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El homicida estuvo 13 años en condición de prófugo

Una mansión, engaños y una trampa mortal: la historia del crimen de un misionero en un paraíso de Brasil

En 2006, César Da Silva (45) mató a su cuñado de una puñalada. Se había escondido en el ropero de la casa para atacar a su exmujer. Ocurrió en Ilhabela, San Pablo.

domingo 21 de enero de 2024 | 2:00hs.
Una mansión, engaños y una trampa mortal: la historia del crimen de un misionero en un paraíso de Brasil
El acusado fue apresado por la PFA y la Policía de Misiones el 10 de agosto del 2019. //Fotos: Archivo/El Territorio.
El acusado fue apresado por la PFA y la Policía de Misiones el 10 de agosto del 2019. //Fotos: Archivo/El Territorio.

Una mansión en un paraíso, la búsqueda de una nueva vida, engaños y muerte. Ese podría ser el resumen del capítulo más oscuro de la historia de una familia de misioneros en Brasil, quienes en 2006 vieron como todo lo que habían construido en el extranjero se escurrió con la sangre.

El protagonista principal es César Javier Da Silva (45), quien -hasta donde se sabe- se encuentra detenido en un presidio brasileño acusado del homicidio de quien era su cuñado, Rogelio Cantini. Rogelio era hermano de Lucy, la verdadera destinataria de ese puntazo letal.

En el 2000, antes de que la economía argentina volara por los aires, César y Lucy vivían en San Javier, en la costa del Uruguay, donde habían formado un hogar junto a sus tres hijos. Pero tras una traición él abandonó esa casa y se fue a Brasil, donde una pareja amiga estaba asentada como cuidadores.

La casa en la que primero se quedó la pareja pertenecía otros misioneros.

El lugar era la paradisíaca Ilhabela, un archipiélago a 200 kilómetros de San Pablo elegido por grandes estrellas de la tv y gigantes cruceros de lujo. César llegó allí y, como todos los visitantes, se enamoró del sitio. Estuvo 12 días y todos ellos llamó a su mujer para convencerla que lo acompañe. Así, tiempo después se instalaron todos.

Primero vivieron en la casa que cuidaban esos caseros, pertenecientes a una pareja de empresarios también de La Dulce. Se trata de una mansión de dos plantas con 230 metros cuadrados cada una, habitaciones en suite, además de departamentos para los cuidadores, piscina, garaje para tres autos, helipuerto y vistas privilegiadas.

Se había comprado en 1994, por medio millón de dólares en la zona Morro do Viana. Según uno de los hijos de la pareja, el exdueño era un alemán nazi que decidió construir una vivienda muy distinta a las de la zona, similar a la de los Alpes Suizos. Aceptó una entrega y un plan de pagos a dos años, porque el monto estaba fuera de presupuesto para los compradores misioneros.

Engaños

En ese momento el lugar lo alquilaba Regina Duarte, reconocida como una de las mayores actrices de telenovelas de Brasil  -incluso su hija se casó en ese sitio-, pero rápidamente el clan Da Silva-Cantini se mudó a una vivienda propia. Lucy recuerda que César, albañil, siempre fue una persona muy trabajadora e incluso hasta antes del crimen no había registrado hechos de violencia.

El problema, sin embargo, siempre fueron los engaños. Eso los llevó hasta allá y eso destruyó todo.

En 2001 la pareja tuvo su cuarto hijo y con el tiempo los familiares empezaron a llegar a la isla, motivados por la oferta laboral causada por falta de mano de obra en Ilhabela. Todo marchaba excelente hasta que, de un momento a otro, César llegó apresurado a su casa y le comunicó a Lucy que se volvía a Argentina.

Fue literalmente de un momento a otro. Da Silva no explicó nada, simplemente se fue con el dinero de la venta de vehículos - moto y auto - y herramientas.

Las razones, sin embargo, quedaron rápidamente descubiertas, cuando momentos después llegó a la casa un trabajador de alta mar, quien había descubierto que el misionero había tenido un romance con su mujer e incluso ésta había quedado embarazada de gemelas. "¿Usted es su hermana? Yo tenía entendido que él vivía acá con su hermana?", le dijo el trabajador, para develar por completo la traición. 

