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Entrevista a Carlos Riquelme, formador de futbolistas

“La tecnología entró sin control en las casas y dividió a las familias”

En 48 años de trayectoria acompañó camadas que hicieron historia en Oberá. Puso a Carlos Marczuk como ejemplo de los valores que se requieren para llegar al profesionalismo
miércoles 05 de junio de 2024 | 5:00hs.
Riquelme admite que hay talentos pero que el fútbol no escapa a la realidad social. Foto: Luciano Ferreyra
Riquelme admite que hay talentos pero que el fútbol no escapa a la realidad social. Foto: Luciano Ferreyra

Cuando se escriba la historia grande del fútbol obereño, habrá que contar con un capítulo exclusivo para la figura y trayectoria de Carlos Riquelme (73), formador de varias generaciones que ostenta el unánime reconocimiento por su trabajo, capacidad y genuina humildad. A una edad que muchos optan por el merecido descanso, Carlitos -como lo conocen todos- ni siquiera inició los trámites de la jubilación, a pesar de contar con los años de aporte requeridos, ya que todavía se siente con fuerza y energía para trajinar un campo de juego formando “primero buenas personas”, tal como definió su labor desde hace 48 años.

Sus primeros pasos como formador los dio en la Escuela 185, desde donde pasó al Club Ex Alumnos 185 para revolucionar la forma de trabajar en las inferiores del fútbol local. En el Exa fue el mentor de una camada que ganó todo, trampolín para pasar a Atlético Oberá, donde usó la misma receta para llenar de trofeos las vitrinas del Decano. Ya en los 90 fue quien armó y consolidó la estructura de la Escuela Municipal de Oberá, donde continúa trabajando. Por conocimiento y contactos, fue el pionero en gestionar pruebas para los chicos en clubes de Buenos Aires y Rosario.

Así, tejió una gran amistad con don Jorge Griffa (quien falleció este enero a los 88 años), conocido mundialmente como el gran descubridor de talentos en la cantera de Newell’s, quien también trabajó en Boca. Con evidente orgullo, Carlitos Riquelme destacó a Carlos Marczuk, el obereño que hizo una extensa carrera profesional, de quien valoró su constancia y sacrificio para superar todas las dificultades del camino. Subrayó que en Misiones y la zona Centro “hay muchísimo talento, chicos con grandes condiciones”, al tiempo que lamentó que “fútbol no escapa a la realidad social y también hay muchos problemas con las adicciones y la tecnología”.

¿Cómo empezaste a trabajar en la formación de futbolistas?

En 1976 me invitaron para trabajar en la Escuela 185 enseñando fútbol, porque en esa época acá no había muchos profesores de Educación Física. Nos fue muy bien y salimos campeones provinciales. Entonces Carlos Domínguez, que era el presidente de Ex Alumnos 185, me dijo para trabajar en el club y llevé a todo el grupo de la escuela. Fue una hermosa época. A las 5 de la tarde nos juntábamos en la escuela y nos íbamos trotando hasta el club. Fuimos campeones cinco años consecutivos. De ahí me contrataron en Atlético Oberá para la escuelita y formativa. Fueron otros cinco o seis años de mucho trabajo y excelentes resultados. Al mismo tiempo también dirigía la escuela de fútbol de Campo Viera y en el 91 me hice cargo de la Escuela Municipal de Oberá, donde sigo.

Fuiste el primero en viajar con los chicos a probarse a clubes grandes. ¿Cómo se dio esa posibilidad?

Las primeras pruebas surgieron por intermedio de (Héctor) Coco Sosa (obereño que fue goleador del fútbol colombiano), porque él se había retirado y tenía muchos contactos en el ambiente profesional. La verdad que las primeras experiencias no fueron buenas y los chicos se quedaron muy poco tiempo. Iban y no se hallaban. En esa época era todo más rudimentario, no había la contención que por ahí existe hoy. Por eso digo que además de las condiciones, hay que querer ser profesional y luchar por eso. Y pongo como ejemplo a Carlitos Marczuk, que buscó y buscó y logró su sueño.

