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Zulema y Posadas

viernes 11 de noviembre de 2022 | 6:00hs.
Zulema y Posadas

El pasado día 8, la ciudad de Posadas festejó ciento cincuenta y dos años de vida institucional -o de fundación oficial-, en la plazoleta de la avenida Mitre y Buenos Aires, donde en 2019 se inauguró el Memorial de la Trinchera de San José. Se realizó un emotivo acto y se reconoció a destacados vecinos y vecinas de la ciudad, entre ellos estaba Zulema Esquivel.

Fue la última en llegar -como corresponde- impecable…  como siempre, se sentó donde le indicaron; y me quedé mirándola, en esa silla negra y en ese cuerpo menudo ciento cinco años de historia no parecían tantos; porque Zulema tiene ciento cinco años, dos tercios de vida oficial de Posadas.

Nació en el Paraje Playadito, Corrientes, el 20 de mayo de 1917, en una de las estancias de la zona donde Juan Bautista Esquivel -su padre- se desempeñaba como capataz, compartió y creció con nueve hermanos y tuvo la suerte de contar con ese papá que permitió su escolarización, hecho casi excepcional para una niña por aquella época; completó la educación primaria en la Escuela N° 21 de la zona.

En el año 1937, cuando ocasionalmente estaba en Puerto Naranjito visitando a uno de sus hermanos, conoció a Francisco Perié, y juntos comenzaron una nueva etapa cuando se casaron en la iglesia de Santo Pipó; se instalaron en Puerto Iguazú, al principio, y la pareja se transformó en familia con la llegada de Zulma y Pibe.

Mientras tanto, la situación laboral de Francisco no mejoraba, así que decidieron probar suerte en otros pueblos -hacia el Sur-; así llegaron a Posadas, donde con más perseverancia que suerte, apareció una vacante en Vialidad Nacional; pudieron alquilar una casita en el barrio de Villa Urquiza, donde nació el tercer niño, al que llamaron Hugo Rubén.

La estabilidad laboral allanó el camino para alcanzar el sueño de la “casa propia” por la calle Tucumán al 500, la familia recibió a cinco hijos más: Stella Maris, Juan Domingo, Francisco Aníbal, Julia Argentina y Julio César.

La década de 1940 y los primeros años de la década de 1950 fueron muy particulares para la clase trabajadora y las mujeres, en general; Zulema militó en la Unión Cívica Radical e integró, como candidata a Diputada Provincial, la lista encabezada por Ida Fanny Ettori de Contristano, eran tiempos de convicciones firmes y vocación política de acero, especialmente para las mujeres sojuzgadas con mandatos sociales y culturales que hoy nos resultan increíbles.

Por esos designios del destino, esta madre radical… parió hijos peronistas, y los golpes de estado fueron parte de su vida; a partir del año 1975 “marcaron la agenda” de la familia, tres de sus gurises fueron detenidos -presos políticos- de la maquinaria infernal del terrorismo de estado; Tury en Buenos Aires, Juan en Santiago del Estero y Pancho en Resistencia. Como si esta situación no fuera suficiente, Julia tuvo que salir del país de un día para el otro.

Alguna vez Zulema contó que en esos años tenía permiso para visitar a sus hijos anualmente, para ello ahorraba todo lo que podía, sin embargo, el monto guardado solo alcanzaba para un viaje y debía elegir a cuál de los chicos ver cada vez, opción desgarradora, sin dudas, para una madre. Fue pionera en Misiones de “las Madres”, en 1979 fue parte de la comitiva que se reunió con la Delegación Interamericana de Derechos Humanos que visitó Argentina, y en el año 1980, en la ciudad de Lima, Perú, denunció la feroz violación a los derechos humanos que el gobierno militar de entonces ejercía sobre la ciudadanía; tuvo un fluido contacto con Amnistía Internacional. Esta organización fue fundada en 1961 por el abogado británico Peter Benenson, en noviembre de 1976 debido al gran número de denuncias recibidas, enviaron una misión a nuestro país, se entrevistaron con familiares de las víctimas de la represión ilegal, con organizaciones, periodistas y funcionarios nacionales de Relaciones Exteriores, Interior y Justicia, con un gran acoso policial encubierto, bajo una supuesta protección fueron vigilados e intimidados, llegando incluso a la detención de algunas de las personas que se entrevistaron con los miembros de la misión.

Amnistía Internacional presentó un informe público al año siguiente, en el que se incluyó un listado de 365 personas desaparecidas por el gobierno militar hasta enero de 1977, denunciados y corroborados; fue una de las primeras listas conocidas; esta organización colaboró incansablemente con Zulema y su familia.

La recuperación de la democracia en el país le devolvió a sus hijos… y la mesa, nuevamente, estuvo completa, “era una fiesta la casa”, dijo Zulema. Como ciudadana responsable y consecuente, vota en cada acto eleccionario; el año pasado, consultada en la puerta de la escuela donde sufragó, afirmó con énfasis que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por la democracia,

Aquella niña de Playadito actualmente es una tatarabuela íntegra y plena -ocho hijos, veintidós nietos, veinticinco bisnietos y seis tataranietos-.

Ciento cinco años de historia se sentaron en una silla, en una plazoleta de la avenida Mitre de la ciudad de Posadas, con un collar de perlas al cuello, con un ramo de flores multicolores en los brazos, el amoroso cuidado de los suyos y el cariño y respeto de un numeroso grupo de vecinos y funcionarios.

Sobreviviente a todo, superó todas las coyunturas, las crisis, los buenos tiempos y los otros, y hasta vivió el dolor de sepultar hijos; conmueve la ternura de su mirada y la energía de su sonrisa, emociona comprobar que el amor es más fuerte… siempre.

Dos tercios de la historia de Posadas le dieron sentido al acto conmemorativo.

Gracias Zulema y gracias Julia

¡Hasta el próximo viernes!

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