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La Navidad en la que Papá Noel no entregó regalos

sábado 24 de diciembre de 2022 | 0:53hs.
La Navidad en la que Papá Noel no entregó regalos

 

-No funciona- dijo al salir de su oficina con expresión desesperada.

Sus ayudantes palidecieron.

-¿Lo intentaste con la varita mágica que conseguimos? – preguntó Rufina.

-Lo intenté de todas maneras, nada resulta. No tengo imaginación, no siento el calor en mis manos -dijo el anciano con cara de preocupación.

El clima en el taller de juguetes era devastador. A esta altura del año el lugar debería estar lleno de música, trabajo, creatividad y risas.

-Bueno -dijo Gervasio, el asistente personal de Papa Noel, poniéndose en pie -Es momento de usar el plan de emergencia.

Todos abrieron los ojos impresionados.

-¡No, por favor! El plan de emergencia no – respondió el anciano. - No se implementa hace décadas, desde que...

-Si, es la última opción y estamos a pocas semanas de Navidad – interrumpió Rufina.-No tenemos más alternativa que convocar al Consejo Ultrasecreto de Niños Asesores.

Papa Noel suspiró profundamente y después de un largo silencio dijo:

-Saben que no me gusta involucrar a los niños en estos problemas. Quiero que ellos tengan una Navidad feliz y su regalo sorpresa.

-Justamente por eso, debemos buscar la solución y no hay nadie mejor que los niños con su creatividad e imaginación para ayudarnos. – Rufina sonaba convencida y decidida.

El anciano tomó el mate que le pasaron y asintió, aceptando que su ayudante tenía razón.

Gervasio abrió su computadora y leyó los nombres de los niños integrantes de la comisión:

-Constanza, la niña que juega todas las tardes en la plaza. Mateo, al que encontraremos jugando al fútbol en la cancha del barrio todos los fines de semana y Maitén, quien saca a pasear a su perrito junto a su mamá por el barrio.

Los asistentes pusieron manos a la obra y al cabo de unos minutos ya se habían comunicado con los papás y las mamás de los chicos. Media hora después, el exclusivo grupo del consejo estaba reunido en la oficina de Papá Noel. Después de saludarlos, el anciano se aclaró la garganta y les dijo:

-Bueno niños, los convocamos porque estamos en una situación de emergencia. Tenemos un problema grave y debemos encontrar una solución antes de Navidad.

Los niños se miraron intrigados. Luego de una pausa, prosiguió.

-Hace dos días desperté y al ponernos a trabajar en el taller me di cuenta que... PERDÍ MI MAGIA. – El anciano se dejó caer en su gran sillón giratorio y continuó:

-La magia es la que me permite imaginar los juguetes exactamente como los desean los niños para poder fabricarlos. Además, es con la magia, como puedo llegar a millones de hogares en una sola noche. Hace dos días dejó de funcionar y el ya no podemos trabajar.

-Chicos -  dijo Gervasio. -Como verán, es una situación urgente y contamos con su ayuda para buscar la solución ¿Qué sugieren?

Los niños estaban atónitos. Era la primera vez que les tocaba ejercer tan importante función. Luego de un rato de reflexionar, Constanza rompió el silencio y dijo:

-Creo que podemos pedirle ayuda a mi abuela. Cada vez que algo no anda bien, ella nos prepara algún té con los yuyos que conoce y en seguida nos recuperamos.

- Vamos – dijo Gervasio. No hay tiempo que perder. Vayamos a lo de tu abuela.

Al llegar, luego de contarle el problema, la abuela Rosa les indicó que prepararan un tereré con cocú, hojitas de pitanga y un yuyito que cosechó de su huerta.

-Nunca escuché un problema semejante, pero esta es mi receta especial y creo que podría ayudar – dijo la abuela despidiéndolos con un beso y un fuerte abrazo.

Ya en el taller, Papá Noel bebió varios tererés. Su expresión iba cambiando. Se lo veía más contento.

-Bueno gurisada. Creo que este tereré está buenísimo. Es muy refrescante y me encantó compartirlo con ustedes, pero lamentablemente, no estoy recuperando mi magia.  

