gritó "¿Qué hacés acá?" y lo hizo saltar la valla para subirlo. "Nos reíamos mucho; él me llamaba por teléfono solo para reírse". La última charla, en febrero de 2025, fue emotiva: "Lo vi mal en una catequesis, le escribí al secretario. Me llamó él, agitado por el Jubileo. 'Tomate vacaciones', le dije. 'La segunda mitad del año venite, me va a dar alegría verte', respondió. Dos días después lo internaron", contó.
"La ausencia es grande, se extraña su sonrisa. Pero la alegría de haberlo conocido es mucho mayor. No tiene precio para la vida de uno", concluyó Báez.