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De algunos animales

domingo 26 de marzo de 2023 | 4:01hs.
De algunos animales

Hay muchas especies de víboras y culebras por toda aquella tierra; las menores son de un palmo, de media vara otras, y van creciendo, conforme á sus especies hasta seis varas. Desentrañando una víbora de media vara conté cincuenta viboreznos, ya animados todos. Dicen los naturales que concibe por la boca y para nacer despedazan los hijos á la madre y aún ellos entre sí se matan, y parece cierto: porque si todos viviesen no hubiera donde poner el pié sin pisar víboras. Otras ponen huevos, y los que he visto serán un tercio mayor que de palomas. Empóllanlos echándose sobre ellos, y así cobran vida. Hay unas que llaman de cascabel, el cual lo tiene en la cola al modo de una haba seca con su cáscara y granos adentro, y suena á aquel modo. Cada año echa un grano nuevo, oiráse á quince pasos y cuando la fuerza de la ponzoña le molesta (al modo que una reuma da dolor de dientes) hace más ruido con sus cascabeles, hasta que mordiendo algo arroja aquel licor ponzoñoso que tiene en las encías. (…) Son todas estas víboras tan ponzoñosas que picando en el pié, al punto hacen echar al que pican sangre por los ojos, narices, oídos, encías y por las uñas, y entre los dedos tanta sangre, que en un momento queda desfigurado.

(…) Hay unas culebras de cuatro y cinco varas que se sustentan de caza, súbense a los árboles por los caminos a esperar la caza, de donde con gran velocidad se arrojan, y con extraña lijereza la rodean y atan tan fuertemente, que en muy breve tiempo la matan y se la tragan, y suelen quedar estas culebras tan ocupadas, que en ninguna manera se pueden menear, y como el calor que tiene no es bastante á digerir un gran venado ó jabalí, vuélvense al sol, y así se le pudre (con la podrida carne de la caza); el vientre cría gusanos, á que acuden los pajarillos, que tienen  pasto para muchos días, y en pasando esta corrupción vuelve a recobrar su cuero y á quedar sana como antes. Ha sucedido tal vez á estas culebras cogerles este trabajo pegadas á un arbolillo, y al ir encorando, ir la misma carne incorporando al arbolillo, y cuando se vió sana se halló presa, sin poder desasirse, y allí la hallaron viva. Otras se sustentan de peces. Yo vi una que tenía cuatro varas de largo y la cabeza como de una ternera, estaba al pié de un árbol, y descolgando la cabeza al río Paraná echaba espuma de la boca, y al punto acudían gran multitud de pececillos á comerla, y dejándolos ella asegurar, con extraña lijereza abría la boca y hacia muy buena presa, y esta tragada, volvía á echar la espuma y á porfía acudían los peces á comer de ella y la culebra á tragárselos.

(…) Hay otras culebras de tres y cuatro varas que habitan en malezas pantanosas, salen á la orilla á esperar la caza, y con extraña lijereza saltan y la atan, y con el hueso que tienen muy agudo en la cola procuran herir la vía posterior, con que la rinden y la llevan á su pantanosa habitación, y si hallan resistencia vuelven a remojarse en el agua, porque la sequedad las debilita las fuerzas, y luego vuelven á la pelea. Esto se vió en un indio al cual acometió una de estas culebras, y aunque le cogió los brazos resistió el indio por un rato. Vístose seca la culebra, dio un salto al agua, y con la misma presteza volvió á probar su ventura; pero el indio advertido levantó los brazos y así le ató solo el cuerpo. Llevaba el indio un cuchillo pendiente por las espaldas de una cuerda que llevaba al cuello, y con toda presteza tronchó la culebra y la mató, gozoso de llevar que comer aquel día y otros, que todos estos animales son sustento de los indios.

Hay una gustosa justa entre unos pájaros que los naturales llaman macaguá y una víboras pequeñas, de que son muy amigas estas aves; esta ave entremete el pico por las plumas de la ala, que le sirve como de rodela, y embistiendo con la víbora la da una fuerte picada, la víbora le da otra, y si se siente el pájaro herido arremete á unas matas que tienen el mismo nombre que el pájaro, y comiendo de aquellas ramitas vuelve á la justa, y cuantas veces se siente herido tantas vuelve a comer de aquella yerba, hasta que á picadas mata la víbora y se la come, acudiendo luego á su botica por la contrahierba, comiendo unos renuevos de aquellas matas, con que queda justamente mantenido, curado y vencedor. De aquí tomaron los naturales el uso de esta yerba para todo género de ponzoña, y aun hemos visto otros efectos buenos contra el dolor de cabeza, calenturas, ocupación de estómago y otras enfermedades.

 

Antonio Ruiz de Montoya

Fragmento (se ha respetado la grafía original). Con el título: “La Conquista Espiritual hecha por los religiosos de la Compañía de Jesús en las provincias del Paraguay, Paraná, Uruguay y Tapé” el padre Antonio Ruiz de Montoya (Lima, Perú 1585- Misiones 1652) encabeza la obra en la que deja testimonio de sus experiencias como misionero en tierras guaraníes. El presente relato es parte del libro “Misiones mágica y trágica” de Rosita Escalada Salvo y Rodolfo Nicolás Capaccio.

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