Caso Espíndola: contraste entre la escena del crimen y un Rodríguez despreocupado tomando cerveza

Hoy fue el segundo día de juicio por el crimen ocurrido el 8 de abril de 2023 en Santo Tomé, que tiene como acusados al misionero Enzo Iván Rodríguez (25), quien fue atrapado en Oberá, el 17 de junio del mismo año, y a Carlos Javier Melgar (55), como cómplice y encubridor
jueves 04 de julio de 2024 | 17:17hs.

Este jueves fue la segunda jornada de debate oral por el crimen del profesor y bibliotecario santotomeño Julio Espíndola, y los acusados son el misionero Enzo Iván Rodríguez (25) y Carlos Javier Melgar (55). El juicio se lleva adelante en el Tribunal Oral Penal de Santo Tomé, compuesto por los magistrados Francisco Ramos, DAlejandra Petrucci y Rodrigo López Lecube.

En esta jornada declararon los profesionales que se abocaron a la causa desde el primer momento: Nelson Sánchez Araujo, oficial auxiliar de la Comisaría Segunda, que dio inicio a la investigación; Francisco Julián Chaparro, perito criminalístico del equipo interdisciplinario del Poder Judicial de Santo Tomé; Julián Rodríguez, médico de la Policía; y el doctor Santiago García Hornung, médico forense de Santo Tomé.

Según relató el querellante, dr. Pablo Ordenavía, la segunda jornada de juicio oral fue fuerte visualmente, ya que se expusieron imágenes de cómo fue encontrado Julio Espíndola y del posterior examen cadavérico, además del estado de la vivienda al momento del fatídico hallazgo.

El doctor Rodríguez, quien hizo el examen cadavérico, constató que Espíndola tenía en total 8 golpes en la cabeza, de los cuales 3 eran contuso-penetrante, es decir perforaban el cerebro. “También presentaba una ruptura del tabique nasal, tenía un corte en la mejilla del lado izquierdo, desde el ojo hasta el bigote, y que tenía una toalla metida por la boca hasta la laringe, hasta la mitad del cuello. Él (Rodríguez) cree que en el momento que le puso la toalla todavía estaba con vida (Espíndola)”, relató a El Territorio el querellante.

El lic. Chaparro, licenciado en criminalística y perito, ilustró la secuencia de los hechos con fotos. Fue la primera persona que entró en la casa, después de la señora que lo encontró, junto con la policía. “Él hizo una secuencia fotográfica de cómo encontró el lugar. Entra en un comedor, que se ingresa por el costado de la vivienda, encuentra una mesa con tres sillas, un plato con comida dentro del plato, dos vasos, y justo debajo de esa silla, del lado del plato, hay un manchón de sangre. También hay salpicaduras de sangre en la pared pegado a la misma silla, porque la mesa estaba pegada a la pared, es decir, del lado opuesto a la puerta de ingreso a la casa”, relató Ordenavía.

Prosiguió contando que también la silla estaba manchada de sangre, y la mesa tenía manchas de sangre. “Y arriba de la mesa encuentra lo que él considera el arma homicida. Él lo describe como un tirafondo (de tren), es como un tornillo largo con una cabeza pesada, que es el tirafondo que teóricamente atornilla la vía al durmiente”. Según Chaparro, esa arma tenía manchas de sangre y pelos, estaba en la mesa al lado del plato de comida al ingresar a la vivienda.

Haciendo la reconstrucción, afirmó que “se nota que el primer golpe se lo dio cuando Espíndola estaba sentado en la silla, seguramente comiendo. Y un segundo golpe también. Y eso explica las manchas de salpicadura de la pared, que seguramente se dan cuando él levanta el arma homicida tras el primer golpe para dar el segundo, y esparce gotas de sangre a la pared en forma de cruz”.

Aparentemente, cuando Espíndola estaba comiendo Rodríguez aprovechó ese momento y le dio el primer golpe, y a continuación da el segundo golpe. Ahí seguramente la víctima se desvanece y cae al piso, y cae el anteojos que fue encontrado en el piso.

“DespueÅ› seguramente Espíndola reacciona, se va al baño, y ahí hay marcas de sangre desde el marco, el piso, las paredes y hasta el techo. Hay manchas de sangre con cuero cabelludo hasta la altura de 1.10 metros”, grafica Ordenavía a este medio.

Dentro de ese cubículo encuentra el inodoro sacado de lugar, caído, al igual que el lavatorio. Y manchas de sangre de manos en la pared, al ras del piso, como que Espíndola al ser atacado intentaba incorporarse y no podía. “Todas las demás marcas, hasta el techo, son salpicaduras. Como que el homicida martillaba, y cada vez levantaba (el arma) salpicaba por todos lados. Eso originó semejante escena de crimen. Y cuando la comitiva policial y Chaparro llegaron tenía la toalla puesta, seguramente para silenciarlo, como que (Espíndola) hubiese querido gritar”, relató Ordenavía.

“La gran mayoría de las lesiones que tiene se las hizo adentro del baño, y donde se produjo finalmente su muerte”, añadió.

El impato de la escena

El querellante dijo que la jornada de juicio oral de hoy, visualmente, fue impactante. “La escena tan ensangrentada, la cabeza de Julio con las heridas, las fotos que sacó el médico forense, el cráneo abierto, con heridas de hasta 10 cm. Ver todo lo que pasó ahí en su casa, constrastado con el video de la terminal, donde Rodríguez llega con la ropa de Espíndola, la zapatilla, el maletín de Espíndola. Justo le toma una cámara, llega en la moto de Julio, estaciona el sábado a las 22.30 (el deceso se habría producido antes de las 22), baja y se compra una cerveza en el kiosco del frente de la terminal. Se sienta sobre el casco, y escribe por celular unos 30 minutos. Ya tenía el bulto, que aparentemente era la tv del fallecido. Se lo ve sonriente, como si le hubiese pasado algo bueno”, contó el abogado.

Siguiendo la secuencia fílmica, a las 23.30 se encuentra con Carlos Melgar en la terminal, charlan. Luego Melgar busca su camioneta, y juntos se van a la casa de Julio. Una cámara los toman mientras cargan las cosas en la casa de Julio, y vuelven juntos a la Terminal. Ya allí, Melgar le ayuda a Rodríguez a bajar las cosas, cargan al colectivo y Rodríguez se va.

Además, durante la segunda jornada de juicio oral declaró la psicóloga forense Candela Caravajal, quien contó la historia traumática del acusado Rodríguez, como prueba de la defensa. Habló de su padre alcohólico, que que fue víctima de abuso a los 13 años, y de que una novia que tuvo se suicidó.

Se espera que en la tercera jornada, que se llevará a cabo este viernes 5 de julio en el TOP de Santo Tomé, la defensa del acusado plantee que Rodríguez actuó bajo emoción violenta.

La querella y la Fiscalía pedirán reclusión perpetua para el misionero Enzo Iván Rodriguez (25), que implica aproximadamente 35 años de prisión. Y a Carlos Javier Melgar (55), a quien se lo acusa del delito de encubrimiento, le puede caber la pena máxima de tres años de prisión.

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