Marczuk tuvo un paso por las inferiores Newell’s, pero volvió a Oberá y fue parte de aquel Ex Alumnos que fue subcampeón del Argentino B 96/97, torneo que finalmente le sirvió de trampolín para el fútbol grande…

Así fue. Carlitos integró una gran camada de jugadores obereños y fue el que más luchó para ser profesional. Es una historia de constancia y sacrificio. Me acuerdo que vivía cerca del Parque de las Naciones e iba en bicicleta a entrenar, o iba trotando. Llovía y él iba igual, no ponía excusas. Tenía un gran convencimiento. Después con otros chicos se fueron a Newell’s y en el 96 volvieron a Oberá y fueron parte del Exa que dirigió Coco Sosa en el Argentino B. Pero en las primeras fechas de ese torneo Carlitos no fue titular porque empezó a trabajar en un banco, el equipo entrenaba al mediodía y el salía a las 4 de la tarde. Pero le puso muchas ganas y cuando salía del banco entrenaba solo. Coco lo apoyó porque confiaba en sus condiciones y veía el sacrificio que hacía. Pero además es un ejemplo porque siempre fue respetuoso y buen compañero. En aquel Argentino B lo vieron de Rafaela, lo contrataron y así hizo una gran carrera profesional.

La campaña de Ex Alumnos en 96/97 fue la última gran actuación de un equipo obereño en un certamen nacional ¿Cómo se gestó aquello que tuvo a Coco Sosa como gran referente?

Un día Coco me llamó y me pidió que sea intermediario con el presidente del Exa, Horacio Martínez, porque tenía un proyecto. Así, organizamos una reunión que empezó a las 9 y terminó a las 5 de la tarde. Se pusieron de acuerdo y comenzó una gran etapa, un resurgir el fútbol obereño. Coco trajo toda su experiencia como jugador profesional y cambió la manera de trabajar. Cambió la mentalidad del jugador local, además de traer refuerzos de jerarquía. Se hizo un gran trabajo con chicos del barrio, porque el Exa es un club de barrio y muchos chicos tuvieron la posibilidad de ser parte del proyecto. Inculcó cosas básicas e importantes, desde llegar a horario a la práctica a cuidarse en la semana para rendir bien el domingo.

¿Cuál era tu rol en ese esquema?

Yo hacía el seguimiento de los jugadores. Si después del entrenamiento va a la casa, si estudia, cómo le va en el estudio. Otra cosa que aprendimos fue darles valor a los sponsors, porque gracias a ellos fue posible hacer lo que se hizo. Coco les decía a los jugadores: “Si les damos una remera con la marca de una empresa, tienen que usarla y portarse bien porque representamos a esa empresa y ellos nos ayudan”. Muchas veces los clubes se quejan por falta de apoyo, pero hay que preguntarse qué hicieron para que no los apoyen. A mi manera de entender, creo que son los clubes los que tienen que respaldar a las empresas, como hizo Coco Sosa, que hizo respetar a las empresas que apoyan a un club.

Hace 48 años que trabajás con chicos y en ese lapso hubo muchos cambios de todo tipo. ¿En qué notás más esos cambios de la sociedad?

Creo que principalmente cambió la forma de criar a los chicos en la casa. Eso cambió mucho. Yo personalmente atribuyo que no hay que culparle al chico, sino que los mayores somos los responsables. Noto que faltan límites, por ejemplo, en el uso de la tecnología, del celular. Es como que la tecnología entró sin control en las casas y dividió a las familias. Por naturaleza el chico es curioso y por ahí, por el mal uso de la tecnología, quema etapas. Quiere probar lo que le muestran, y eso muchas veces lleva al vicio. También influye la parte económica, porque antes el papá trabajaba y la mamá se quedaba a cuidar a los chicos. Pero sabemos que hoy un sueldo no alcanza y tienen que trabajar los dos. Entonces muchas veces el chico está muchas horas solo y se refugia en la tecnología. Veo que muchos padres no tienen ni idea de lo que hacen sus hijos, y eso es muy riesgoso.

¿Cómo manejás la presión que muchos padres ejercen sobre los chicos?

Nunca le di lugar a un padre para que me presione para que su hijo juegue, esto o lo otro. Pero veo en otros lugares que los padres ejercen una terrible presión sobre los chicos. No se ubican en la edad ni en todo lo que implica la carrera de futbolista. Los apuran demasiado, los cargan de responsabilidades y eso hace que los chicos se frustren, por más condiciones que tengan.

¿Cómo detectás cuando un chico tiene algún problema de adicción?

