El Doctor, exponente del trap real y la honestidad brutal para una poesía de la marginalidad
El rapero Pablo Toro (33), conocido artísticamente como El Doctor, proclama que entre su público están representadas “todas las clases sociales” y que en sus recitales “gente de plata y de la villa” terminan fundidos en “abrazos” porque “el trap es un estilo de vida”.
En una charla con Télam, el artista que ayer fue parte de la grilla del Festival Nación Urbana en el estadio Obras Sanitarias de Buenos Aires, indicó que: “Yo siento que el trap es el nuevo punk. El rap también es algo así, pero el trap es el que junta al heavy con la cumbia en un solo público, algo que pasa mucho entre la gente que viene a verme”.
El cantante nacido en Parque Patricios y criado en La Matanza es reconocido como exponente del “trap villero” o -como a él prefiere- “real trap”, que se nutre de sus propias vivencias para traducirlas, casi siempre, en barras controversiales sobre armas, sustancias y sexo, y por ello suele recibir críticas de algunos sectores.
“Mi música conecta con la esencia del punk rock del underground”, expresó Toro sin dar mucha cabida a la mala prensa.
Honestidad brutal, parece ser la ecuación que lo habilita a mostrarse tal como es, aún a riesgo de ser “cancelado”, algo muy en boga por estos días.
“Es difícil porque yo no actúo. Mi vida es una película de rap y trap. Estoy metido en eso ciento por ciento todos los días. Y es difícil porque yo no me echo atrás cuando hay un problema. No me vas a ver nunca asustado ni escondido debajo de la cama y eso también trae sus dificultades”.
Más de una vez debió resolver las diatribas con abogados, pero a esta altura asegura que están todos “solucionados”.
“Tengo amigos que están presos y veo pibes (de la escena del trap) que capaz quieren actuar y aparentar, pero cuando les toca vivir algo así no se la bancan”.
“Son situaciones de las que uno quiere salir, pero es difícil por estar tan metido en ese entorno. Lamentablemente, donde lo mires hay drogas, armas y groupies. La sexualidad también es algo que está muy metida en mi música. Me agarro mucho de eso también y, bueno, es todo real como parece”, señaló.
La diplomacia nunca será lo suyo y es por eso que es capaz de entregar, suelto de lengua, algunas definiciones que podrían ponerlo de vuelta en el ojo de la tormenta.
El rapero, que el año pasado tuvo su bautismo en los grandes festivales con el Primavera Sound Buenos Aires, confesó que sigue sin escuchar “música en castellano” y que sigue siendo fiel al “rap yankee” que influenció su búsqueda artística mucho antes de la explosión popular que atraviesa el género: “Sigo manteniéndome fiel al sonido de Chicago, a artistas como Chiraq y todo eso y también a la escena de Atlanta”. Al evocar sus comienzos en el rap en épocas en los que “ si eras menor no podías competir en las batallas de freestyle”, sostuvo que ya en ese entonces “rapeaba re afilado y re desquiciado”.
“En ese momento tenía la pila de un pibe de 14 años que a otra edad ya no tenés. Me gustaría ir a competencias porque es algo que nunca pude hacer. Con mi música tardé en ponerme las pilas hasta que un día lo pude hacer”, acotó.
¿Cómo te llevás con la aceptación que estás teniendo dentro de la escena, los que antes te miraban de reojo y te cerraban puertas hoy estén pendientes de lo que hacés?
Y es un flash. Todavía no me relajé pero sí que estoy trabajando y me esforcé mucho para que pase esto que está pasando ahora. Las cosas no iban a caer del cielo. Cuando grabé los temas y los subí a internet, sabía que tenía algo que nadie había hecho. Por algo estoy acá: porque mis temas y mi música son diferentes. No me copié tanto de mis ídolos, aunque sí es cierto que me marcaron e inspiraron.