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Historia y militancia

miércoles 07 de diciembre de 2022 | 6:00hs.
Historia y militancia

El 17 de noviembre pasado se recordó el Día de la Militancia Peronista. Un militante según el diccionario, es quien milita o participa de forma activa en algo, especialmente en un partido político, asociación o movimiento y como tal, puede ser a favor o en contra de ese algo. Con este aserto se deduce que para los muchachos de los 70, sin excluir a nadie, fue el individuo idealista y solidario que luchaba or lograr la igualdad de oportunidades para todos y en aplicar la Justicia social dirigida a proteger a pobres y desamparados. Siempre, dentro del marco legal de una patria libre, democrática y soberana, aclarando que en Misiones nunca hubo guerrilla ni guerrilleros.

En recuerdo de tan noble y generoso pensamiento, impronta emblemática de tantos muertos y desaparecidos, dejo para el amigo lector el análisis comparativo del idealismo de aquellos militantes con los actuales punteros barriales que hacen activismo por interés personal o por la paga de inescrupulosos políticos que bastardean la política. De paso, comprenderán que, los individuos que aún hacen militancia pura, son raros ejemplares de una fauna en extinción.

Tanto esta clase residual de jóvenes idealistas, como aquellos de los setenta, merecen el respeto y la consideración de la sociedad y de los honestos políticos que a Dios gracias siguen apareciendo, cuya responsabilidad histórica será la de crear esperanzas y concretar la utopía definitiva de los verdaderos cambios sociales, económicos y de honradez que el país necesita.

Si de protagonismo se trata, debe reconocerse que la militancia de los setenta no solo pertenecía a los muchachos peronistas. Los había jóvenes radicales, desarrollistas, socialistas…, entre otros tantos libres pensadores que disputaban espacios en la contienda barrial y callejera por irradiar sus sueños y utopías. Eso sí, cada fracción en pugna conservaba su propia identidad ideológica sin perderla ni mimetizarse con otras, nada más, que la diferencia estribaba en la cantidad de adherentes y en la voluptuosidad de las manifestaciones de los distintos grupos; y entre los muchachos peronistas se agrupaban aquellos que respondían a sus referentes juveniles de los cuales muchos ya no están: Tony Brousse, Pololo Dávalos y el trípode de la JP de la Tendencia Juan Figueredo, Arturo Franzen y Rubén Zaremba.

Ahora bien, la historia según los entendidos no versa sobre las cosas o personas en sí mismas, sino sobre sus acciones y los resultados de éstas. Describe los hechos, los sucesos, y los acontecimientos en un contexto de época determinada. Y si estamos involucrados, como decía Ortega y Gasset, somos nosotros y nuestras circunstancias.

Si la historia es el resultado de las acciones de los hombres y estos desaparecen, entonces, a partir de sus ausencias es otra la historia. Siguiendo el razonamiento, deberíamos hacer un acto de contrición in pectoris y preguntarnos: ¿qué opinión tendrían nuestros mártires de ayer con la presente situación de nuestro país en lo concerniente a su realidad política, económica y principalmente en la aplicación de la justicia social dirigida a contener y proteger a los más humildes, a los parias y carenciados? ¿Estarían de acuerdo con la falta total de identidad e ideologías que exponen sin ningún tipo de escrúpulos políticos del momento que se muestran hoy en un partido, mañana allá y pasado acullá?

Son hombres sin principios, oportunistas de la política. Y bien se sabe que los oportunistas, igual que los fenicios, no tienen principios, solo intereses. Es como socarronamente Groucho Marx se autodefiniera mimetizándose con ellos: “Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”. Conceptos que le cae como sayo a conspicuos diputados, concejales y variopintos personajes de la fauna política local y nacional, que algunos descaradamente hasta se animan a consideran como una nueva forma de hacer política.

Para cerrar el concepto, una disquisición basada en la ucronía, que no es más que la imaginación contraria a la realidad de los hechos concretos, es decir, si en un punto de partida la historia hubiera tomado otro sendero, ¿en qué condiciones estaría nuestro país de tener actualmente en la actividad cotidiana a tanta gente pensante, que fueron aniquiladas, precisamente, por ser pensantes?

La contestación, evidentemente, es pura imaginación, pero las respuestas que debelará la incógnita deberán darla los actuales militantes. Es lo justo.


Por Rubén Emilio Tito García

rubengarcia1976@live.com.ar 

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