Uno se da cuenta porque no prestan atención y no ponen toda la gana y el entusiasmo que son propios de la edad. Otra cosa que noto es que ven mucho a los jugadores que triunfan y por ahí piensan que ellos, en poco tiempo, ya van a estar jugando en Buenos Aires o Europa. Es como una fantasía que tienen, pero no quieren exigencia, no quieren sacrificio. Hoy un chico sale del entrenamiento y es difícil que vaya a la casa, entonces ya pierde todo el entrenamiento que hizo. La base de la educación deportiva está en la casa, donde el chico se alimenta, estudia, descansa y tiene la contención de la familia. Porque chicos con condiciones hay muchísimos. A veces te da lástima ver chicos con grandes talentos, que queremos sacarlos adelante, pero se hace difícil. Yo siempre soñé con tener un jugador mundialista, porque material humano sobra. Pero por ahí llegan a la casa y no tienen el apoyo necesario.

¿En qué ves que fallan las familias?

Por ejemplo, cuando los chicos llegan a los 16 años, la mayoría de los padres ya no van a la cancha, no están tan presentes y el chico empieza a tomar sus propias decisiones. Por ahí se pone de novio, está más afuera de la casa, por ahí llega tarde, no se alimenta bien y el celular lo domina hasta las 3, 4 de la madrugada. Entonces ese chico va al colegio ya sin descanso, desconcentrado. Nosotros tenemos chicos de 16 años que ya son padres. Es lo que decía antes: se queman más etapas. Por eso yo trato de conversar mucho con ellos, ver qué les pasa y siempre contenerlos. Insisto, el chico no tiene la culpa. Somos los grandes los que fallamos, y no para que sea un futbolista profesional, sino una buena persona en la vida. Lo primero es tratar de formar una persona con valores, y después viene lo otro, si Dios quiere. Hoy hay varios chicos que formamos que están en clubes de Buenos Aires. Pero son chicos que siempre tuvieron el apoyo de sus padres. Hoy están cumpliendo una parte de su sueño, porque esto es largo. La carrera del futbolista es como una lotería y depende de varios factores.

Hoy tenés alumnos que son nietos de aquellos primeros chicos que tuviste…

Sí, eso es muy satisfactorio. Todos recuerdan los campamentos, los viajes y tengo que decir que nunca tuve un problema y los chicos siempre se portaron bien. La hermosa amistad que tenemos con la gente de Tuparandí, Brasil, quienes tomaron como modelo nuestro estadio municipal y lo replicaron allá.

Con Jorge Griffa supiste tener una relación de trabajo que se convirtió en amistad. ¿Cómo fue esa experiencia?

Mirá, todavía tengo el carné de representante de Newell’s en la región que me entregó don Jorge. Es una persona que me dejó una enseñanza extraordinaria. Él me enseñó todo: cómo tengo que ver al chico desde el primer día, cómo tengo que seguirlo, cómo tengo que ir formándolo y cómo protegerlo. De entrada nos llevamos muy bien porque pensábamos igual: buscar que el chico sea primero una buena persona y después lo futbolístico. Fueron horas de charlas con él en su oficina.

Y tengo el privilegio de ser uno de los pocos que estaban con él cuando había pruebas de jugadores en Newell’s. Casi siempre eran mil chicos por día y como entrenadores venían grandes ex jugadores de distintas partes del país, pero sólo yo me sentaba con él a evaluar. Ahí él me iba explicando. Me decía: “Fíjate el pie del chico, cómo mueve el pie para recibir la pelota”, claro, porque con eso demuestra la agilidad de la cintura y del resto del cuerpo. Es lo primero que se mira. Todo eso me explicó él. En cada prueba de mil chicos, como máximo se elegían tres. Yo tenía una planilla como él y muchas veces coincidíamos en la elección.

¿Qué pensás que vio Griffa en vos para darte esa confianza y esas enseñanzas?

Creo que primero y principal, el respeto que siempre le profesé. Y también mis ganas de aprender y de aportar todo lo que podía, sin mezquindades. Cuando estuvo en Boca siguió el vínculo y tuve la suerte de ir a conocer todo el club por dentro gracias a él. Ni el hotel me dejaba pagar. Fue el más grande descubridor de talentos y gracias a Dios me permitió estar cerca suyo para aprender y aprovechar sus conocimientos acá. 

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