Migraron hacia el país en 2017

“Estamos con expectativa porque este es el comienzo, no el fin”

La mirada de una madre e hija venezolanas en Misiones sobre lo que vive su patria tras la salida de Maduro. “Soñamos con una Venezuela libre”, dijeron
miércoles 14 de enero de 2026 | 6:05hs.
María Gabriela y su hija Vanesa residen en Argentina hace nueve años.  Foto: C.Lasso
María Gabriela y su hija Vanesa residen en Argentina hace nueve años. Foto: C.Lasso

Los ojos del mundo están sobre Venezuela desde hace más de una semana. Más precisamente desde el 3 de enero cuando Nicolás Maduro fue abruptamente sacado del poder por parte de los Estados Unidos, tras ataques a sitios estratégicos de ese país sudamericano.

Para los venezolanos que se vieron obligados a migrar (y miles todavía dentro del país) la caída del hombre fuerte de la nación caribeña representa vientos de cambio, la posibilidad de que mejoren las condiciones socioeconómicas tras años de una dura crisis y en muchos casos se ilusionan con la vuelta.

Lo cierto es que la diáspora venezolana en Misiones, que supera las 500 personas, ve lo que pasa en su tierra de origen con cierta esperanza. Aseguran que el ataque de los Estados Unidos era la última posibilidad de ver a su tierra libre ya que -sostienen- agotaron todas las instancias que da el derecho internacional para que se respeten las garantías y se reconozca a Edmundo González Urrutia como legítimo ganador de las últimas elecciones.

“Estamos con mucha expectativa porque este es el comienzo, no es el fin”, aseguró sin dudar María Gabriela Laurenat, venezolana que reside en Misiones y llegó al país hace una década.

“Es un proceso que ya venimos viviendo hace muchos años y lo que sucedió realmente para nosotros fue impactante porque no lo esperábamos, ya habíamos perdido las esperanzas, como yo digo, es el primer capítulo de la última temporada”, graficó la mujer a El Territorio. Sin embargo, muchos dudan sobre un verdadero cambio ya que la mayor parte del gabinete de Maduro sigue en el poder, al respecto, reflexionó: “Para que no exista ese vacío legal tiene que continuar la persona que está encargada como vicepresidenta, pero creo que eso va a ser momentáneo para que próximamente -con garantías constitucionales- se puedan hacer unas elecciones libres donde se respete el voto de la persona, donde de verdad se respete lo que la gente quiere, que quiere un cambio porque ya son muchos años de mucho dolor, de separaciones y de muchas cosas que a nosotros nos todavía nos sigue afectando”.

Pese a ello, hubo en los últimos días protestas a favor de Maduro y en pedido de su liberación, algo que desde la distancia puede ser llamativo. Pero Vanesa Gómez Laurenat, hija de María Gabriela, destacó: “En Venezuela no se puede hablar, las únicas personas que actualmente uno puede observar en las calles protestando en contra de lo que está haciendo Estados Unidos son los propios chavistas, que son las únicas personas protegidas por el gobierno”.

Migrar, una experiencia dura

Si bien migrar nunca es fácil, la experiencia se vuelve más dura cuando la salida no responde a un proyecto personal, sino que está prácticamente impuesta por un contexto político y económico adverso, donde la falta de oportunidades, la inestabilidad y la incertidumbre empujan a miles de personas a buscar refugio en otros países. Casi una estrategia de supervivencia frente a realidades que ya no permiten proyectar un futuro digno. Así, la familia de María Gabriela se desmembró. Un hermano en España, otra en Miami y ella con sus hijos y esposo acá. Sólo su padre quedó en Venezuela.

“Cuando yo cuento que hacíamos cola para comprar 1 kilo de harina, eran colas interminables que la gente dormía el día anterior para poder comprar. Te ponían un sello para saber el día que te tocaba, no había medicinas ni pasta de dientes… a la gente le cuesta creer que eso pase”, trajo al relato y recordó lo que le dijo su hermano antes de migrar. “‘Mari, esto va a pasar a grave’ y yo le decía ‘no puede ser, porque esto es un país próspero con demasiados recursos’. Y fue pasando poquito a poquito”, plasmó.

De esta forma, la situación se volvió insostenible en 2017 y el estilo de vida de clase media que tenían se desmoronó. “Tenemos que irnos”, le dijo su esposo, un prestigioso músico de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, la más importante de Venezuela y similar a la del Teatro Colón de Buenos Aires. Ese prestigio le había permitido conocer a personas de todo el mundo, a las que vía mail pidió ayuda. “Del único lugar que nos respondieron fue de Argentina, nos abrieron las puertas como nadie y eso lo vamos a agradecer eternamente”, reflejó.

Se fueron casi con lo puesto. Sin mucho barullo y fingiendo un viaje de vacaciones a Colombia. “Te pueden retener si se enteran que estamos migrando definitivamente”, aclaran. Vendieron todo, incluso el auto, y sólo conservaron el departamento en el que vivían.

“Se iban primero los hombres, como para buscar qué iban a hacer, y después el resto de la familia. Nosotros emigramos por partes, primero vino mi esposo en julio, él llegó directo a Chascomús, Buenos Aires. Después en septiembre lo invitan a un festival de música acá y le ofrecen trabajo y nosotros llegamos en diciembre a Posadas”, cuenta y se le llenan los ojos de lágrimas al recordar la ayuda que les dio Marilé Vendrell y Miguel Brizuela, de los Grillitos Sinfónicos. “Nos abrieron las puertas de su casa para que vivamos un año”, dijo y “fueron para nosotros la base fundamental de que estemos acá. Ellos consiguieron el colegio de los niños, consiguieron trabajo para mi marido”. 

 

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