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La política enferma

domingo 11 de diciembre de 2022 | 6:00hs.
La política  enferma

El miércoles 7 hubo un golpe de estado en el Perú. En realidad fue un autogolpe de dos horas del Presidente contra el Congreso –del Poder Ejecutivo contra el Legislativo– porque el Congreso pretendía ese mismo día declarar la incapacidad moral permanente de Pedro Castillo para ejercer la presidencia, y lo hacía por tercera vez desde que inauguró su período hace 16 meses. Castillo estaba seguro de que esta vez lo iban a destituir porque el martes se supo que dos ministros le pagaron buena plata para que no los eche y también se supo que el mismísimo Castillo había coimeado a algunos congresistas para que voten a su favor en los intentos anteriores de declarar la vacancia por incapacidad moral.

Castillo se adelantó al Congreso, y a las 11.42 de la mañana, en un mensaje a la nación, declaró a su gobierno en excepción, instauró el estado de sitio, disolvió el Congreso y decidió gobernar por decreto hasta que se elijan nuevos congresistas que tendrían la misión de reformar la constitución. Dos horas después el Congreso había destituido a Castillo y lo mandaba a buscar con la policía antes de que llegue a la embajada de México, donde intentaba asilarse. Al mismo tiempo le tomaba juramento a su vice como nueva presidenta del Perú. Ahora Castillo está preso y andan buscando a otros golpistas para procesarlos, pero no hay tantos porque la debilidad de Castillo era tan evidente que ya se le habían dado vuelta hasta los más cercanos.

El Congreso del Perú tiene autoridad legal, pero ninguna autoridad moral para destituir al presidente. Lo que pasó el miércoles en Lima fue una pelea de corruptos ganada por el más astuto: quiero decir que la corrupción no está en un solo poder del estado peruano porque son todos cómplices del mismo delito. Desde 1985 a nuestros días solo uno de los expresidentes peruanos no está preso, ni exiliado, ni procesado: el que duró cinco días. Y el que no está ni preso, ni exiliado, ni procesado, se suicidó para evitar la condena...

Al conocer estas noticias, Inés San Martín, una periodista argentina que cubrió la visita del Papa al Perú en 2018, citaba unas palabras de Francisco: “La política está enferma, está muy enferma y hay excepciones, pero en general está más enferma que sana. ¿Qué pasa en Perú que todos los presidentes van a la cárcel?” y agregaba que para ella esa sigue siendo una de las frases más grandes y menos citadas de Francisco y recordó también que los periodistas no lo informaron porque el Papa lo dijo a los obispos peruanos mientras los periodistas se dirigían a la misa de clausura de su visita.

El caso del Perú es un paradigma, representa a toda la política latinoamericana y también a gran parte de la política mundial. Tal como lo dijo Francisco, está claro, por lo menos para mí, que miraba al Perú y a sus expresidentes presos, pero se refería a la política en general. Algo de culpa de lo que pasa en el Perú la tiene la polarización y quizá también el sistema constitucional híbrido entre presidencial y parlamentario, que permite al Congreso las mociones de vacancia, equivalentes a las de censura de los parlamentarismos europeos.

La política de nuestra América está enferma porque cayó en el remolino del crimen organizado, que es hoy el que tiene la billetera más gorda y ningún escrúpulo para comprar impunidad. El poder está contagiado de ilegalidad y ya no tiene vergüenza para mostrar obscenamente su trapacería, sus contradicciones, sus malversaciones, su lucha por el poder solo para detentar el poder, que es impunidad. Mientras, los ciudadanos asistimos a ese lamentable espectáculo como testigos acostumbrados.

Como dice el Papa, hay excepciones, pero nadie está en condiciones de decir cuáles son.

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