Roberto Horacio Saldaña (66), exmagistrado

“Mis primeros 38 años fueron aprendiendo y la mejor escuela para aprender es el juzgado”

Con casi cuatro décadas como funcionario de la Justicia, el letrado, que se jubiló en diciembre pasado, se convirtió en el juez de instrucción con más años de la historia de la provincia
sábado 15 de junio de 2024 | 8:00hs.
Saldaña asumió como titular del Juzgado de instrucción I de Eldorado en 1991.
Saldaña asumió como titular del Juzgado de instrucción I de Eldorado en 1991.

En diciembre pasado, y luego de casi 40 años dentro del Poder Judicial de la provincia, Roberto Horacio Saldaña (66) decidió dar un paso al costado luego de una larga y exitosa carrera como profesional del derecho. Y tras firmar su jubilación, dejó vacante el puesto como titular del Juzgado de Instrucción Uno de Eldorado, espacio al que llegó en 1991 y que hace que tenga un lugar de privilegio en la historia judicial como uno de los magistrados que más años ejerció.

Ya dedicado a disfrutar de su familia y de distintas actividades que se vieron interrumpidas durante años por la exigente función pública, Saldaña dedicó unos minutos de su tiempo a charlar con El Territorio y dio un recorrido por su rica historia personal. Un proceso que lo tuvo en sus primeros años por todo el país, ya que al ser hijo de gendarme, aprendió a vivir en distintas ciudades (San Ignacio, Puerto Rico y Puerto Iguazú) y a tomar lo bueno de cada una de ellas. Pero, ¿cómo es ser juez de instrucción en Misiones? ¿Qué significa trabajar con casos tan complejos y qué representa ser parte del proceso de justicia? Son apenas algunas de las preguntas que respondió y repasaremos a continuación.

¿Qué lo motivó a inclinarse por el derecho?
De todo un poco, de hecho me gustaba ya de chico, cuando estaba en Magdalena, Buenos Aires, le hacía muchas preguntas a una maestra y ella me decía ‘Robertito, vos tenés que ser abogado porque siempre andás cuestionando cosas’. Y yo creo un poco que me quedé con eso que era un rompe guinda y siempre preguntaba cosas. También mi padre siempre me decía que era bueno saber defender los derechos que uno tiene y respetaba mucho a un abogado cuando iba a un escuadrón de Gendarmería. Comencé mis estudios en la Universidad de Morón y luego mis padres, ya retirado él en 1976, deciden ir en 1979 a vivir a Córdoba, donde tengo que revalidar las materias y finalmente curso la mayor parte de las materias y me recibo. En 1984 decido venir a ejercer a Misiones y mis primeros meses viví en la casa del escribano Guillermo Badaracco y Dora Lacoraza, hermana del que fuera Presidente del Superior Tribunal de la Provincia, del mismo pueblo de mi padre, Gualeguay, Entre Ríos, y trabajé en el estudio del doctor Santiago Imbach. Luego tuve el honor de formar una amistad con el doctor Arnulfo Valle Ruidíaz y la doctora Irene Moreira, primera mujer juez integrante del Superior Tribunal de Justicia, un ejemplo de persona por sus calidades profesionales y humanas. Y finalmente cuando me designan juez fue una gran alegría para mi viejo, un buen gendarme siempre siente un gran respeto por la magistratura.

¿Cómo fueron sus comienzos en el Poder Judicial?
En el año 85 entré en la Justicia. Lo hice como secretario del doctor Alfredo Escribano, quien llegó a ser camarista en Posadas. Él estaba a cargo del Juzgado de Primera Instancia en lo Penal II de Eldorado. En ese momento estaba en vigencia el antiguo Código de Procedimiento del sistema escrito, el juzgado era de primera instancia en lo penal y dictábamos hasta la sentencia y después si apelaban se iba a la Cámara de Apelaciones. Allí, hago los seis años como secretario y allá por 1991 Misiones adopta el sistema mixto que rige actualmente. Ese sistema puntualmente yo lo había estudiado en Córdoba, donde me recibí. Era el sistema, que regía en Córdoba y a su vez lo habían traído desde Italia, se adoptó en todo el país y una de las provincias que lo hace fue Misiones. Allí me designan juez de Instrucción N° 1 en Eldorado. Yo desde esa época ejercí como juez de instrucción y por eso soy el más antiguo que existió en la historia de la provincia, porque de aquella época que juraron en noviembre del 91 no quedó ninguno en función por diferentes motivos.