El oriundo de San Javier estuvo varios meses desaparecido, dejando a su esposa a cargo de su familia y cuatro hijos -uno de ellos con discapacidad-. Fueron tiempos muy duros, hasta que en julio del 2006, como se había ido, volvió pensando que la amenaza por ese adulterio se había esfumado.

"Ahí comenzó la historia. Él llegó y quería obligarme a tener relaciones con él como si yo fuera su mujer, pero a partir del momento que él salió de la casa ya no era mi marido. Me dejó sin un mango, con cuatro hijos en la espalda, uno con problemas de salud grave que incluso murió en 2017, después de tanta lucha. Me había dejado sin darme ninguna explicación", rememoró Lucy en diálogo con El Territorio.

La trampa

Para entonces la mujer se arreglaba sola y sostenía el hogar con un buen trabajo en un hotel.  Estuvo encerrada en la casa y sólo pudo salir del lugar porque tenía que buscar a los niños a la escuela, especialmente el menor, que no podía movilizarse por su cuenta. En el colegio la directora advirtió que tenía marcas en el cuello y llamaron a la Policía.

Los efectivos policiales la acompañaron al inmueble y en el camino se toparon con Da Silva, a quien le incautaron un cuchillo plegable, como de campamento. Llamativamente el hombre logró quedarse en el lugar con sus hijos -alegó que Lucy no le dejaba verlos- pero cerca de las 18 se fue nuevamente. Más tarde volvió e intentó quemar la casa con todos dentro, antes de huir otra vez.

Las situaciones de violencia motivaron la intervención de la Policía y agentes de Justicia resguardaron a los niños. Luego de llevar a los chicos a ese lugar seguro, Cantini regresó a su casa a buscar sus cosas e instalarse en lo de su hermano. Lo que nunca imaginó es que allí la esperaba César Da Silva, oculto en un ropero.

El hombre la sorprendió y, cuchillo en mano, la hirió en el pecho. Fue entonces cuando su hermano Rogelio Cantini intercedió para protegerla con un palo de escoba, pero terminó con una lesión de arma blanca que le consumió la vida en pocos minutos.

El hijo mayor de la pareja vio la secuencia e incluso también golpeó a su padre para luego huir. César lo siguió, pero desapareció cuando los vecinos, que ya habían llamado a la Policía, pusieron a salvo al menor. Lucy quedó malherida en el portón de la vivienda, mientras su hermano yacía dentro. El paraíso se había convertido en infierno.

César Da Silva fue detenido luego y estuvo en esa condición durante más de dos años, cuando expiró el tiempo de prisión preventiva sin sentencia firme.

Aparentemente luego de eso el hombre se mudó a Florianópolis y después a otras localidades de Santa Catarina, pero de un momento a otro no se tuvieron novedades suyas. A pesar de ello, el proceso judicial en su contra continuó y terminó siendo declarado culpable y sentenciado a una pena de 14 años de prisión como autor del delito de homicidio simple.

Para entonces no se sabían noticias suyas y la Justicia de Brasil emitió un pedido de captura internacional. Recién  en agosto del 2019 fue recapturado en su localidad, San Javier, donde ya tenía una nueva pareja y seguía trabajando como albañil.

La detención del condenado la concretaron efectivos de la División Investigaciones de Fugitivos y Extradiciones del Departamento Interpol de la Policía Federal Argentina (PFA), quienes contaron con el apoyo del personal de Inteligencia Criminal y de la División Investigaciones de la Unidad Regional VI de la Policía de Misiones.

"Creo que se hizo justicia por mi hermano. Yo lo recuerdo con mucha tristeza, él dejó un hijo chiquito con la hermana de César. El nene tenía un año cuando pasó todo, ahora tiene 14 y él pregunta por su papá, quiere saber. Es inevitable tocar el tema", dijo Lucy cuando se conoció la detención.

Trece años tuvieron que pasar para que se cierre el capítulo más oscuro de su vida.

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