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Pinceladas de historia

Habiyú, primer pintor guaraní de las Misiones Jesuíticas

domingo 04 de diciembre de 2022 | 6:00hs.
Habiyú, primer pintor guaraní  de las Misiones Jesuíticas

Los historiadores de las Misiones Jesuíticas consisten en señalar el notable influjo que sobre el pueblo guaraní ejercieron las imágenes religiosas. Lo llamativo es que en su cultura ancestral esta cultura no era fetichista ni adoraba ningún tipo de iconografías. Pero, según los propios escritos dejados por los curas que misionaron por esta región, las imágenes que portaron los primeros sacerdotes los deslumbraron. Por ello, el P. Ruiz de Montoya, uno de los sacerdotes de la primera etapa de la evangelización llamó “la Conquistadora” a la tela que llevaba como estandarte en sus prédicas. La misma era una pintura de los Siete Arcángeles cuyo autor era el Hermano Luis Berger. Esa pintura por sí sola consiguió el milagro de la aceptación de la conquista espiritual del pueblo guaraní. El P. Roque González también portaba una semejante en su etapa evangelizadora de los tantos pueblos fundados por él. Cuando fue asesinado en el Caaró por un cacique llamado Nezú, junto con él fue quemada su pintura por temor al influjo que podría despertar entre los indios del lugar.

Pero los guaraníes no sólo fueron evangelizados a partir de esas imágenes sino que pronto dieron muestras de ser buenos intérpretes de sus propias obras. Es el caso de una pintura que un indio guaraní de Itapúa, discípulo del Hermano Luis Berger realizara en 1618, la Virgen de M. Habiyú. Es la pintura más antigua de la Provincia Jesuítica del Paraguay que llegó íntegra hasta los tiempos actuales. Consiste en un retrato de la Virgen María que se conoce con el nombre de su autor, la Virgen de Habiyú. Se conserva en el Museo de Luján y fue restaurada en 1992 cuando se descubrió la inscripción original al dorso: “M Habiyú fecit. Itapúa, 1618”. Es importante aclarar que Itapúa, que luego fuera Encarnación, fue fundada por el P. Roque González donde hoy se erige la ciudad de Posadas, donde permaneció por más de un lustro entre 1615 y 1621. Por consiguiente el primer pintor guaraní del que tenemos noticias vivía en el mismo suelo que hoy pisamos. Según Darko Sustersic, el principal historiador del Arte de las Misiones, es probable que Habiyú haya sido un experto en pinturas corporales y pintor de máscaras, arte shamánico que caracterizaba al pueblo guaraní antes de la evangelización jesuítica.

Probablemente el modelo elegido por Habiyú, siempre siguiendo a Sustersic, haya sido una Virgen o Verónica, traída de España y llevada por los jesuitas al Colegio de Córdoba a fines del siglo XVI. La de Habiyú es una pequeña tela de 20,2 cm por 24 cm que fue propiedad de la familia Trelles a fines del siglo XIX, traída del Paraguay. Luego la compró la familia Peña y de allí fue donada al Museo de Luján. Fue reproducida en varias oportunidades en revistas de Arte en los años 1934 en una Exposición de Arte religioso, en 1946 en el cuaderno XX de los “Documentos de Arte argentino”, en 1975 por la historiadora paraguaya Josefina Plá en su obra “El barroco hispano-guaraní”, en 1980 por Adolfo Ribera en un artículo sobre “la pintura en las misiones jesuítico-guaraníes” y en 1993 por Sustersic en “la imaginería y el patrimonio mueble”.

Durante su restauración, con rayos infrarrojos se descubrió, además de la inscripción de la factura de Habiyú, un diseño preparatorio para la obra final que Sustersic asegura ser del Hermano Luis Berger, probable maestro de Habiyú. Para este historiador es muy llamativa la concentración puesta por el autor en la mirada de la Virgen. Indica que “la fuerza de ese mirar supera a cualquiera otra pintura colonial o misionera”. Esta obra ha inspirado a Darko Sustersic a demostrar su constante hipótesis de que los guaraníes de las Misiones Jesuíticas no eran simples copistas como tanto tiempo se difundió en el mundo del arte hispánico en América. Complementa su hipótesis sosteniendo que en el arte guaraní-jesuítico los indígenas impusieron su propio estilo fundado en su cultura ancestral como la comunicación visual entre la obra y el observante, muy propio de las esculturas y las pinturas de los tiempos de las Misiones.

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