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Un lugar para festejar

sábado 24 de diciembre de 2022 | 0:51hs.
Un lugar para festejar

El viejo calendario agoniza despojado de casi todas sus hojas y un encendido diciembre anuncia el ocaso de un tiempo viejo, vislumbrando la esperanza de un nuevo año. En esa última hoja, el cumpleaños de Jesús pinta de rojo un feriado en el que la invitación reza para todos y en todos lados se preparan. Comercios que se llenan de panes dulces, turrones, regalos y miles de Papá Noel para anunciar una nueva Navidad.

María y José también piensan en esa fecha. Habían formado su familia en una ciudad cercana a los esteros, en el corazón mismo de la vasta planicie correntina, en la que aún se observan las huellas de los incendios que arrasaron la flora y la fauna del lugar.

Cada año la familia es anfitriona de la cena de Nochebuena en la que parientes y amigos se acercan bulliciosos para festejar la Navidad. Comidas, bebidas, regalos, bailes, bombas de luces multicolores y festejos por doquier, es el común denominador para que todos pasen bien.

Pero este año, por todo lo pasado, decidieron vivir algo diferente, querían festejar realmente el nacimiento del Niño Dios. Unos días antes avisaron que no podían organizar el festejo argumentando arreglos en la casa y aunque no lo esperaban, ninguno de sus otrora invitados les devolvió la gentileza.

Se lo dijeron a su pequeño hijo, Emanuel, que con sus pocos años ya pensaba en los regalos de Papá Noel, que esta sería una Navidad diferente, que no habría fiesta en la casa y pasarían solos.

- ¿Qué te parece si esa noche salimos a buscar a Jesús? ¿Quizás podamos encontrarlo en algún lugar?  – le habló el papá.

- ¡Y de paso le llevamos un regalo! – agregó María.

El niño los miró sorprendido y con las manos en la cintura les preguntó:

- ¿Y cómo lo vamos a hacer, papá? ¿dónde lo vamos a buscar? ¿Lo encontraremos pequeñito o grande?

- Eso déjalo por nuestra cuenta… vamos a vivir una navidad diferente.

Llegado el día, prepararon pizzas, tortas fritas, chipitas, empanadas y además varios regalitos. Cuando las primeras sombras comenzaban a instalar la noche santa salieron a buscar a Jesús, que seguramente andaría festejando su cumpleaños en las casas vecinas.

Y salieron con lo mejor de sí en sus corazones, siguiendo la estrella que guiaba sus vidas, querían saludar al maestro y dar gracias al Salvador por tanta protección en los peores momentos de los incendios.

Luces y brillo por doquier, gente comprando sin cesar.  En los hogares todo es fiesta, pero al de cumple no lo ven.

- Mirá la cantidad de regalos que llevan allí, ¿le preguntamos si alguno es para el Niño? – dice María.

- Son regalos para la familia - obtienen por respuesta.

Comienzan a preguntar en algunas casas. Los miran desconcertados, otros ríen y unos pocos contestan:

- ¡Este año no pudo venir! - y siguen riendo.

- ¡Festejamos en su nombre! – agregan otros mientras continúan bebiendo y comiendo.

- ¡Aquí no está! – responden en otra casa.

Mientras tanto, la música y la algarabía no cesan, acentuándose más a medida que se acerca la medianoche. El cansancio les gana y entre ellos intercambian hipótesis:

- ¿Estará en la plaza?, ¿o en alguna iglesia? -Solo hay bullicio y del Niño nada.

- ¿Qué hacemos con nuestro regalo?

Se sentaron en un banco de la plaza, las estrellas brillaban como nunca, y allí decidieron pasar el cumpleaños del Hijo de Dios. Emanuel estaba triste, quería haberlo saludado y no lo pudieron encontrar. Desde allí vieron a la gente salir de la Misa de Gallo, casi corriendo para ir a festejar, algunos parecían tan felices que quizás habían visto al mismísimo Niño Dios.

Sentado en otro banco del centro de la plaza observaron a un anciano. José  caminó hasta él para invitarlo a compartir la cena. El hombre se acercó lentamente y se sentó en el suelo, muy cerca de Emanuel. Lucía barbado y con la ropa muy deteriorada pero limpia.

- ¿Has visto a Jesús, el que cumple años hoy? – preguntó el niño y agregó:

-  Lo buscamos en todas partes y no lo pudimos encontrar.

El hombre tomó los alimentos que le ofrecía María, los bendijo y mientras comía un trozo de torta frita, tomó las manos del niño y con una mirada de amor infinito les dijo:

- Hermanos, no lo busquen afuera, en el ruido o en los festejos desenfrenados... Búsquenlo en el silencio de sus corazones, en aquellos que sufren, en los que no tienen hoy una mano que los acaricie, en los que tienen hambre, en los ojos de los niños… allí lo van a encontrar.

Luego los abrazó y agradeció por la invitación, se puso de pie y se fue caminando, por una de las callecitas de la plaza, no sin antes acariciar la cabeza del niño.

Cuando José reaccionó, corrió para alcanzarlo seguido por Emanuel.

- ¡Eh, Jesús...espera! ¡Olvidaste tu regalo!

Ya era tarde, el hombre había desaparecido en el misterio de esa Nochebuena.

Mientras regresaban, varias familias habían llegado con sus hijos y comían junto a María. Allí pudieron ver la felicidad en los ojos de esos niños cuando abrían sus regalitos.

Comieron, jugaron, hicieron rondas y cantaron villancicos. Era una hermosa noche de Navidad, diferente a todas las que habían vivido.

Apenas quedaron solos, María, José y Emanuel se abrazaron mirando al cielo al tiempo que Emanuel les comentaba:

- ¡Qué raro!  Sentí que algo me quemaba en el pecho cuando el hombre nos abrazó.

-  Fue como un abrazo de fuego y amor que ardió en nuestros corazones – expresó María.

José se había quedado mudo. Estaba seguro de que, por primera vez en su vida habían estado con Jesús en su cumpleaños. Solo los abrazó y con un hilo de voz les deseó emocionado

-  ¡Feliz Navidad!

Un beso y un abrazo sellaron ese momento vivido en el que Jesús anduvo por la tierra, buscando lugares para festejar su cumpleaños. Mientras tanto, del lado de los esteros, el canto de las ranas le ponía música a esa maravillosa noche de paz y amor.

                                                                                                             

José Albino Pereyra.

El autor es de Virasoro, Corrientes.

1°  Mención Especial del Jurado en el

X Concurso Nacional de Cuentos Navideños

de la Fiesta Nacional de la Navidad del Litoral

 

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