El inicio escolar genera impacto emocional en los estudiantes

“Es clave valorar el esfuerzo y el proceso de aprendizaje”

La psicóloga Nahir Brítez explicó que el acompañamiento a este proceso requiere organizar rutinas, validar emociones y fijar metas reales para adaptarse al ciclo.
miércoles 25 de marzo de 2026 | 9:00hs.

Con el inicio del ciclo lectivo, estudiantes de nivel primario y secundario ya retomaron la rutina escolar, mientras que en el ámbito universitario el regreso se da de forma progresiva. En este contexto, atravesado por cambios en la organización del tiempo, nuevas exigencias y expectativas, aparecen situaciones vinculadas a la adaptación, la presión por el rendimiento y la frustración académica, que pueden impactar en el bienestar de los estudiantes y en su desarrollo cotidiano.

“El inicio de clases genera ansiedad y presión porque implica pasar de una rutina más flexible a otra con horarios, tareas y mayores exigencias. Aparece la incertidumbre frente a lo nuevo, a un nuevo curso y a nuevos aprendizajes, junto con la presión por el rendimiento. Por eso es importante sostener el diálogo con las familias y que haya un ida y vuelta para comprender cómo se sienten. También es clave incluir a los estudiantes en la organización de sus actividades”, señaló la psicóloga Nahir Brítez (MP 1479).

A su vez explicó que estas manifestaciones son esperables frente a lo nuevo, ya que implican un proceso de adaptación que atraviesan la mayoría de los estudiantes. En ese marco, señaló que también influyen factores como el reencuentro con compañeros o la resolución de conflictos previos, lo que puede intensificar esas emociones. No obstante, indicó que, a medida que avanza la adaptación al entorno escolar, ese malestar tiende a disminuir y a ser reemplazado por una sensación de mayor bienestar.

“Las expectativas poco realistas al inicio del ciclo lectivo pueden generar frustración y miedo al fracaso cuando no se cumplen. Muchas veces se plantean objetivos ideales que no se sostienen en el tiempo, lo que aumenta la tensión y el malestar. Por eso es importante flexibilizar la autoexigencia y plantear metas reales y alcanzables. También es necesario organizar los tiempos familiares y personales, entendiendo que no todo va a salir perfecto y que pueden surgir errores”, puntualizó.

En ese marco, es necesario asumir que los objetivos pueden no cumplirse tal como se planifican, ya que intervienen factores externos que escapan al control. Por ello la importancia de plantear metas acordes al tiempo disponible, la organización cotidiana y las rutinas familiares. También que tanto adultos como estudiantes puedan reconocer sus estados emocionales, como el cansancio o el estrés, para repensar sus objetivos. De esta manera, es posible reformular las metas y sostener la motivación, aun cuando no se alcancen de la forma ideal.

“La frustración académica es una de las causas más frecuentes de malestar en niños y adolescentes y no sólo se relaciona con el rendimiento, sino que también afecta la motivación, las emociones, la autoestima y los vínculos. Puede manifestarse en baja confianza, abandono de tareas ante el primer obstáculo, miedo a fracasar, llanto o negativa a intentar nuevas actividades. A esto se suma la autoexigencia, la autocrítica y pensamientos negativos sobre uno mismo, que llevan a evitar desafíos y a construir una imagen personal desfavorable”.

Organización

Asimismo la psicóloga detalló que una de las estrategias es la planificación semanal con listas de tareas organizadas por prioridad, con distribución del tiempo entre estudio, descanso y recreación. También mencionó el uso de herramientas como la toma de apuntes, la escritura y los esquemas para comprender los contenidos. Además, el estudio con otros como forma de reforzar el aprendizaje, compartir conocimientos y sostener la motivación.

“Cuando no se logran los objetivos, es importante revisarlos, identificar si son realistas y resignificarlos para poder reformularlos de una manera más alcanzable y compasiva. También es clave valorar el esfuerzo y el proceso de aprendizaje, no sólo el resultado final. Reconocer el tiempo y la energía que se invierte, y aceptar cómo uno se siente, ya sea cansancio, estrés o enojo, permite repensar las metas y sostenerlas de una forma más saludable”, destacó.

En ese sentido, aparece la necesidad de preguntarse qué hacer frente al malestar y qué modificar cuando algo no resulta como se esperaba, a partir de la búsqueda de alternativas, la adaptación y la flexibilidad ante los propios límites como herramientas para atravesar los desafíos con menor carga emocional. También es importante la incorporación de actividad física, ejercicios de respiración y relajación para disminuir la tensión.

“El rol de las familias es clave para acompañar, validar emociones y ayudar a organizarse, sin minimizar lo que sienten los niños pero manteniendo límites. Escuchar, poner en palabras lo que les pasa y brindar contención favorece la autorregulación y les permite retomar las actividades de manera más saludable”.

De igual manera Brítez recomendó priorizar el buen descanso y los espacios de disfrute como parte del cuidado diario. “Es importante trabajar las habilidades sociales, como escuchar, comunicarse y pedir ayuda, para mejorar los vínculos. A la vez, las actividades artísticas y la escritura permiten expresar emociones y transformar el malestar. En casos de sobreexigencia o pensamientos negativos, es clave poder hablarlo, cuestionarlos y, si es necesario, pedir ayuda profesional”, cerró. 

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