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El pañuelo de Don Manuel

domingo 06 de noviembre de 2022 | 6:00hs.
El pañuelo de Don Manuel

La historia cuenta que el general Manuel Belgrano pasó por Misiones.

En septiembre de 1810, la Primera Junta de gobierno designó a Manuel Belgrano al frente del ejército que se dirigiría al Paraguay. Las tropas partieron desde Buenos Aires y pasaron por todo el litoral: Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Misiones, en donde Belgrano estableció su campamento provisorio en Candelaria.

Estaba el creador de la Bandera recostado a la sombra de un sarandí, en la costa del Paraná, en Candelaria.

Pero la historia no cuenta las anécdotas surgidas por esa parada de descanso en tierras misioneras.

Una de ellas nos dice que una jovencita se acercó hasta cercanías del lugar de reposo de Belgrano. Un guardia le impidió llegar hasta él. Pero la insistencia de la niña provocó la curiosidad del abogado devenido en militar.

-¡Dejala pasar Acosta, quiero escucharla, dijo el prócer.

La mujercita se acercó entre temerosa y decidida.

¿Cómo se llama jovencita?, dijo Belgrano.

-Rosalía, Don Manuel. Y traigo algo para usted.

Dicho esto, la niña se acercó y arrodillándose, ya que Belgrano estaba recostado a la sombra del sarandí, le entregó a Belgrano un papel y un pañuelo inmaculadamente blanco y celeste. El papel, en cambio, estaba ajado y sucio. Algo tenía escrito con una caligrafía desordenada pero legible.

Curioso, Belgrano tomó el pañuelo y luego se puso a leer, no sin dificultad, lo que el papel decía…

Había un poema escrito. Corregido sin dudas por algún maestro de la zona. Esos héroes anónimos que aún hoy nos acompañan. El verso en cuestión

decía…

 

¡No se olvide su pañuelo Don Manuel!

Ese, el que tiene bordado su nombre.

El que es celeste y blanco; el que enjugó las lágrimas

de la Patria dolida.

¡No se olvide su pañuelo Don Manuel!

Ese, con el que envolvía el rostro de la dama en una zamba,

y bailaba sutilmente en su mano, en un minué.

¡No se olvide su pañuelo Don Manuel!

Aún tiene la sangre del soldado que lo acompañó en

Salta y Tucumán o le cebó mate en este sarandí de Candelaria.

¡No se olvide su pañuelo Don Manuel!

Ese, con el que ocultaba su rostro para que la indignación

no aflorara, y la rabia diera paso al consejo sabio y valiente.

¡No se olvide su pañuelo Don Manuel!

Llévelo con Usted. Que a nosotros nos queda la Bandera en forma de pañuelo.

Ella nos envuelve para siempre.

 

Belgrano no pudo contener su emoción y alguna lágrima corrió por su rostro cansado. Cuando levantó la vista vio que Rosalía se alejaba. Con la frente erguida y orgullosa.

Intentó llamarla pero ya la niña estaba muy lejos. Entonces, el General llamó al soldado y le dijo: “mirala Acosta, mirala y ordená que la cuiden.

Hoy, la Patria nos ha visitado”.

 

Inédito. Reyna Allan reside en Posadas. Blog del autor: Poedismo

Guillermo Reyna Allan

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