Blanca Gómez, la chapista que transformó la adversidad en un oficio

Hoy tiene 54 años, dirige su propio taller de chapa y pintura y es reconocida por el trabajo que realiza en un rubro donde históricamente predominan los hombres.
domingo 08 de marzo de 2026 | 14:31hs.

La historia de Blanca Gómez es la de una mujer que supo transformar una situación difícil en una oportunidad para reinventarse. Hoy tiene 54 años, dirige su propio taller de chapa y pintura y es reconocida por el trabajo que realiza en un rubro donde históricamente predominan los hombres.

Sin embargo, su camino hacia ese oficio comenzó hace más de dos décadas, en un contexto complejo. En aquel momento vivía en Alem, donde trabajaba junto a su familia en la producción yerbatera y tabacalera.

“Yo empecé este rubro por la enfermedad de mi hija. En ese tiempo vivíamos en Alem y éramos yerbateros y tabacaleros”, recordó. La situación la obligó a buscar otra forma de sostener su hogar. Estaba sola, con seis hijos y además con dos hermanos a su cargo.

Fue así como en 2005 decidió incursionar en el mundo de los autos. Al principio, su experiencia estaba vinculada a la mecánica. “Yo no era chapista en ese entonces, era mecánica. Trabajaba con motores, tren delantero, todo lo que tiene que ver con la parte mecánica”, contó.

Con el tiempo sintió la necesidad de aprender más y ampliar sus conocimientos dentro del taller. Así empezó a incorporar nuevas habilidades que terminarían marcando su camino.

“Le pedí a un amigo que me enseñe la parte de pintura. Después también quise aprender a soldar. A un compañero le pedí que me enseñe porque a veces dependía de que alguien viniera a soldar una chapita y yo quería poder hacerlo sola”, explicó.

Ese proceso de aprendizaje fue clave para consolidarse en el rubro. Con esfuerzo y constancia, su trabajo comenzó a ser reconocido y el taller fue creciendo con el paso de los años.

Hoy Blanca trabaja junto a otras personas en su taller, donde cada día recibe a clientes que llegan recomendados por la calidad de su trabajo. “Acá somos tres los que trabajamos, pero muchas veces preguntan directamente por la mujer. Dicen que somos más detallistas”, comentó entre risas.

A lo largo de estos años, el oficio también se convirtió en una herramienta para ayudar a otros. Con el tiempo comenzó a organizar cursos para quienes quieran aprender las bases de la chapa y pintura.

“Todos los años damos cursos para unas diez mujeres. La municipalidad nos ayuda con los insumos y después se les entrega un diploma cuando terminan”, relató. Para este año, además, proyecta ampliar la propuesta y abrirla a más participantes. “Vamos a hacerlo mixto, para hombres y mujeres. La idea es enseñar a soldar y trabajar con autos chocados para aprender a enderezar la chapa”.

Su compromiso también se extiende al trabajo social. En el barrio Itaembé Guazú participa en un comedor y merendero donde, cada semana, preparan comida y merienda para cientos de chicos.

“Los miércoles hacemos comida y merienda para unos 485 chicos. Para mí también es un orgullo poder ayudar”, contó.

Mientras continúa trabajando en su taller y formando a nuevos aprendices, Blanca mantiene intacta la convicción que la llevó a iniciarse en este camino: aprender, trabajar y seguir creciendo.

 

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