El filme se estrenó días atrás en cines y llega hoy a Netflix

“Quería una película que no juzgara, simplemente mostrar la humanidad”

‘El último gigante’, de Marcos Carnevale, con Oscar Martínez y Matías Mayer, se rodó en Puerto Iguazú y relata un reencuentro padre e hijo. Indaga en la redención, la culpa y la cercanía de la muerte sin ofrecer respuestas cerradas
miércoles 01 de abril de 2026 | 6:05hs.

Un hijo, un padre, un vínculo roto por la ausencia. El dolor profundo que se convierte en bronca del primero y la búsqueda desesperada del perdón en el ocaso de la vida del segundo cuando regresa casi 30 años después. El último gigante explora la complejidad de esta relación con honda humanidad y con personajes atravesados por la distancia y esa herida que no siempre se puede sanar, aunque en el afán de la redención se desnude el alma y el cuerpo queme.

El nuevo filme escrito y dirigido por Marcos Carnevale y con los protagónicos de Oscar Martínez en la piel de Julián y Matías Mayer como Boris, se sumerge en una posible pregunta: ¿Qué lugar puede tener el perdón cuando la muerte asoma como horizonte cercano? Hay otros interrogantes más que el espectador descubrirá (y se hará) a medida que transcurren los minutos, aunque la película no busca dar respuestas o formar juicios al respecto.

Íntima, sin golpes bajos y sin pretender “enseñar a como vivir”, El último gigante llega hoy a Netflix con proyección internacional, pero días antes tuvo su estreno en algunas salas de cine.

Una escena que muestra la tierra colorada al mundo desde la plataforma.  

 

Filmada en los imponentes escenarios y paisajes de las Cataratas y el Parque Nacional Iguazú, el elenco lo coronan Inés Estévez dándole vida a una sensible y al mismo tiempo pícara Leticia (madre de Boris) y Luis Luque, que encarna a Bebe, un personajón bohemio que tiene intervenciones imperdibles y funciona como voz de la conciencia. También podemos ver a Silvia Kutika, Yoyi Francella y Alexia Moyano.

En el marco de su desembarco en la plataforma de la N roja, El Territorio participó de la ronda de entrevistas a Carnevale y Martínez, que hablaron sobre el proceso creativo de la pieza audiovisual, el personaje, la elección de las Cataratas para el rodaje y lo que esperan que el espectador se lleve con él al verla.

Marcos, ¿cómo fue abordar esta historia desde la escritura primero y después en la dirección?

En mi caso, trato de filmar mucho material que voy viviendo y estoy viviendo, de alguna manera, no la historia de Boris y Julián, porque no tengo esa historia con mis hijos, pero sí soy papá, sí pienso en la muerte, sí pienso en el futuro de mis hijos.

Me interesaba mucho ese vínculo fundamental porque tengo montones de amigos y gente conocida que todo el tiempo tienen un pendiente más con el padre que con la madre, te diría, como que los padres dejamos más material para terapia que las madres. En las épocas anteriores, para Freud era la madre la estrella, pero ahora es como que los padres pasamos por ese lugar.

Para mí fue muy placentero escribirla, lo hice con mucha calma, me dejé zambullir por la problemática y por la historia, pensando siempre que mi amigo Oscar iba a ser el protagonista de esta historia. Entonces escribí una partitura para su instrumento, que es maravilloso, y me resultó, no te diría fácil, porque es muy profunda, muy compleja, pero íbamos teniendo como una suerte de interlocución y de feedback de parte de él, de lo que yo estaba escribiendo y a dónde quería llegar, con lo cual llegamos a un guión casi acabadísimo, en el que pudimos construir tanto para Julián como para Boris, para Leticia, para las demás personas, un traje a medida.

Es como que empecé a dirigir antes de ir al set, entonces resultó fácil eso, porque era una película muy difícil de actuar, muy desafiante, muy difícil de dirigir también, y que caminaba por un filito muy peligroso: o caíamos en el ultramelodrama o caíamos en la solemnidad de querer bajar línea de lo que es la vida, la muerte, la moral, y no queríamos nada de todo eso. Yo quería una película que no juzgara, que no emitiera juicio, que no te enseñara a vivir, que no evangelizara a nadie. Simplemente mostrar la humanidad y decir, es complejo vivir, somos todos imperfectos, seamos más compasivos y más cuidadosos.

Oscar, ¿cómo fue el proceso de darle vida a este padre con tanta complejidad y contradicciones?

En la pregunta mencionás dos cosas, la contradicción y la complejidad. Eso convierte a un personaje en algo sumamente atractivo para nosotros, precisamente las contradicciones y la complejidad, los conflictos consigo mismo, los conflictos en su relación con el mundo, en este caso nada menos que con un hijo le crean al personaje contradicciones y esa complejidad.

Ya cuando Marcos me contó la idea me pareció muy atractivo, y encima, para no espoilear -pero vos viste la película- en la situación extrema en la que se encuentra el personaje. Más allá de este conflicto, su situación existencial es muy extrema. Todo eso me parecía fascinante para actuar, justamente eso es lo que tiene un personaje cuando tiene carnadura, cuando uno puede hincar el diente.

