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A 174 años de la muerte injusta de enamorados

miércoles 22 de febrero de 2023 | 6:00hs.
A 174 años de la muerte injusta  de enamorados

El ex sacerdote de 43 años Ignacio Cherino, quien trabajó durante varios años en la ciudad petrolera de Comodoro Rivadavia ejerciendo su sacerdocio en el Liceo Militar, cambió su vida en forma total en plena pandemia al enamorarse y, decidido, dejó los hábitos y se fue a vivir en pareja con Gabriela.

Es profesor de historia y ejerce la docencia en la localidad de Temperley, cuando un buen día se le ocurrió presentarse en el programa “Los 8 escalones de los 2 millones”, emitido en la pantalla de El Trece bajo la conducción de Guido Kaczka. Si causó impacto que ganara en ese programa el premio mayor, mucho más en el momento en que reveló tener pareja, a la vez que señalaba a una agraciada mujer entre el público asistente.

Historia inusual, por cierto, al revelar detalles de su vida que empezara por su pasado religioso hasta este presente de amor, dando comienzo su relato diciendo: “Yo de joven fui a un colegio católico. Soy nacido en Mercedes, provincia de Buenos Aires y, al cumplir los 25 años de edad, participé en movimientos parroquiales y demás. Fue cuando decidí dejar mi profesión de profesor de historia e ingresé al seminario. Fueron 8 años de ministerio y 8 años de seminario, en definitiva 16 años de mi vida consagrados a la vocación sacerdotal, para luego conocer a Gabriela. Todo dio comienzo en medio de la pandemia al oficiar misas a través de Facebook, momento en que Gabriela me envió una solicitud de amistad. Nos relacionamos y tras eso hablamos a otro nivel. Viajé a conocerla y desde ese momento empezó nuestra relación”.

Cuando el conductor preguntó ¿Qué se siente estar en el confesionario siendo el cura? “Es una gracia de Dios muy particular –contestó- porque uno en ese momento no es más que un intermediario del amor de Dios y nada más y nada menos que eso. Fue una linda etapa mientras duró y jamás me imaginé que iba a conocer a Gabriela. Si algo tengo muy claro, es que Dios nos quiere felices y es lo que comparto con Gabriela, su hija y su hermano de 20 años. Hemos decidido formar una familia y por supuesto nos casaremos por Iglesia como manda Dios”.

Como acto final son felices. No así en parecidas circunstancias con lo ocurrido 174 años atrás en tiempos de la mazorca, cuando los infortunados Camila y Ladislao cometieron el pecado de enamorarse.

Él era un cura joven, serio y con esa timidez propia del provinciano que está lejos de su casa. Nacido en Tucumán y huérfano a temprana edad, por intermedio de su tío, el gobernador de la provincia, comenzó sus estudios clericales que lo llevó a ser sacerdote y emprender viaje a Buenos Aires. 

Camila O’Gorman, nacida en Buenos Aires, era hija de una familia francesa de gran influencia. Sus padres la criaron con valores de la época, en los cuales debía dominar todas las tareas domésticas y rezar el Santo Rosario diariamente.

Ladislao Gutiérrez comienza su tarea sacerdotal en la Parroquia del Socorro, a la cual asistía Camila, quien en ese entonces no alcanzaba los 20 años de edad. Ambos, en plena juventud de las miradas ardientes. Por eso, al verse y entrecruzar sus ojos, los jóvenes se enamoraron inmediatamente. Se amaron más allá de los dogmas de la religión, de las ideas políticas, de la moral de la época y de las leyes terrenas.

Esta unión generó diversas opiniones, que derivaron en escándalo nacional. Al enterarse de este suceso el Restaurador de las Leyes, Juan Manuel de Rosas, quien la conocía muy bien a Camila por ser íntima de su hija Manuelita, ordenó la detención de estos amantes, por lo cual ellos, decidieron huir para salvarse. Mientras Buenos Aires permanecía empapelada con la descripción de los fugitivos, iniciaron la fuga a caballo, novelesca si se quiere. Tras una escala en Luján, llegaron al pueblo de Goya en la provincia de Corrientes. Una vez instalados cambiaron sus nombres por los de Valentina Desan  y Máximo Brandier, abriendo la primera escuela del lugar. Según cuentan, los hizo muy queridos entre los pobladores. 

Formaron una pareja de románticos muchachos pobres y, como dice el refranero popular, siempre hay buey corneta cuando el pobre se divierte. El buey corneta resultó un cura irlandés de paso por el pueblo quien los denunció.

 La pareja fue detenida y trasladada a la cárcel de Santos Lugares en la provincia de Buenos Aires, donde permanecieron en celdas separadas esperando la decisión de Juan Manuel de Rosas. En el ínterin hubo una carta de Camila a su amiga Manuelita Rosas pidiendo que su padre se apiade de ellos. No hubo caso y la pareja fue sentenciada a muerte.

Antes, Ladislao envió una nota a su amada: “Camila mía: Acabo de saber que mueres conmigo. Ya que no hemos podido vivir en la tierra unidos, nos uniremos en el cielo ante Dios. Te abraza tu Gutiérrez”.

Enviados al patio trasero de la prisión en sillas y los ojos vendados, fueron fusilados a las diez de la mañana del 18 de agosto de 1848. Camila tenía 20 años y estaba embarazada de 8 meses, Ladislao 24.

-A veces tengo ganas de llorar. Sería mejor que fuéramos viejos y pudiéramos recordar, y contar…

-Tú no has nacido para esconderte, tú has nacido para amar.

“Para amarte”, le responde Camila a Ladislao.

Es uno de los diálogos de la película Camila, en la que se inmortalizó para siempre esa historia de amor, interpretados por Susú Pecoraro en la piel de la joven O’Gorman e Imanol Arias en la del sacerdote.

Entre medio, las últimas palabras: Camila pregunta: -Ladislao, ¿estás ahí?

-A tu lado, Camila…

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