Para entender lo que representaba ser juez de Eldorado en aquel entonces, ¿qué jurisdicción abarcaba?
Teníamos desde San Pedro, incluyéndola, hasta Iguazú, pasando por San Antonio, Bernardo de Irigoyen, Andresito, Integración y desde el puente de El Alcázar, para este lado. Es decir, Caraguatay, Montecarlo, Piray, Eldorado hasta Puerto Iguazú, era enorme. La jurisdiccional era casi la mitad de la provincia. Luego nos fueron disminuyendo la competencia excluyendo primero a San Pedro, luego siguió Puerto Iguazú, Andresito, Puerto Libertad, Esperanza y Wanda. Y ahora ya cerca de mi jubilación se excluyó a Bernardo de Irigoyen, San Antonio, Caraguatay, Montecarlo y Puerto Piray. Además, tuve causas en las que tuve que dictar sentencia porque todavía habían quedado del procedimiento anterior. Hasta me tocó dictar una condena a prisión perpetua. Durante mi carrera me presenté a dos concursos para juez del Tribunal y me fue muy bien, obtuve los primeros lugares en ambos concursos, pero el gobernador de entonces tenía otros planes y por ello seguimos en la instrucción.

¿Qué fue aprendiendo durante su carrera como juez?
Mis primeros 38 años fueron aprendiendo. Uno en derecho nunca puede decir que estudió todo o se las sabe todas porque esa la mejor demostración de que uno no sabe nada. El juzgado es una escuela que nunca termina. Hay cosas que siempre tienen aristas nuevas.

¿En qué consiste el trabajo de un juez?
Uno está a cargo de las primeras medidas a tomar. Los jueces civiles tenían terror cuando nos subrogaban porque no suelen tener la urgencia en resolver las cuestiones habituales en las causas penales. El comisario nos llama y en este momento pregunta al teléfono qué tiene que hacer. No hay tiempo de leer, uno tiene que estar expuesto a una contestación inmediata, la gente no puede estar esperando, es un juego de nervios constante. Muchas oportunidades me han llamado a las tres de la mañana para atender un caso. En el medio de mi historia perdí a mi señora, Dora Eriksen, muy joven, por un cáncer y luego de una larga lucha de seis años, y yo me quedé con un chiquito de 8 años que hoy para mí es un orgullo y que tuvo la mala idea de ser también abogado y, lo que es más importante de todo, que es una muy buena persona, cosa que uno con el tiempo se da cuenta de que es más importante que haber hecho maestrías o doctorados; sin ser buena persona lo demás no sirve. Además mi señora me pidió que me hiciera cargo de su hija, Sandra, con un problema madurativo y que ella tenía de un matrimonio anterior, lo cual, lejos de haber sido una carga, por el contrario, para mí fue siempre útil para mantener el grupo familiar y hoy es la hija preferida de Angélica Duarte, mi nueva compañera de vida, quien no tenía hija mujer.

¿Qué representa la función de juez?
Es un trabajo muy desgastante. En la instrucción penal el juez se encarga de todos los hechos delictivos, criminales y correccionales, que van ocurriendo. Hoy en día, prácticamente todo el país, excepto nuestra provincia, tiene el sistema acusatorio, lo cual impone al fiscal la investigación de los hechos y el magistrado se convierte en juez de garantías. Cuando estudié en Córdoba, en este sistema la instrucción era criminal solamente, lo correccional tenía otro procedimiento y esto permitía que el juez de instrucción se encargara sólo de los hechos más graves. Asimismo, la función del juez penal representa una actividad de alta exposición pública y siempre lo que uno decide afecta a distintas partes. Cuando estaba recibiéndome de abogado les decía a mis compañeros que me tocó vivir en ciudades chicas y grandes, ejemplo Río Turbio, Santa Cruz, donde llegamos a los 30º bajo cero, y que prefería trabajar en localidades no tan grandes como Capital Federal, porque así se podía disfrutar mejor de los tiempos y se conoce las virtudes y defectos de los vecinos. Esto lo pude comprobar siempre y sobre todo hace algunos años, cuando me tocó intervenir en una causa de gran repercusión nacional, en la que algunos medios nacionales fueron muy duros conmigo y allí me di cuenta de que la gente de mi lugar y de toda la región circundante me apoyaron y no se dejó llevar por falsedades. Los periodistas de afuera no pueden ensuciar fácilmente a los que integran una comunidad donde todos se conocen.

