Una gran oportunidad y negocio que nació en medio de la necesidad

La casa que se convirtió en un paseo por los objetos de antaño

Pablo García y Adriana Gómez están detrás de 4640 Garage, un espacio en el barrio Santa Rita donde se pueden encontrar desde juguetes de colección a piezas antiguas.
domingo 12 de mayo de 2024 | 2:30hs.
Pablo y Adriana, su trabajo es su pasión y lo disfrutan día a día. Desde el contar la historia hasta la venta. //Fotos: Marcelo Rodríguez
Pablo y Adriana, su trabajo es su pasión y lo disfrutan día a día. Desde el contar la historia hasta la venta. //Fotos: Marcelo Rodríguez

Un hobby, una necesidad y una oportunidad. Este tridente se presentó en la vida de Pablo García (52) y lo llevaron a encontrar su pasión en la compra y venta de juguetes coleccionables y antigüedades que hoy por hoy es su negocio y principal ingreso económico.

Pablo es la persona detrás de 4640 Garage, un emprendimiento que lleva adelante hace casi tres años junto a su pareja Adriana Gómez (44), en su casa del barrio Santa Rita de Posadas. En la actualidad ese lugar es refugio de cosas alucinantes, un parate en el tiempo, la nostalgia del pasado y la niñez eterna; un sinfín de artículos se pueden encontrar allí.

La idea comenzó durante la pandemia del Covid-19 ante la necesidad y la falta de trabajo, que golpeó a la familia y obligó a Pablo a vender los juguetes de su propia colección.

Para los amantes de los autos, coleccionables nuevos y de otras décadas.

"Iba de feria en feria vendiendo todo lo que te puedas imaginar, así que bueno, vino la pandemia, salir era imposible y tampoco había trabajo, así que de a poco fuimos vendiendo desde casa cosas que teníamos nosotros, que tenían los chicos", relató Adriana a este medio.

La pareja conformó una familia ensamblada con los tres hijos que tiene cada uno. El más pequeño de todos está aprendiendo el oficio y están seguros de que seguirá el legado.

"En el camino fuimos aprendiendo y nos falta un montón. El negocio es nuestra casa, tenemos cosas en el galpón de afuera y adentro quedó lo que es coleccionable. No es un hobby, es nuestro trabajo, es lo que nos da de comer a nosotros, a nuestros hijos, pagamos las cuentas, todo", aseguró Pablo, quien continuó explicando que cuando empezaron tenían apenas dos repisas con productos.

Un nicho que se expande

Pareciera que esto de la compra y venta de antigüedades sólo sucede en las grandes ciudades o en otros países, pero en Misiones es un mercado que se está abriendo y se expande cada vez más.

Así lo ve la pareja: "Lo que nosotros vemos es que no están organizados, es el famoso cambalache. Nosotros queremos ir de a poquito subiendo un escalón, hacemos envío en todo el país, ya mandamos al exterior. Hicimos un mix. Ella conoce todo acá, yo conozco afuera porque tuve la suerte de viajar".

Es que Pablo vivió un tiempo en Estados Unidos y allá se dedicó a los talleres mecánicos, lo mismo de lo que trabajaba en Buenos Aires (de donde es oriundo), antes de irse a la quiebra.

Adriana sostiene una valiosa pieza francesa que vale unos $200 mil.

En la vivienda se puede encontrar, por ejemplo, teléfonos, máquinas de escribir, una cámara cajón de 100 años, un calibre alemán de los años 60, un cajón de Coca-Cola del 2006, con la botella de vidrio en alusión a la de 1920. Así como autos de juguete de los años 80 de la marca Duravit, Hot Wheels coleccionables, máquinas de coser, tocadiscos y mucho más, sólo hace falta pasar a visitarlos y estar listos para una buena charla y un viaje en el tiempo.

"Tenemos mucha inmigración en Misiones, entonces muchos nietos de quienes vinieron de otro lado, muchos bisnietos nos contactan. Nos empezamos a expandir cuando empezamos a ir a la feria, lo que es Espacio de Mujer en la Costanera y conocimos mucha gente y muchos contactos para poder también comprar", comentó Adriana.

Y en esa misma línea agregó: "Mucha gente piensa que nosotros compramos, por ejemplo en Buenos Aires, en otros lados, pero la mayoría de las cosas que tenemos son de acá, aunque sí compramos también en subastas de afuera".

El valor del conocimiento

Adriana, que es la encargada en investigar de dónde vienen las piezas que compran, tiene una ardua labor con quienes le quieren vender sus recuerdos. Pregunta su procedencia y lo que no puede obtenerlo en el boca a boca, lo hace a través de una exhaustiva búsqueda en internet.

"Porque la gente que compra después siempre quiere saber de dónde viene y un poco de la historia. Tratamos de ser leales con el cliente porque ellos son nuestra publicidad", aseguró Pablo.

En esa línea, recordaron la anécdota de una situación que les ocurrió por no conocer qué detalles mirar para saber la autenticidad y valor de un producto. "Fuimos aprendiendo con los mismos clientes o con las personas que sabían, nos fueron instruyendo sobre la calidad, cómo se clasifican", precisó.

"Pasó con uno de Kiss que vino en un lote y le vendimos a un cliente a $3 mil hace dos años, él lo vendió a $6 mil y otro lo vendió a $380 mil. Resultó que era una primera edición inglesa de 1979", contó entre risas el hombre.

Negocio circular

Si bien tienen su negocio en su hogar, la pareja aprovecha el espacio de las ferias para hacer contactos y clientes. Es allí donde aunque no vendan nada, dedican su tiempo a contar sobre lo que allí exhiben. "Piensan que vendemos millones porque nuestro stand siempre tiene gente, pero es porque pasan, recuerdan, les muestran y cuentan a los hijos sobre cómo escuchaban música, con lo que sacaban fotos. Aprendimos un montón en ese ida y vuelta con la gente", compartió Pablo.

Contaron que tienen clientes fijos que son desde niños de 8 años, que en la feria van de la mano del padre, hasta personas de más de 50 años que son coleccionistas.

Aseguraron además que no compran "al voleo". Hay personas que llegan a su casa con cosas, pero se lo toman muy en serio porque les pasó una vez que les vendieron un autito de juguete que había sido robado previamente.

En este trabajo al que le dedican las 24 horas del día tuvieron muchas satisfacciones, como que algunos clientes les devuelvan cosas que habían comprado en el inicio del negocio porque sabían que tenían un valor sentimental para ellos.

"No me aferré (a sus pertenencias que tuvo que vender) porque no teníamos para comer. Si vos evaluás no tiene un sentido común. Ahora tenemos 500 autos. Pero hay muchas cosas que nosotros vendimos al principio que volvieron, muchas personas que empezaron a ser nuestros clientes nos devolvieron en forma de regalo porque se enteraron el porqué las habíamos vendido", cerró Pablo. 

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