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Estaba detenido por el homicidio del niño, ocurrido el 2 de mayo en San Vicente

Hallan sin vida a sospechoso de matar a su hijastro de 4 años

Darío René Romero (36) había ido al baño en el horario del almuerzo y como no respondía a los llamados, fueron a buscarlo y lo hallaron tendido en el suelo
sábado 08 de junio de 2024 | 17:15hs.
El lugar donde ocurrieron los hechos en el inquilinato. Foto: archivo
El lugar donde ocurrieron los hechos en el inquilinato. Foto: archivo

La Justicia provincial investiga la muerte de Darío René Romero, el hombre de 36 años que se encontraba en la División Custodia y Traslado de Detenidos de la Unidad Regional VIII, tras ser acusado de “homicidio y lesiones, agravado por el vínculo” en perjuicio de su hijastro de 4 años, perpetrado el pasado 2 de mayo en San Vicente.

Mediante fuentes policiales, El Territorio pudo saber que el imputado fue encontrado sin vida en uno de los baños de la dependencia. Según las primeras averiguaciones, el hombre se habría dirigido al sanitario en el horario que los detenidos tienen pautado almorzar.

En ese marco, transcurridos 20 minutos, sus compañeros de celda escuchaban que no se cerraba la ducha y que tampoco contestaba cuando preguntaron si estaba bien.

Ante esto, se dirigieron al lugar de duchas y observaron que el interno yacía en el suelo sin signos vitales.

En tanto, se informó al Juzgado de Instrucción Tres de San Vicente, a cargo del magistrado Gerardo Casco, quien ordenó que se realice las pericias criminalísticas con examen médico legal y que se comience a investigar el hecho con declaraciones testimoniales. A su vez, ordenó que el cuerpo sea trasladado a la morgue para la autopsia correspondiente que determine la causa de muerte de Romero.

Advertencia y dolor
"La advertencia está hecha, ojalá que esos padres no maten al niño de un mal golpe", había denunciado un participante anónimo de Facebook en un grupo público de Oberá el pasado viernes 2 de febrero. Fue en respuesta a una serie de críticas que recibió por haber advertido públicamente los maltratos físicos que sufría Atriel, el niño de 4 años asesinado. Por el hecho, María Milagros A. (21), la madre, y el padrastro fueron detenidos como principales acusados.

“Buenas tardes, quiero hacer pública esta triste historia. El señor de la foto, Darío René Romero, es un maltratador de un niño inocente. Es su hijastro, él y su mamá le golpean salvajemente con cables, varas, palos, piñas en la espalda. Tendrá unos 3 añitos ese bebé”, había advertido adjuntando una foto del acusado tomando cerveza del pico de la botella, dando cuenta además que “la que lo alquila y los inquilinos saben lo que está pasando”.

Describió el usuario que los alquileres donde vivían en aquel momento estaban situados sobre la calle Domínguez del barrio Villa Blanquita, en Oberá: “Dejen de encubrir a este tipo por favor. Todos ven, nadie hace nada y yo soy un señor adulto y con problemas de salud, no puedo andar en los juzgados haciendo denuncias. Por favor si alguien puede llamar a la Policía y que actúen, no esperemos un Lucio más”, cerró, como presagiando el desenlace.

Cuando en los comentarios de aquella publicación fue cuestionado por algunos usuarios de la red social, por la manera en que decidió visibilizar la situación, el anónimo respondió que “todos saben del maltrato que le genera a ese nenito y su mamá junto”, y también aportó un dato importante: “Se llamó a la Policía y vino, pero le escondieron parece, porque no estaban y sí estaban”.

Más de 90 días pasaron, nadie protegió a la criatura y sobre el mediodía de este sábado 4 de mayo, el autor de aquella publicación lamentó: “Fue advertido, nadie quiso ver ni escuchar. Ni doña Chona, su inquilina. Le escondieron al tipo en su momento”.

La denuncia pública, aunque sea anónima, mantiene relevancia porque pone en evidencia que hubo una advertencia no atendida, hace cuatro meses, en Oberá, que se suma a la que hizo dos semanas antes de la muerte Luis Da Silva, vecino de la pareja desde que se mudó a San Vicente.

“No me quisieron tomar la denuncia”, había lamentado en diálogo con El Territorio, el día posterior al hecho y analizó que más allá de la existencia (o no) de una acusación formal, si hubiese existido una reacción proactiva de los uniformados “de venir hasta la casa de ellos y verificar la situación”, el final seguramente sería distinto.

“Era muy celoso, posesivo”
Respecto de Romero, se detalló que comenzó a trabajar en la yerba “junto con mi viejo”, había comentado Marcelo Rodríguez, vecino del inquilinato donde vivían los acusados y se presume que fue cometido el crimen, en el barrio Esperanza de San Vicente. También había añadió que el sospechoso “tarefeaba, nunca tuvimos mucha conversa pero fue apenas una semana y no quiso ir más”. Y había revelado que Romero “era muy celoso de la mujer, posesivo”, al punto que “esos días que fuimos al yerbal la llevó también al igual que a los hijos, no la dejaba sola por nada”.

Este vecino había narrado que el acusado “no dejaba” que la mujer salga de la casa, “ni a los chicos para jugar con los otros niños que viven acá” y que la madre de Atriel “ni hablaba, caminaba mirando el suelo, en silencio, se notaba que tenía miedo y no tenía boca para nada”.

En ese plano había contado que “el gurisito que mataron siempre tenía heridas sangrantes en la nariz, estaba bastante descuidado”. Y sobre la mujer había recordado que “una vez andaba con la boca hinchada y él decía que se había caído en el baño”.

Sobre la brutalidad que -todo indica- sufrió Atriel hasta la muerte, Rodríguez, padre de cuatro hijos (dos biológicos y dos de su actual pareja), admitió en ese momento sentirse “angustiado, porque tengo a mis chicos a quienes, pese a las carencias, tratamos de darle lo mejor y cuidarlos”. Amplió sobre eso que “cuando me contaron me costó creer porque hacia afuera se mostraban una cosa pero hacia adentro evidentemente eran otra”.

Sometimiento
Con idénticos conceptos se refirió Liliana Perruk -otra vecina-, quien dijo no haber visto episodios de maltrato en los casi tres meses que los acusados vivieron en la pieza contigua a la suya, pero “era notorio el sometimiento de la mujer” y en la casa “el que más hablaba era él, los chicos ni podían salir al patio”.

Enterarse del homicidio fue un duro golpe para la madre de 7 hijos y abuela de 8 nietos: “No puedo dormir pensando en lo que pasó, en esa criatura que no se pudo defender. Pienso en el sufrimiento de esos chiquitos que ni a la escuela iban. Sigo impactada, si pudiera me iría a vivir a otro lugar porque no me hace bien estar acá”.

Lo que se pudo reconstruir en base al testimonio de los vecinos, es que previo a llevar al pequeño Atriel al hospital, la madre pasó por el Centro Integrador Comunitario (CIC), a dos cuadras del inquilinato, pero estaba cerrado. Cuando llegó al nosocomio la criatura estaba muerta y en ese contexto confesó haberlo castigado, aunque se presume que el autor material del hecho había sido Romero.

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