viernes 09 de diciembre de 2022
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El caso se ventiló en debate hace un mes

“Muchas mujeres pasan lo mismo y por mucho tiempo no denuncian”

N. F. fue víctima de rapto y abuso, y por ello decidió hablar de la importancia de denunciar, hacerse oír y que la Justicia responda. A su ex lo condenaron a 20 años

viernes 04 de noviembre de 2022 | 8:18hs.
“Muchas mujeres pasan lo mismo y por mucho tiempo no denuncian”

Un poco más de un mes después de la condena de 20 años que recibió un hombre que raptó y abusó de quien era su pareja, la víctima decidió hablar y contar su experiencia a fin de ayudar a quienes, por diferentes motivos, no se animan o deciden no denunciar.

 
El veredicto ejemplar por rapto y abuso fue dictado en septiembre de este año en el Tribunal Penal Dos de Posadas. El proceso inició luego de la última denuncia realizada en 2018 por N. F., la mujer que creyó que aquel día era el último de su vida.

 El punto de inflexión en la causa y en la vida de la víctima fue el 15 de septiembre cuando, después de tres jornadas de debate C. A. S. (46), cuya identidad se protege para no exponer a la víctima, fue condenado por los delitos de abuso sexual con acceso carnal, privación ilegítima de la libertad agravada, amenaza agravada por el uso de arma blanca y lesiones leves calificadas.

 En este contexto, N. F. decidió hablar con este medio y contar su historia porque aseguró: “Yo por ahí no creía mucho en el tema de lo que es la Justicia, hasta que me dijeron el tema de los 20 años. Aparte, por mucho tiempo me trabajaban la cabeza diciéndome que no hay justicia, que no se va a hacer, de que ‘al pedo vas a denunciar, nadie te va a hacer caso’”, relató.

 “Al principio, a mí tampoco me daban mucho artículo”, confesó. “Digamos que por eso denunciaba pero no quería denunciar todo porque además él siempre me amenazaba con el tema de las denuncias. Entonces hacía denuncias pero contaba algunas cosas nomás, no contaba todo lo que me hacía, no contaba que me pegaba o las veces que intentó matarme”.

 El descreimiento hacia el accionar policial y judicial estaba basado en aquellos mensajes desalentadores, en las amenazas del agresor y por su propia experiencia en las comisarías como también por el grave antecedente con el que cargaba C. A. S. (46) vinculado a relaciones anteriores. “A una le llegó a acuchillar, pero estuvo preso poco tiempo, otras dos se tuvieron que ir de Posadas, según me había dicho su hermana”.

“Estaba decidido”

 El episodio que puso tras las rejas al hombre ocurrió en 2018, secuencia que se desarrolló desde un sábado al mediodía hasta aproximadamente la misma hora del día siguiente. “Ese día su mirada no era la misma, o sea que ese día él ya estaba completamente decidido, de ese día yo no pasaba”, aseguró la mujer.

 Durante toda esa jornada, la entrevistada manifestó que creyó que no sobreviviría. “Estaba entregada” por el miedo a que su familia corriera su mismo riesgo. El agresor roció alcohol sobre el cuerpo de N. momentos después de que una de sus hermanas le invitara a almorzar en la casa de su mamá y el hombre le sacara las llaves y le dijera con un rotundo “no” que no saldría de ese lugar.

 “La casa lo alquilábamos era inmensa. Él se iba a la cocina, a la sala, volvía, así ida y vuelta. En una de esas idas que se fue, él tenía un machete que afilaba siempre con una amoladora, me mostró al filo del machete. Se pasaba así el filo por las manos, por el vello del brazo y me decía: ‘Mirá el filo que tiene este machete. Yo vengo preparando este machete hace mucho tiempo. Te voy a cortar en pedazos’”, relató.

 “Se volvió a ir a la cocina y volvió con una bolsa, se puso unos guantes que tenía y me mostraba cómo me iba a cortar todo, seguía otra vez, volvía y cada vez que se iba y volvía algo me decía, pero ya en ese momento empezó a pegarme. Ya era enfrente de mi hijo porque él siempre se trataba de cuidar de no pegarme frente a mi hijo”, contó N. F.

