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Cococho de Instituto

lunes 05 de diciembre de 2022 | 6:00hs.
Cococho de Instituto

El Mundial de Qatar ha brindado una bocanada de alegría a la gente. El triunfo 2 a 1 frente a la selección australiana colocó al equipo argentino entre los ocho mejores del campeonato. Para salir campeones hay que ganar tres partidos, ojalá se dé, es el último Mundial de Messi y debe ser el único trofeo que hasta ahora no pudo ganar.

Como todo el mundo habla de eso, echemos a una mirada al fútbol doméstico, al de cabotaje que ahora está en modo no pasa nada.

Ha sido un buen año para los equipos cordobeses. Talleres, que juega en primera, llegó a las instancias finales de la Copa Argentina. Belgrano e Instituto lograron el ascenso y el año próximo jugarán en la máxima división. Racing de Córdoba, por su parte, obtuvo el pase para jugar en el Nacional B.

Pepe era cordobés, Juancho sanjuanino, Ciruja y Pichón eran de la provincia de Buenos Aires. Se conocieron en una fábrica de electrodomésticos donde trabajaban y concretaron una linda amistad. Cuando se juntaban, salían a divertirse o compartían veladas gastronómicas. La fábrica quebró, Pepe decidió regresar a su provincia al igual que Juancho y los otros dos permanecieron en Buenos Aires. No perdieron el contacto y en las vacaciones se juntaban en la casa de alguno.

Los formatos de los campeonatos de fútbol por entonces, eran distintos de los actuales, donde todo se programa de acuerdo de los intereses de la televisión y el negocio que todo eso genera.

En las vacaciones los jugadores de antes se iban a Mar del Plata o a Pinamar, abandonando por la general la dieta estricta que cumplían durante los campeonatos. Mientras que ahora se van una semana y media a una isla paradisíaca, para reincorporarse a la pretemporada y el torneo que comenzará pronto.

En unas vacaciones, Juancho, Ciruja y Pichón coincidieron en la casa de Pepe, en la capital cordobesa. De allí iban a las sierras, a los arroyos, que los cordobeses llaman ríos, con el pretexto principal de juntarse. Una noche de sábado, el Ciruja se despacha:

-Qué ganas de ver un partido de fútbol, ¿no hay nada Pepe?

–Creo que no, pero dejame averiguar.

–Parece que en la cancha de Instituto hay un partido de pretemporada, juegan Racing de Córdoba y Estudiantes de Río Cuarto, pero es sólo un amistoso.

–¡Vamos! -dijeron los cuatro.

–Es un amistoso, esos partidos suelen ser un bodrio -se adelantó Pepe para evitar reproches posteriores.

Entre risas y cargadas abordaron el colectivo hacia Alta Córdoba y contrariamente a lo que suponían, el marco de público era mucho mayor al esperado. Compraron las entradas en las boletarías del estadio y se tuvieron que ubicar detrás de uno de los arcos porque faltaba poco para el inicio y la cancha estaba ocupada en un 90%. Pichón, rápido de reflejos, le dice al anfitrión:

–¿En Córdoba no hay espectáculos, que la gente viene a ver un amistoso de fútbol el sábado a la noche?

–Yo vine a tomar cerveza -contestó Pepe.

El partido era aburridísimo de verdad, el espectáculo era el público, que empezó por alentar a Instituto, que no jugaba. En la parte alta de la tribuna donde estaban los amigos se ubicó un gordo que fue la estrella de la noche sin jugar, con sus comentarios irónicos y graciosos.

Cococho se llamaba, así le decían sus amigos, mientras se pasaban el recipiente lleno de cerveza más caliente que espumante. El hombre, haciendo gala de su histrionismo, parecía un personaje de café concert, era muy rápido para comentar lo que acontecía en la tribuna y en el campo de juego:

“¡Uyy mirá quién entra, Zolórzano, ese está más gordo que yo, que ya llevo 10 años retirado del fulbo! ¿Estudiantes de Río Cuarto es del secundario o de la universidad? ¡Tiene menos hinchas que la bandita de mi barrio! ¡La gente de la Gloria parece que no cortó el pasto desde el mes de noviembre, así que no se les ve a los jugadores! ¡Pagamos platea y estamos tomando cerveza caliente, no llegó el repartidor de hielo! ¡Seguramente pensaron que no iba a venir nadie a la cancha y hasta doña Chirula con sus nietos apareció! Si el primer tiempo es malo, me imagino lo que debe ser el segundo, cuando entren los suplentes, creo que me voy antes a mirar la novela mexicana”.

Así estuvo Cococho todo el primer tiempo, hablando en voz alta y haciendo reír a la gente con sus comentarios. El calor era insoportable como la cerveza caliente. Siempre en los partidos aparece alguien que tiene esa chispa para hacer comentarios, tanto de la gente como de los mismos jugadores. Empezó el segundo tiempo y el tipo, sabiendo que tenía audiencia, no paraba de hacer comentarios.

–¡Ahí van a hacer un cambio; no, ese pensé que lo habían rajado de Racing; le falta pique, gambeta y gol!

Viene un avance hacia el arco donde estaban los amigos, el mediocampista le pasa la redonda al recién ingresado y éste la tira tan alto, ¡que el balón sale por encima de la tribuna hacia los techos de la casa de algún vecino!

Cococho no se la dejo pasar: “¡Vieron que les avisé no es malo. Es malísimo! ¡Flaco, pedí el cambio, lo tuyo no es el fútbol, anda a pedir laburo en la línea 26, vos sos colectivero de alma!

Los técnicos seguían haciendo cambios y el hombre de la tribuna replica: “¡Paren un poco, jueguen a la pelota, pagamos la entrada para ver un partido, no un campeonato de barrio. Si no, devuelvan la guita!”.

Como para cerrar la noche, pasó caminado por el pasillo ubicado detrás del arco un hombre con un canasto, expresando a viva voz:

–¡Alfafores, muchachos!

Cococho desde lo alto le pregunta:

-¿Qué vendés, varón?

–¡Alfafores, muchachos!

-¿Que vendés, varón?

–¡Alfafores, muchachos!

-¿Que vendés, varón? -de nuevo.

El señor, al que le faltaba un diente, mira hacia lo alto, lo identifica al gordo, se tapa con un dedo el espacio donde no estaba su diente, y le contesta:

–¡Alfajores y la p… que te parió!

Terminó el partido, se fueron todos disconformes con el espectáculo. Mientras caminaban saliendo del estadio, Juancho les dice a sus amigos “vamos a una cantina donde tengan empanadas y cerveza fría. La cancha un desastre, un robo a la gente, pero a mí me pagó la entrada el gordo Cococho con sus comentarios”.

Estuvieron todos de acuerdo.

Por Ramón Claudio Chávez
Ex juez federal

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