Cuando un personaje es plano, no tiene demasiados conflictos, no tiene contradicciones, deja de ser creíble, porque todos estamos llenos de contradicciones. Sobre todo cuando se ha vivido lo que ya ha vivido Julián o yo, tenemos una mirada retrospectiva y ciertas cuentas pendientes, y ciertos juicios, opiniones sobre determinadas cosas de la vida, que uno si tuviera la posibilidad de volver a vivir, trataría de evitar.

Pero es inevitable que eso pase, inevitable. Se llega un momento, en el tercer acto -como lo llama Marcos-, de la vida, en el que la mirada que tenés sobre tu pasado, no tiene nada que ver con la nostalgia, tiene que ver con un repaso personal, íntimo de tu propia existencia y de qué es lo que te trajo hasta aquí, un balance y con cosas que te gustaría poder resolver o enfrentar en el caso de que hayan dejado, como en este caso, una herida tan grande, y además en un hijo.

Todo eso lo convierte en un personaje fantástico, es un gran personaje. Lo que me importaba era eso mismo, yo nunca juzgo a los personajes, así sea Ricardo III o Salieri, los villanos no se autoconciben como villanos. Independientemente, de que no creo que este hombre se considere un villano, ni lo sea. Traté, por supuesto, como en todos los personajes que hago, de encarnarlo y, por lo tanto, ser él mismo.

M: Además hizo algo maravilloso que, en general, los actores no suelen hacer; porque frente a la estructura que tiene el personaje, a la historia que trae el personaje, cualquier actor lo hubiera juzgado y hubiera tratado de alivianarlo, hubiera tratado de revivirlo antes de interpretarlo. Vos no lo juzgaste.

O: No lo hago con ningún personaje. Lo que me importaba era este hombre que está en carne viva, este hombre que va a afrontar quizá las dos situaciones más difíciles de toda su existencia, que son la de su hijo y la del final de su vida. Que viéramos que está con un grado de vulnerabilidad, que no tiene sólo que ver con su estado físico, sino que tiene que ver con su propia vulnerabilidad espiritual, emocional.

Me importaba mucho que se viera eso, primero porque es mi trabajo, pero aparte, en una película de este tipo, para que la gente no emita un juicio que lo descalifique, porque eso lo alejaría de ver la historia tal como es. Me importaba que viera un tipo que está ahí con el alma en la mano, con esa historia, con la culpa, con las macanas que se mandó y que no lo juzgasen.

Marcos, la elección de filmar en Misiones, particularmente en las Cataratas del Iguazú, ¿ya lo fue pensando a medida que se escribía el guión, lo iba evaluando o fue una elección posterior?

Fue una elección a priori, apenas empecé a escribir el guión, ya sabía cuál era el escenario, el contexto donde yo iba a insertar esta historia. Estaba buscando justamente un escenario opuesto a la propuesta que traía la historia, que es una historia intimista, una historia muy de primeros planos en contraposición de un paisaje que te exige abrir el plano por completo y que juega con la idea del gigante.

Es decir, quería que la metáfora del gigante estuviera puesta en el escenario donde ocurre esta historia, que no dejó de ser un riesgo también para mí como director, en el sentido de que si vas a contar una historia tan íntima, tan de plano corto, abrir el plano a veces es un riesgo. Esto es una mirada muy artística, lo que te estoy diciendo, pero que podría perderse, es como poner algo chiquitito en un ámbito muy grande y quitar la importancia a lo que tiene importancia, que era el vínculo de estos dos personajes.

Fue una experiencia alucinante estar ahí, porque lo que produce es que te subyuga estar al lado de las Cataratas y la historia lo que tiene es un sentimiento casi insoportable, una emocionalidad muy alta de estos dos apremiados por el tiempo en el que tienen que resolver un montón de años de ausencia y un final que se aproxima. Es una historia trágica y romántica al mismo tiempo.

¿Qué esperan ustedes que el espectador se lleve o se quede una vez que mire y termine la película?

M: Me gustaría que lo interpele, quiero que le haga la pregunta a la película, una pregunta que estoy seguro ya se hizo al espectador, y que la película te la pone en manifiesto ahí para que vos puedas hablar del tema.

Me parece que es un tema que los humanos necesitamos hablar, decir con nuestros cercanos, hablar de ese momento, porque creo que íntimamente todos tenemos una opinión al respecto que a veces no condice con los mandatos y con la estructura sociocultural en la que estamos insertados.

O: Un poco lo mismo, yo lo que aspiro y creo que va a ocurrir, en primer lugar es que la experiencia de ver la película es una experiencia emocional, no es una experiencia racional o intelectual, pero que queden preguntas propias de los espectadores en relación a los temas centrales que tiene la película, que son la posibilidad o no de redención después de una experiencia tan fallida como la de este padre y ese hijo, y la relacionada con el tema de acortar la agonía.

Creo que son preguntas universales, es como imposible que después de ver la película, si estás con alguien no hables de ese tema y que lo lleves a la almohada con vos.

M: Para empezar todos somos hijos, no todos son padres, pero todos somos hijos, es inevitable que te interpelen. Y el tema de la muerte, no hay un tema más popular, todos somos mortales. 

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