Mateo, que había estado pensativo, se paró de repente y caminando por la sala les dijo: 

-Se me ocurre algo. Cuando estoy un poco pichado o no tuve un buen día en la escuela, me voy a jugar un rato al fútbol con mis amigos y después me siento mucho mejor. Creo que un partidito podría devolverte la magia y la alegría.

Les pareció buena idea, juntaron el tereré, una pelota y salieron a la cancha del barrio. Papa Noel y los niños contra sus ayudantes. Gervasio hizo un golazo, Maitén le pegó en el arco. Papá Noel atajó un pelotazo de Rufina y todos terminaron tirados en el pasto riéndose a carcajadas, exhaustos. De regreso, mientras caminaban, Papá Noel les dijo:

-Fue una idea genial Mateo, la pasamos muy bien, pero lamento decirles que aún no volvió mi magia.

Siguieron caminando pensativos y después de algunas cuadras, Maitén les comentó

-¿Saben qué? Cuando estoy un poco aburrida o triste, vamos con mi mamá a la chacra de mi tía, alimentamos a los chanchos, las gallinas y cuidamos la huerta. Siempre me siento mucho mejor al regresar. ¿Y si vamos?

Fue así como se subieron a las bicicletas del taller y pedalearon hasta la chacra de Luisa, quien encantada les repartió las tareas que estaban pendientes. Alimentaron a los animales, sacaron yuyos de la huerta y juntaron algunas mandarinas que quedaban en los árboles. Luisa les invitó unas ricas chipas para la merienda. Disfrutaron muchísimo, Papá Noel se alegró, pero su magia, no volvió.  

Mientras volvían al taller, Constanza dijo:

-Ya no se me ocurre nada, si mamá y papá estuvieran acá, les preguntaría a ellos.  

En ese momento, los tres niños se miraron y dijeron al mismo tiempo: ¡Podemos pedirle ayuda a nuestros padres!

Papa Noel y sus ayudantes los miraron extrañados. Constanza explicó: 

-Cada papá y mamá, escucha a sus hijos durante semanas hablar de sus regalos, pueden venir y describírtelos con precisión. Luego, cada uno de ellos, podría retirar el presente y así, entregarlo a sus hijos. Así, aunque no llegues a todos los lugares del mundo en una noche, cada niño recibirá su obsequio bajo el árbol de Navidad.

El anciano los miró impresionado. Le pareció una locura, nunca antes había delegado tanto su trabajo, pero tenía que reconocer que era una idea brillante.

-¡Me parece genial! Pongamos manos a la obra.  

Así fue como los tres niños hablaron con sus padres y éstos, a su vez, con sus vecinos y con los padres de los niños y niñas que iban a la misma escuela. Usaron los mensajes de texto, el email y hasta algunos enviaron cartas certificadas para que todas las mamás y papás del mundo estuvieran enterados, de que en esta Navidad, colaborarían con Papá Noel en la fábrica y la entrega de regalos. Uno a uno visitaron el taller y explicaron con mucho detalle, cómo debía ser el regalo de sus hijos, el color, el tamaño, etc.

El anciano y sus ayudantes los fabricaron, los entregaron y enviaron para que los guardaran hasta la noche de Navidad. El 24 de diciembre, a las 20 horas, salió del taller la última mamá llevándose los paquetes para sus hijos.

-Bueno, misión cumplida. Esta noche, por primera vez, nos podremos quedar en el taller y hacer un rico asadito para celebrar la Navidad con una cena -dijo Gervasio.

Los demás sonrieron cansados, aceptando la idea con alegría.

Durante la cena, cerca de la hora del brindis, sonó el timbre enérgicamente. Papá Noel abrió la puerta y muy emocionado vio a Constanza, Nico y Maitén con sus sonrisas enormes:

-¡Feliz Navidad Papá Noel! – lo abrazaron fuerte y les entregaron tres obsequios: una jarra para tereré, una pelota de fútbol y un sombrero para cubrirse del sol en sus paseos.

                                                                                                            

Yamila Andrea Koniecki.

La autora es de Posadas, Misiones.

2°  Mención Especial del Jurado en el

X Concurso Nacional de Cuentos Navideños

de la Fiesta Nacional de la Navidad del Litoral 2022

 

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