Fiestas de Fin de Año: "La culpa engorda más que la comida"
Las fiestas de fin de año suelen dejar una escena repetida en muchos hogares: mesas colmadas, platos variados y, al día siguiente, una sensación que mezcla pesadez física con reproches internos.
“Comimos un montón, todavía nos sentimos llenos, sobró comida en la heladera y, además, aparece la culpa”, fue el planteo que se le hizo a la licenciada en Nutrición Catherine Martínez en diálogo con el programa Acá te lo Contamos por Radioactiva. A partir de allí, el interrogante fue claro: ¿la culpa engorda más que lo que comemos?
Según explicó la especialista, durante celebraciones como Navidad y Año Nuevo intervienen no solo los alimentos, sino también las emociones. “En ese momento uno suele segregar distintas hormonas, como la dopamina, que es la hormona de la felicidad. Estamos contentos, emocionados, compartiendo, y eso también hace que uno ingiera más alimentos de lo normal”, señaló.
Martínez remarcó que las costumbres familiares influyen en el tipo y la cantidad de comida. “Hay familias que optan por comidas frías, como vitel toné, pernil o sandwichitos, y otras donde el asado no se saltea nunca. Eso depende mucho de cada familia y de sus tradiciones”, explicó.
Uno de los puntos centrales del debate fue el hábito de “guardarse” para la noche. “Hay gente que suprime la merienda o come poco durante el día para llegar con hambre a la cena, y eso es lo que realmente está mal. Ahí es donde se producen los atracones”, advirtió. En ese sentido, recomendó mantener todas las comidas del día: “Lo ideal es comer a horario y no llegar con tanta hambre a la noche, así no nos devoramos todo”.
Desde el plano físico, la nutricionista reconoció que los excesos tienen consecuencias. “En un atracón duplicamos las calorías que solemos consumir y eso hace que después nos sintamos pesados, hinchados y muy llenos”, indicó. Sin embargo, aclaró que no se trata de castigos posteriores. “No sirve salir a correr toda la ciudad, tomar litros de agua de golpe o matarse en el gimnasio. Siempre hay que buscar un equilibrio”, sostuvo.
En cuanto a cómo retomar el orden después de una comida copiosa, aconsejó optar por platos equilibrados: “Un buen plato de comida con todos los macronutrientes, más ensaladas con fibra que den saciedad. Las comidas muy pesadas, como el vitel toné, pueden caer mal, por eso conviene servirse porciones justas, no más de un cuarto del plato”.
Pero el eje más fuerte del intercambio estuvo puesto en lo mental. Para Martínez, la culpa es un factor negativo. “Hay que disfrutar el momento. La Navidad y el Año Nuevo son encuentros sociales, familiares, y no hay que culpabilizarse por la comida. La culpa no hace bien”, afirmó. Y agregó: “La comida también es disfrute, y no hay que dejar que eso genere un pesar después”.
Incluso el consumo de alcohol fue abordado desde una mirada moderada. “Sabemos que el alcohol tiene kilocalorías, pero no hay que privarse. Una copa de champagne o de vino en el brindis, tomada de manera controlada, no debería generar culpa. Lo importante es disfrutar el compartir”, expresó.
Pensando en el después de las fiestas y en los clásicos propósitos de Año Nuevo, la nutricionista dejó un mensaje claro: no hay un día mágico para empezar. “No existe un día específico para cambiar hábitos. No hace falta esperar al lunes o al 1° de enero. Podés empezar cualquier día”, remarcó. Y concluyó: “El cambio de hábitos es progresivo. Ponerse metas pequeñas, como dejar la gaseosa por dos o tres semanas, ya es un gran paso”.