Pinceladas de historia

El vagabundaje como origen de mitos populares correntinos

domingo 30 de junio de 2024 | 6:00hs.

El sur de las Misiones de guaraníes fue ocupado por el gobierno de Corrientes a partir de 1830, como consecuencia del despoblamiento del territorio ocurrido con posterioridad a las guerras artiguistas. Para legalizar la ocupación de un territorio que no les pertenecía, el gobernador de Corrientes, Pedro Ferré, dictó en 1830 la ley de enfiteusis o arriendo de propiedades. La enfiteusis no implicaba la adquisición de la tierra fiscal porque el Estado otorgaba sólo el dominio útil, la explotación, pero se reservaba el derecho directo. De cualquier modo, en la práctica, la duración del contrato garantizaba una posesión estable por un tiempo duradero, que en la mayoría de los casos fue definitivo. El área cercana al Iberá, que también pertenecía a las Misiones de guaraníes, donde se fundaron los pueblos de San Miguel y Loreto, estaba ocupada por estancieros correntinos a través de este sistema enfitéutico. Imposibilitadas entonces del acceso a la tierra, las familias de guaraní-misioneros que migraron hacia aquellos campos, que en realidad constituían una vieja estancia jesuítica, Curupayti, debieron apelar a la sumisión al esquema reinante como estrategia de adaptación. Las formas de relación laboral con los hacendados criollos ya residentes fueron muchas y variadas. Estas formas podían darse desde una ligazón permanente, a la función de “poblador” u ocupante transitorio, arrendatario, etcétera. En este contexto, hubo quienes optaron por evitar la coacción y vivir en libertad. Pero corrieron el riesgo de ser perseguidos por “vagos y malentretenidos”, (como figura en los archivos históricos) por no poseer oficio determinado. Varias leyes represivas a esta conducta fueron implementadas por el gobierno correntino a partir de 1830. La más violenta fue la obligación que el Estado provincial impuso a los pobladores rurales de poseer una boleta de conchabo (contrato laboral), un sistema semejante al antiguo régimen feudal que le permitía al dueño de los campos contar con mano de obra permanente y muy barata. Además ataba a peones y familias a su dominio y con ello conseguía su lealtad. Al Estado correntino esta decisión le permitía controlar la seguridad interior de su jurisdicción, en épocas de fuertes demandas libertarias, especialmente de las clases populares. Y al peón rural, el poseer la boleta de conchabo sólo lo favorecía en no ser considerado un “vago y malentretenido” y, en épocas de luchas militares, evitar el reclutamiento, lo que no era poca cosa en épocas de tan grave crisis política como fue el Litoral de mediados del siglo XIX.

La presencia de “vagos y malentretenidos” es una constante en las denuncias policiales de todo el Litoral a lo largo del siglo XIX. Y en Corrientes se agravaba como consecuencia de la mayor masa de indios guaraníes que se incorporaban a la jurisdicción. La pregunta es si estos pobladores tildados de menesterosos y malentretenidos eran concientes del delito que cometían. En la cultura guaraní no estaba arraigada la práctica capitalista de la propiedad y el trabajo regular. Por lo tanto, la vida errante, tan perseguida, se transformó en un atractivo género de vida de muchas familias que acompañaban el desplazamiento de los frentes ganaderos que favorecían la propagación del vagabundaje en la campaña. En 1827 se obligó al uso de pasaportes para todos los ciudadanos de aquella provincia, obligando a solicitar permiso a los comandantes de Campaña para movilizarse a cualquier punto lejano de su lugar de residencia. Esta legislación fue acompañada de serias sanciones a quienes la infringieran. Se autorizaba así a los Comandantes Militares a perseguir a los desertores del ejército, a los ociosos y a “aquellos que se juzguen incorregibles”. Los Registros Oficiales de Corrientes abundan en este tipo de disposiciones. Como aquella que autorizaba a todos los ciudadanos a apresar a los vagos y malentretenidos y a ponerlos a disposición de la Justicia. Las penas iban desde los azotes públicos, servicio forzoso, destierro de la provincia y hasta la pena de muerte. En aquellos tiempos, los cargos políticos y judiciales estaban en manos de los más importantes propietarios de tierras. Así, el ejercicio de la justicia con la población vagabunda era manejado por los propios afectados y ello, seguramente, traería aparejados impiadosos castigos a los “vagos y malentretenidos” No obstante, a pesar de estas rigurosas leyes, el problema de los menesterosos continuó a lo largo de todo el siglo XIX y derivó en mitos y leyendas populares que transformaron en héroes populares a famosos “bandidos sociales”, en permanente enfrentamiento con la Justicia provincial. En Corrientes algunos de estos bandidos sociales adquirieron fama de “héroes” y aún de “santos”.

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