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Susuarano

domingo 13 de noviembre de 2022 | 6:00hs.
Susuarano

Este es uno de esos tantos relatos que se van transmitiendo de abuelos a nietos, así Paulina lo trajo del Brasil y se lo contó a Iris, ella se lo contó a Lidia y Lidia a Claudia y seguirán en nuestros recuerdos familiares junto a lo que ya no están.

En una de esas calurosas noches misioneras, iguales a las del querido Brasil, todos nos sentábamos en el corredor hasta altas horas, entonces comenzaban a surgir los relatos asombrosos a raíz de las travesuras infantiles ocurridas durante el día.

...Dice que muy, dentro del monte vivía una familia oriunda del Brasil que tenían cinco chicos ellos habían venido a trabajar la tierra y forjarse un porvenir, los vecinos más cercanos vivían a kilómetros de la casa imposible calcular con exactitud la distancia por la espesura del monte. El padre de la familia Joao, se había ido a comprar unas provistas y tardaría días en regresar.

Renata la madre, estaba esperando familia y la acompañaban sus hijos, dos varones grandecitos de unos catorce y trece años, José y Negrao, quienes tenían la recomendación de su padre de portarse bien en su ausencia; también había una niña de once años, Chica y los chiquitos de cinco y tres años, Tito y Reinaldo.

Chica ayudaba a Renata, lavaba la ropa, limpiaba el piso hasta que las tablas quedasen blancas, como es costumbre hasta en las más humildes casas brasileñas hacía todo con mucho esmero era muy guapa.

José y Negrao, aprovechando la ausencia de su padre, comenzaron a darle disgustos a su mamá, no trabajaban en la chacra, no atendían a los animales, ni hablar de picar leña o sacar agua desde las vertientes a la casa.

Solo andaban vagando por el monte, persiguiendo y matando a cualquier animal que se les cruzara. Los reproches de la madre recibían como respuesta insultos y groserías. Tanto disgusto ocasionado a la madre, quién estaba esperando un bebé, la dejó postrada soportando las mil y una de los gurises.

Una noche, estando Chica atendiendo a su mamá les pidió a sus hermanos que cuidaran el fuego, ellos en lugar de ayudar le propinaron una paliza con una vara de “uña de gato” entre el llanto de Tito y Reinaldo.

Pero entre tanto se escuchó una voz que estremeció el monte, hasta calar los huesos ¡pare rapaizada! ... ¡agora vocé vai sofré o que a su a mae está padecendo! La aparición del Susuarano era terrible, tras esa maraña de pelos se escondía un ser atroz, imposible de descubrir, con un olor nauseabundo. En el acto, José y Negrao quedaron inmovilizados y comenzó su tormento, todas las penurias de su madre las sufrieron ellos, sumado a una paliza con tizón y ortiga, picadura de marimbondos en la espalda hasta que suplicaron perdón de rodillas, jurando jamás repetir tal comportamiento, eso sí, los cabellos les quedaron enredados como los del Susuarano para que no vuelvan a cometer otro desaforo...

Todos los niños tienen que ser educados y respetuosos, repetía la abuela, porque el Susuarano está vigilando hasta alta horas de la noche.

 

El relato es parte del libro Antología de Escritores Sanvicentinos.

Claudia Flieger

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