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Pinceladas de historia

El proceso revolucionario y el Paraguay

domingo 23 de octubre de 2022 | 6:00hs.
El proceso revolucionario y el Paraguay

Anoticiado de la Revolución de Mayo, el intendente del Paraguay, Bernardo de Velazco, se movilizó para conseguir que una junta de vecinos asuncenos rechazara el 24 de julio de 1810 el reconocimiento a la Junta de Buenos Aires y, paralelamente, jurara fidelidad al Consejo de Regencia español.

En vista de ello, Mariano Moreno, uno de los principales gestores de la emancipación argentina, dispuso el envío de una expedición al Paraguay al mando de Manuel Belgrano.

El sentido de esa campaña fue más fraternal que opresor, de ahí la designación de un político para comandarla y no de un militar, aunque haya recibido Belgrano el grado de Coronel Mayor (equivalente a general) antes de su partida. A pesar de ello, el gobierno paraguayo fortificó los pasos sobre el Paraná con el objeto de repeler la expedición belgraniana.

Entre enero y marzo de 1811 se producen los combates de Campichuelo, donde triunfan las tropas argentinas, y Paraguarí y Tacuarí, donde son derrotadas. Pero vale aclarar que estos encuentros no significaron disputas entre enemigos. Fueron patriotas de dos patrias distintas los que se enfrentaron. Unos, las fuerzas porteñas, pretendiendo integrar un territorio que consideraban les pertenecía por el derecho de “uti possidetis” del año 1810, que sostenía la idea que, al momento de la revolución, toda el área que hasta entonces formaba el Virreinato, pasaba a ser independiente. Por su parte, los paraguayos, defendían su territorio ante lo que consideraban una irrupción armada.

Estas actitudes de uno y otro van a manifestarse en el armisticio de mediados de marzo de 1811, después de Tacuarí, cuando Belgrano infunde en el jefe paraguayo, Cabañas, las ideas de libertad surgidas en mayo de 1810 y que provocaron, luego, la independencia del Paraguay a mediados de 1811 al retornar victoriosas las fuerzas a Asunción.

La revolución del 14 y 15 de mayo de 1811 en el Paraguay fue preparada, dirigida y ejecutada por la clase social media, acaudalada y de tradición burguesa, merced a sus vinculaciones con el ejército especialmente con aquellos jefes y oficiales que actuaron en las negociaciones de Tacuarí, y miembros de familias de largo arraigo en la provincia. La difusión desde Buenos Aires de las ideas liberales en el aspecto económico y político, hacían crecer en esa clase criollo-burguesa la esperanza de mejores tiempos.

Triunfante el movimiento con la rendición de Velazco el 15 de mayo de 1811, se formó un gobierno bajo el mando de Juan Valeriano Zeballos y José Gaspar Rodríguez de Francia, con carácter de interino hasta la realización de un congreso general. Éste, reunido el 17 de junio del mismo año, eligió una junta de gobierno presidida por Fulgencio Yegros y compuesta además por Francisco Caballero, Francisco Bogarín y Fernando de la Mora.

Este congreso general, base de la independencia paraguaya, resolvió como puntos principales que hasta la celebración de un congreso constituyente, el Paraguay se gobernaría sin la intervención de la Junta de Buenos Aires en sus asuntos políticos; Buenos Aires no exigiría derechos a la entrada de yerba y demás productos paraguayos; quedaría abolido el estanco del tabaco dándose libertad a la venta del tabaco paraguayo; y por último, que la Constitución dictada por el Congreso no obligaría al Paraguay mientras no se ratificase en una junta general de sus habitantes.

La idea perseguida era la de conformar una confederación ligada a las Provincias Unidas del Río de la Plata, pero con independencia de aquella.

Para la discusión de estos temas fue nuevamente encargado Belgrano en misión diplomática al Paraguay, firmando con aquella Junta el Tratado de Paz y Límites el 12 de octubre de 1811.

Las decisiones tomadas en ese pacto fueron prácticamente las que Asunción había propuesto en el Congreso del 20 de julio, es decir: la abolición de los tributos a las mercaderías paraguayas que se cobraban en Buenos Aires; el Paraná como límite sur y oriental de ambos territorios, incluyendo la custodia del departamento de Candelaria; y el establecimiento entre Buenos Aires y Asunción de una federación y alianza indisolubles.

El Triunvirato argentino aprobó el 31 de octubre de 1812 el tratado suscripto por Belgrano, pero objetando el artículo 4°, referido a la “custodia” del departamento Candelaria, fundándose en que al momento de ser firmado el tratado, los portugueses habían invadido el territorio misionero y que, frente a ello, se había autorizado a Belgrano a conceder la posesión temporaria de aquél departamento (hoy Misiones) para una mejor defensa. Pero firmado el armisticio con Portugal, el Triunvirato solicitaba la restitución del mismo considerando al Paraná como límite de ambos gobiernos.

La junta paraguaya mantuvo su postura de sostener derechos en aquel departamento hasta que la reunión del Congreso General tomara decisiones definitivas sobre ese tema. Demorado aquel congreso, Buenos Aires decidió el envío de Nicolás de Herrera para discutir nuevamente el tema, misión que fracasó debido a la cerrada postura de la Junta de Asunción. Los dos objetivos del diplomático (conseguir la adhesión del Paraguay a la Asamblea del año 13 con el envío de dos diputados y la restitución de Candelaria) fracasaron rotundamente. Desde allí en adelante ya no volvió el gobierno porteño a insistir en lograr la adhesión del Paraguay a la causa de Mayo.

En Asunción, un Congreso en 1813 instituyó un gobierno consular nombrándose a Yegros y Francia como cónsules de la República. Un año después, otro Congreso estableció la dictadura temporal, confiada a Francia, por un período de cinco años, convirtiéndose en 1816 en dictadura perpetua, centralizando en él todo el poder. El departamento Candelaria, en tanto, quedó en poder paraguayo hasta 1815, cuando por decisión de Artigas las tropas de Andresito lo recuperaron por unos pocos años.

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