“Le pidieron que baje la velocidad, que había un badén, o se iban a matar”

Los padres de Lucas Amarilla, fallecido en Navidad en un despiste de auto, se constituyeron como querellantes. El conductor no tendría licencia para manejar.
miércoles 07 de enero de 2026 | 5:00hs.
Lucas viajaba en el asiento trasero cuando despistaron. Foto: Eldonews
Lucas viajaba en el asiento trasero cuando despistaron. Foto: Eldonews

Lo que comenzó como un festejo de Navidad terminó en un retrato fatal. En la tarde del 25 de diciembre en Eldorado, siete jóvenes despistaron a bordo de un Renault Sandero, hasta chocar contra un cerco perimetral y una vivienda en el kilómetro 8.

La brusquedad del golpe le valió la vida a Lucas Amarilla (18), uno de los que viajaba como acompañante en el asiento trasero -detrás del conductor- y quien falleció en el acto, consecuencia de las graves lesiones. A casi dos semanas de aquello, El Territorio pudo confirmar que sus padres, Andrea Ayala y Marcelo Amarilla, se constituyeron como querellantes mediante la representación legal de los abogados Juan José Selva Andrade y Florencia Baldiria Selva Andrade, en una causa aún en ciernes pero que ya se investiga como homicidio culposo en accidente de tránsito.

Como ya informó este medio, el siniestro fatal ocurrió cerca de las 18.30 de aquel jueves de Navidad, en la intersección de las calles Aparicio Almeida y Yabebirí del KM 8. Allí, G. A., un chico de 16 años al mando del auto, perdió el control, atravesó un cerco perimetral y se incrustó contra la pared de mampostería de una casa.

El pasado martes, familia y amigos despidieron las cenizas de Lucas.
Foto: gentileza

 

Desde ese día, la familia de Lucas reclama respuestas y sostiene que lo ocurrido no fue una simple fatalidad, sino consecuencia de una maniobra que, desde la querella, calificaron como “antirreglamentaria”. “Mi hijo pidió que bajara la velocidad, los chicos del auto  declararon que todos le pedían por favor que baje la velocidad”, recordó Andrea, madre de Amarilla, a este matutino.

Con la presentación formal, ahora la familia puede intervenir activamente y proponer medidas de prueba. En esa línea, una de las primeras pericias solicitadas al Juzgado Correccional y de Menores Uno de Eldorado fue un informe accidentológico completo para determinar a qué velocidad circulaban y las condiciones del entorno, entre otros aspectos relevantes para reconstruir cómo ocurrió el despiste que terminó en tragedia.

Exceso de velocidad

En paralelo, también se requirió a la jueza Marisa Aquino que se inicie la ronda de testimoniales para que los ocupantes del rodado puedan tener su oportunidad de declarar y contar lo sucedido esa tarde. Según señaló Andrea, el grupo se conocía por tener amigos en común, aunque cursaban en escuelas diferentes.

“Mi hijo murió a causa de su estúpida curiosidad”, se lamentó la madre al referirse a las presuntas maniobras negligentes que acabaron con la vida de Lucas. Según reconstruyó, “el conductor quería probar cuánto levantaba su auto en la calle Korner (de Eldorado), con siete chicos adentro. Iba a 160 kilómetros por hora y los seis chicos le gritaban que baje la velocidad, que llegaba el badén y se iban a matar. A él no le importó la súplica de los chicos y pasó el badén, el auto obviamente se fue y puso freno de mano: dio cinco vuelcos e impactó contra una casa”.

En esa línea, Ayala lamentó que ni el joven conductor ni sus padres se acercaron a extender sus condolencias, y apuntó a la posible responsabilidad de los tutores de G. A. “Los padres le dieron el auto, sin ni siquiera enseñarle que lo último que se debe hacer en estos casos es poner freno. Un chico sin límites ni educación: los tres son culpables de la muerte de mi hijo”, acusó en medio del duelo.

De acuerdo a los primeros informes policiales, el adolescente que conducía el auto -propiedad de su padre- no contaba con licencia de conducir.

La querella del caso señaló que la maniobra que derivó en el despiste se habría producido en un contexto de conducción antirreglamentaria. Solicitaron que los peritos analicen las huellas de frenado, la mecánica del impacto y el estado general del rodado para reconstruir la secuencia completa.

Además, plantearon una mirada crítica sobre el entorno en el que se movía el adolescente imputado. Acusaron que el menor actuó y maniobró como lo hizo, por estar en un marco “tolerado” y sin límites suficientes de parte de sus tutores.

Actitud violenta

Sobre los días siguientes al siniestro, Ayala relató que “el sábado después del accidente, fui a la casa de Graciela, la señora damnificada por el impacto del auto. Fui a solidarizarme y a ofrecer mi ayuda, en nombre de Lucas y de mi familia”.

Según confió, esperaba que la actitud de la familia implicada fuera similar, aunque lejos estuvo de serlo. Andrea agregó que la vecina, cuya casa fue dañada por el choque, “al requerir el arreglo de su casa, la madre de G. A. actuó de manera violenta”. Incluso “al recordarle que mi hijo murió ahí, ella dijo que ese no era su problema, que mi hijo decidió subir y que para qué lo hizo”.

Andrea reprochó “siendo madre (tener) esa actitud”. “Su hijo mató al mío, pero podría haber matado a seis chicos. Una familia que estaba en su casa y se salvaron de milagro, un niño jugando en el lugar. Incluso pudo matarse él mismo”, lamentó.

El joven permaneció por unos días en el Centro Modelo de Asistencia y Seguimiento de Niños, Niñas y Adolescentes (Cemoas) de la Capital del Trabajo. Luego, su abogado defensor elevó un recurso para entregar al menor a sus padres de manera urgente, pedido que le fue aceptado y actualmente el chico permanece en su casa, con asistencia psicológica. 

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