jueves 22 de febrero de 2024
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Chico Chico siempre verano con amigos

Ilán Amores volvió a su amada Tierra Colorada para hacer lo que mejor sabe: disfrutar entre pares y poner a todo el mundo a bailar. A poco de lanzar nuevo disco, charló con periodistas, recordó raíces y reflexionó sobre el quehacer artístico

domingo 21 de enero de 2024 | 9:19hs.
Chico Chico siempre verano con amigos

Para variar... Chico Chico puso a todo el mundo a cantar, Chico Chico puso a todo el mundo a bailar, Chico Chico  puso a todo el mundo en una...

Con esa alegría innegable que da la cumbia y el bagaje de una vida ligada al arte y la música, Ilán Amores volvió a Posadas para desatar una verdadera fiesta junto al río.

A pesar de que llegó con ánimos de relax y no trajo siquiera sus instrumentos, poco le duró la calma misionera y rápidamente recordó cómo gestionar sonido, banda y hasta flyer para armar una tocada mágica que se repitió anoche en el pintoresco bar El Pontón del club Capri.

La primera velada, el domingo 14 estuvo signada por un alerta  meteorológico que obligó a cambiar de lugar la escena y dio como resultado una gala cumbiera en 360º  con grandes y chicos coreando y tirando pasos sin parar alrededor de la virtuosa banda convocada.

Con excusa de recibir su cumpleaños que celebra hoy, anoche se repitió la cita. Pero en la previa,  un distendido diálogo del que fuimos testigos junto a Alejandro Gutierrez y Café Azar, dio cuenta del paso a paso en su camino musical, cómo vive su presente y qué proyectos está por disparar.

El flyer de la fecha fue con arte de Juan Catalano.

En formato audiovisual, tipo casa de streaming como es habitual hoy y con material de archivo que sorprendió al entrevistado, el especial se extendió durante dos horas.

Sus comienzos en la música, su amistad con Hooli Álvarez, la experiencia de Argies, el desapego de Harm & Ease, las peñas con Pablito Lescano y compañía y la actualidad cercana al trap se deslizaron con anécdotas y aprendizajes profundos.

Al ser consultado por Café sobre el momento inicial del sueño de ser músico, Ilán recordó la fascinación de niño, de ver una banda en la costa posadeña y no poder sacarle los ojos al baterista con su Yamaha.

Nacido en Buenos Aires, llegó de pequeño a Posadas y si bien hoy su eje vuelve a estar en la Capital Federal, la Tierra Colorada dejó su huella imborrable. “Toda la etapa de crecer y de formarte como persona, ese momento en que conocés a tus amigos, que empezás a salir... todo eso me pasó acá”, refirió sobre Misiones.

Sus admirados músicos locales, gestionar con amigos una fecha de Shaila -la banda hardcore de la que eran fans- a los 17 años y la identidad local se destacaron como otros de sus hitos en la ciudad.

“No podés cantar zonceras. Hay como un sentido de pertenencia y de estar conectado con lo que decís, con tu tierra y con lo que tu público está recibiendo, que lo aprendí acá”, dijo sobre ir a ver bandas como Neto, Captain Howdy o Estado Vegetativo. “A mí me gustaba que hablaran de las cosas de acá, me hacía sentir parte de algo, me hacía sentir que lo que estaban cantando era importante para ellos”, configuró.

La autogestión y ser parte de una generación que tenía que ‘patear la calle’ repartiendo volantes, pegando afiches, buscando herramientas para tocar o grabar de alguna manera, fueron igual de valiosas para su carrera.

Junto a sus héreos de adolescente, Hooli y Jaime, parte de la virtuosa banda.

Al verse muy pequeño en un video con su primera banda tocando en la explanada del mástil de avenidas Mitre y Uruguay se emocionó y reflexionó: “Ese nene soñaba con lo mismo, sigo pensando en lo mismo: en hacer música todo el día. De alguna forma me alegra que de chico, con lo poco que entendí del mundo, dije: ‘bueno, tengo que hacer algo que sea importante para mí’, más allá de la plata más allá de hacer feliz a alguien que no sea yo, tengo que encontrar algo que me apasione mucho para sobrevivir a esta locura...porque esta vida así como es una hermosura también es dura y difícil”, marcó.

En ese sentido, en varias oportunidades destacó que hoy disfruta su trabajo, que encontró diversión en el proceso y se compromete con el quehacer artístico.

“Me tomo muy en serio mi música y lo que hago, busco cantar sobre algo que importa, que significa algo porque cuando te ponés a cantar con una guitarra, es como estar desnudo. La gente ve a través tuyo, estás cantando y te ven el alma, entonces como no hay forma de ocultar eso, tenés que cantar sobre algo que te importe”, insistió.

En la línea del tiempo que fueron siguiendo, su amistad con Hooli Álvarez -con quien dice tener anécdotas para reírse toda una vida- fue otro puntapié en su carrera que volvió a recordar minuciosamente.

Primero fan, luego amigo el adolescente Ilán seguía a Hooli a todos lados. “Le pedía: ‘déjame llevar el estuche de tu guitarra por el centro para sentir cómo es un músico de verdad. Y entonces yo  iba con el uniforme del colegio y el estuche de una Gibson Les Paul”, recordó.

