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Navidad animal

sábado 24 de diciembre de 2022 | 0:57hs.
Navidad animal

Como pasa siempre, cuando se acercan las fiestas de fin de año los guardaparques nos reunimos para organizarnos y resolver cómo cubriremos las guardias en navidad y año nuevo en los puestos de las áreas protegidas; que suelen estar alejados de las poblaciones.

En los Parques misioneros las guardias las hacemos los guardaparques solos, sin familiares, como mínimo dos compañeros pero para las fiestas se queda uno solo; y quien cubre la guardia podrá traer a sus familiares. Es de esa manera que la navidad suele resultarnos mucho más agradable y de cierta singularidad.

Aquel año fui yo el de la guardia en navidad. Y entonces, al acercarse la fecha uno va haciéndose a la idea y va organizando la cosa. Por lo general los familiares se quedan casi toda la guardia en el Parque o por lo menos varios días, así que debe contemplarse su estadía: insumos, entretenimientos, planificación del trabajo teniendo en cuenta su presencia y todo aquello que tienda a brindar la mayor comodidad posible. Y todo eso conlleva cierto grado de emoción, hay que reconocerlo. La expectativa crece a medida que se acerca la navidad y los diálogos respecto a los pormenores del viaje, la comida, los regalos, etc., se apodera de la rutina previa a esa última guardia del año.

Fue así que me fui a trabajar saboreando la emoción de recibir a mi familia en el entorno mágico de la selva, el ámbito que escogí alguna vez para desarrollar mi vocación; el lugar donde transcurre la mitad de mi vida.

El 24 por la mañana llegaría mi esposa con los niños y su madre. Ya estaba todo dispuesto… y entonces el mensaje: ”Mamá se enfermó…”; “la tuve que internar…”; “no podremos ir…”

Digerir entonces las emociones derivadas: decepción, tristeza…la noche buena en solitario, un ser querido enfermo… la soledad que golpea y una solo copa en aquella cena navideña. Solo me entretenía la algarabía de unas comadrejas que parecían divertirse en un rincón del depósito contiguo a la vivienda.

Justo antes de las doce, aburrido, decidí intervenir en el bochinche del depósito. Tomé la linterna y me fui a averiguar a qué se debía el alboroto. Entré despacio y busqué guiado por los chillidos hasta que los encontré. Al ver la luz varios ejemplares huyeron velozmente. Solo quedó una hembra panzona, recostada en un rincón, como si estuviera herida. No hizo caso de mi presencia y maravillosamente comenzó a parir justo cuando sonaba un mensaje en mi celular.

La vida tiene esas cosas que a veces nos cuesta entender. El niño Dios nació allí –una vez más- ante mis ojos y renovó mi fe como jamás lo había sentido, al hacerme testigo de ese milagro de dar vida.

El mensaje en el celular era de mi esposa: “Feliz navidad. Te amo.”

                                                                                                             

Miguel Azarmendia

El autor reside en Posadas, Misiones.

4°  Mención Especial del Jurado en el

X Concurso Nacional de Cuentos Navideños de la

Fiesta Nacional de la Navidad del Litoral 2022

 

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