¿Fueron cambiando las características de los hechos a lo largo de los años?
La situaciones económicas y sociales sin duda que influyen en el acontecer delictivo. Esto es muy fácil de probarlo porque uno va a las cárceles y no están vacías, están desbordadas. No dan más, acá se tendrían que hacer dos cárceles más y los que están adentro no son ladrones de gallinas, como a veces se dice. Son los que los jueces ya no pueden largar, por el sistema legal vigente. Lo que mucha gente llama la famosa puerta giratoria. La puerta giratoria es porque las leyes dicen que tenemos que largarlo y no por mera voluntad del juez. Los que llenan las cárceles están lejos de ser por delitos leves. Los que integran la población carcelaria son en su mayoría implicados por homicidios, violaciones, robos calificados, es decir, los hechos más graves. Evidentemente hay una situación complicada en la que la solución no se puede buscar solamente dentro del sistema judicial sino también político. Dentro de toda Latinoamérica, Argentina, Chile y Uruguay son los países con menor nivel de criminalidad, con mucha diferencia con el resto.

¿Pudo advertir cambio en los tipos de delitos?
Ha cambiado porque la gente ha cambiado, la valoración de las cosas y la preparación de las cosas. Antes la gente era menos proclive a mentir, entonces sucedía que a instancias del defensor el imputado quería hablar igual. Ahora son muchos más preparados, lamentablemente están más preparados para mentir. Pero la Justicia ha implementado más sistemas como la Cámara Gesell, la digitalización, o la criminalística y que han aportado sus elementos técnicos. A medida que el delito se va perfeccionando, también por el otro lado los medios con los que cuenta la Justicia también se van mejorando.

¿Qué sugerencia les daría a quienes asumen como magistrados?
Siempre les digo que no hay secretos. Que hay que leer lo que se tiene, porque el caso que tienen no es matemático, el derecho difícilmente un caso es idéntico a otro.

¿Cómo es intervenir en situaciones como un homicidio? ¿Cómo se prepara para que ello no intervenga en sus decisiones?
Como todo trabajo, con la práctica uno se va perfeccionando, la experiencia va formando. Al respecto vale una aclaración, al principio era de la idea de que era bueno ir inmediatamente al lugar del hecho. Hasta que vino hace muchos años el presidente del Colegio de Peritos en Criminalística de Argentina y en una conferencia nos dijo que él con el tiempo advirtió que no era conveniente por varias razones, primero que contaminaban la escena del lugar, luego encontraban huellas dactilares del juez o secretarios, se movían objetos del lugar, etcétera. Incluso decía que el juez podía perder imparcialidad al ver la escena del crimen, a veces con las víctimas todavía en el lugar. Decía que el juez no está preparado para tareas en criminalística, su trabajo es otro y no tenía por qué mezclar. Igualmente les cuento una anécdota que muestra cómo uno a veces uno va formando una capa, como ocurre en todas las profesiones. En una oportunidad estábamos al costado del río en Piray, había una secretaria nueva. Yo no me había dado cuenta de que estaba hablando con la Policía y el cuerpo del occiso estaba un metro al lado mío. Y ella estaba petrificada, a esa chica no le podía pedir nada porque estaba mal, era su primera salida a un hecho así. El derecho puede ser muy lindo cuando lo leo tomando un cafecito en mi casa, ahora cuando uno tiene que estar atendiendo esos casos es otra cosa. Esas son cosas que con el tiempo se van puliendo.

Y ahora, ¿qué queda aparte de disfrutar de la jubilación?
Me han llamado de varios estudios jurídicos, pero por ahora quiero saber qué es aburrirse, hasta ahora no lo sé porque siempre algo relacionado al derecho o no surge y estoy siempre en contacto. Pero por ahora ninguna intención de seguir ligado al derecho, quiero sacarme eso que tenía en la cabeza y hay que saber disfrutar de otras cosas, porque también es cierto que ya tengo 66 años y aunque no les guste a los que tenemos esa edad, debemos saber que ya hemos vivido la mayor parte.

¿Con qué se queda tras este largo recorrido?
Es una de las funciones más dignas y realmente dignifica estar en un lugar como este. Es un lugar que a uno le puede dar mucho prestigio o todo lo contrario. Hay que tomar medidas de forma independiente sin dejarse influenciar, sobre todo por los otros poderes. Quiero aclarar que en 38 años como juez nunca he recibido algún llamado del Poder Ejecutivo o de alguien para inducirme a alguna medida, nunca y de ningún gobierno. Y pasaron varios en estos 38 años y nunca me llamaron para hacerme alusión a alguna medida y eso yo lo tomo como una muestra de respeto.

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