La experiencia de Hooli con la banda Argies era para Ilán lo más cercano a la idea de vivir de la música, entonces se dispuso a observarlos de cerca, a ver la manera de sumarse -así sea como asistente- para acompañarlos en alguna gira. 

Finalmente la suerte falló de su lado y terminó siendo parte importante. “De repente terminé entrando a la banda y mi primera gira con ellos por Europa fueron 100 shows en 18 países tocando el bajo, que no era mi instrumento”, contó.

 “Ver que esta banda nos llevaba a un nivel ya estratosférico tocando en China, Serbia, Alemania... sin managers, sin una discográfica grande, me hizo decir: ‘necesito saber cómo es esto, cómo se hace. Y hoy, que estoy con una discográfica y tengo un equipo, valoro mucho el trabajo porque yo lo tuve que hacer, sé que cuesta. Eso te ayuda a tomar decisiones que no te ahoguen y que tener que andar corriendo o siguiendo la velocidad que te imponen ellos. Porque esto es arte, es música, es cultura, tiene otro tiempo, otro mensaje, otro valor para mí . No es una máquina de picar carne”, sumó.

Con ese ímpetu también destacó que este agitado 2023 que terminó recientemente, plagado de nuevos logros, lo encontró aprendiendo a priorizar. “Trato de no hacer las cosas sin divertirme porque ya cometí ese error en el pasado. Prefiero estar haciendo algo que me interesa, así que este año también aprendí a decir que no un poco, a elegir mejor mis batallas”.

Cumbia, playa y conurbano

Ilán nunca dejó de explorar, y entre giras internacionales, comenzó a cruzarse de vereda para codearse con otros sones, tan disímiles y a la vez tan igual de irreverentes como la cumbia.

 En su faceta de cantante se convirtió en Chico Chico, que pasó de ser su álbum debut y catapulta, a su alter ego.

El proceso fue tan natural como místico y revelador. La impronta relajada de curtir entre amigos quedó sellada como marca registrada. En un fin de semana en Ituzaingó, Corrientes se cocinó ese meollo que no solo derivó en su disco solista inicial sino también en Chico-Chico la película y en una relación estrecha o cuasi epifanía con el Gauchito Gil.

“Me puse enfrente del Gauchito Gil y pensé desde adentro: ‘necesito inspiración, necesito abrir una puerta en algo de la música’. Ahora, cada vez que vuelvo, voy con mi guitarra y hago lo mismo: le canto para agradecer. O sea, a partir de ahí ya no le pedí más nada, cuidá a los míos, nada más, y gracias”, rememoró.

Su amistad con Toto Ferro y encontrarse con Macho Toscani, fueron otros portales que lo encuentran en la madurez de hoy.

“Hay como todo un karma en la manera de hacer las cosas, ese video de 30 segundos tuvo todo este rato de explicaciones para llegar hasta ese momento, ese lugar”, detalló sobre el viral video con el que se inauguró en TikTok, tocando el icónico teclado de Pablito Lescano.

Es que gracias a Macho Toscani llegó al caracú de la cumbia argenta.  “Yo estaba buscando aprender de cumbia, no entendía nada de eso y en un momento caigo ahí a la peña y era una junta de amigos, pero los amigos eran: Antonio Ríos, Supermercado, Pala Ancha... toda una superliga de cumbieros de todo tipo”, graficó. “Y todo un grupo de amigos que se juntan a comer, a pasarla bien, a compartir a no hablar de laburo, de política de nada, a pasarla bien nomás”, reflejó sobre la frescura con la que se integró y comenzó a ser un par más.

“Uno tiene la opción como persona, si escuchás siempre tu discurso y te gusta hablar con gente que opina lo mismo que vos y estar en esa... yo no soy así, a mí me divierte mucho escuchar otra cosa, que me muestren música nueva, conocer gente nueva”, plasmó.

Así, hoy afirma que cumplió ‘el sueño del pibe’ siendo parte de un colectivo de artistas que comparte un espacio en Buenos Aires, donde con fotógrafos, diseñadores, skaters y otros, siempre está pasando algo. “Era lo que yo quería hacer cuando era chico y lo estamos haciendo. Esa es la ciencia para mí, eso me da la sensación de éxito y de alegría que buscaba: hacer todo el día lo que me divierte, que eso se convierta en mi trabajo y que mis compañeros sean mis amigos”, resumió.

Mientras recarga energías en el río y anhela habitar el monte misionero, Ilán pasea hoy por aquellas calles posadeñas donde pegó tantos afiches, escuchando su último material, un disco que trabajó con Oniria, creador de hits junto a Duki, YSY A, y que “define el pulso de cómo suena la música que escuchan todos”.

Aunque no es parte directa del trap, entiende que vibra muy alto e incluso se ganó a Bizarrap como fiel oyente. “Me encanta el universo que armaron y me encanta participar de eso en alguna medida, pero no es mi música y mi música tampoco suena como la de ellos. Empecé a consumirla tarde pero pensé : qué suerte que no me perdí de esto”, cerró, siempre abierto al juego del presente.

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