Me lo contó un policía (Basado en hechos reales)

Doña Julia

sábado 18 de marzo de 2023 | 6:00hs.

Por Luis Eduardo Benítez Comisario general (RE), Abogado

Allá por 1986-1987 trabajábamos en la comisaría de Puerto Libertad, dependiente de la Unidad Regional III Eldorado por ese entonces. Era la época de las camionetas Dodge 100; la localidad era aún pequeña donde todos se conocían. A dos cuadras de la comisaría vivía Doña Julia, una mujer de gran estatura, de unos 60 años, con potente voz y casi siempre con vestidos batones. Tenía un hermano con el mismo porte, muy conocido en el pueblo por ser el que “vencía” toda clase de dolencias, y también, según algunos, sabía hacer “curundú” para el amor.

Esta señora, una vez por semana, cuando caía la noche, casi indefectiblemente llegaba a la dependencia, preguntaba por el chofer (si no estaba, lo esperaba), luego se subía al móvil policial y partían para regresar a la hora u hora y media. A la segunda vez que vi esto, le pregunté al sargento Ferreira: ¿A dónde se dirigen?, a lo que me contestó: “Oficial, esta señora tuvo hace un año la desgracia de perder a su único hijo, desde entonces habló con el jefe y éste me ordenó que la lleve al cementerio cuando esta señora lo requiera; generalmente ella viene de noche porque prepara comida y dice que quiere ir a cenar con su hijo como lo hacían cuando él vivía; yo la llevo con el móvil y la espero en el acceso, ella se baja con la cena, va hasta la tumba y escucho que habla con alguien, luego de lo cual regresamos a la comisaría. Le confieso oficial que a veces me producen miedo estas cosas ocultas, pero es una orden del jefe y hay que cumplir, para colmo, el cementerio está alejado del pueblo en una zona de montes y pinares”. Pasado el tiempo dichos hechos se repetían, hasta que un día el sargento Ferreira me dice: “Le comento oficial, anoche llevé nuevamente al cementerio a Doña Julia, y al rato ella salió llorando y muy nerviosa, y al preguntarle qué ocurría, me contestó: mi hijo se sentó en la tumba y me dijo que lo deje descansar, que no venga más. ¡¡Me quedé helado oficial!! La señora no habló en todo el camino de vuelta, llegamos acá, se bajó y se marchó en silencio a su casa. Y ciertamente, todo el tiempo que permanecí prestando servicios en esa comisaría, jamás volví a ver a Doña Julia requiriendo el móvil policial. El sargento Ferreira (chofer), ¡¡¡re aliviado!!!

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