 El control de todo

 
Cotidianamente iba aumentando el control de sus movimientos ya que, según el testimonio de N. F., el hombre con quien tiene un hijo en común, en un momento dejó de trabajar y controlaba todos sus movimientos diarios. La llevaba y traía del trabajo, le cuestionaba el estado del WhatsApp y le obligaba a comer cada vez que él consideraba.

 “Con lo que me hacía a mí, creía posible el daño a los demás”, aseguró la mujer que explicó que su estado de “entrega” tenía estrecha relación con el supuesto daño que el hombre le haría a toda su familia si ella no respondía a su demanda por ser “su mujer”.

 “Tampoco quería involucrar a mi familia porque sabía que cualquier cosa que le pasara a ellos yo no iba a poder con esa culpa, o sea, no iba a poder con la culpa de que a mi papá le pase algo o a que mi mamá le pase algo o a mi hijo”, expresó y siguió: “Una vez le dije que me mate así conseguía lo que quería, pero que no le lastime a mi familia”.

 “Él me llevaba a mi trabajo, se quedaba ahí y me esperaba hasta que yo salga de trabajar. O si no me llevaba y me iba a buscar, pero las veces que él me pegaba o las veces que veía como que yo estaba mal, él se quedaba ahí en la esquina de mi trabajo hasta que yo salga”.

 La salida

 La entrevistada comentó lo que vivió los años previos y aquella última experiencia donde por más de 24 horas sintió el miedo y la resignación al estar atrapada en su propia casa. Por mantener contacto con sus hermanas y amigas a pesar de los controles, sus allegadas se dieron cuenta que algo no estaba bien y se organizaron.

 Fue así que aquel día pudo salir con la ayuda de sus hermanas y una colaboración su cuñada quien, el segundo día de encierro, se comunicó con su hermano y le dijo que iría por el niño para tomar un helado. Al abrir la puerta, C. A. S. (46), se encontró con las hermanas de su pareja y no con la propia.

 Después de minutos eternos de estar a unos pasos de la salida, pensando que el agresor sacaría detrás de esa puerta uno de los tantos cuchillos que podría herir a sus familiares, decidida a quedarse para salvar a sus hermanas y su hijo, N. F. dio los pasos que separaban el portón de la vereda y huyó, con pasos lentos por el dolor y una hemorragia causada por los abusos, pero huyó.

 El agresor se quedó en la propiedad pero se dio a la fuga y días después fue detenido, condición en la que permanece desde entonces. La mujer denunció y aseguró que esa vez contó todo y en esa línea, aseveró: “Te cuestionan todo, por qué no saliste, por qué tu hijo no comió, por qué volviste”.

 A pesar de las funcionarias policiales que no supieron comprender el contexto amenazante en el cual estaba inmerso la víctima, la instrucción inició. Asimismo, hubo otras personas que pudieron explicarle sus derechos y el camino por el cual comenzaba su nuevo proceso de liberación.

 Fue la Justicia la que la acercó a la línea 137 ya que recomendó terapia para la víctima y su grupo familiar. Desde aquel momento, N. F. es acompañada por una terapeuta y por el equipo interdisciplinario de esa institución, ubicada en la calle Sarmiento 1842 de Posadas, donde también se ocupan de las emergencias las 24 horas del día además de brindar acompañamientos, ya sea para la denuncia o para la contención en general.

 Finalmente, en la oficina del último piso del edificio sobre la calle Sarmiento, N. F. aseguró: “Uno tiene que querer dar ese paso, yo me di cuenta esa última vez que, como dije en el juicio, en ese momento yo ya estaba entregada a él. En ese punto agregó: “Nadie más que yo sabe lo que cuesta salir, pero se puede”.

 El lunes, la entrevistada cumplió años y comentó que lo festejó junto a su familia y junto a sus compañeros y compañeras de trabajo. “Ahora puedo estar tranquila con mi familia, si bien él muchas veces me decía ‘yo tengo conocidos afuera, levanto la mano y a ustedes le pasa algo’, estoy más tranquila”, afirmó.

 En cifras

 24
 La denunciante estuvo secuestrada durante casi 24 horas hasta que entre sus hermanas y cuñada la pudieron salvar.  

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