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El gobernante festivo

domingo 23 de octubre de 2022 | 6:00hs.
El gobernante festivo

Fortunato Corregidor, intendente de Villa Equilibrada, jurisdicción de Villa La Cuerda, se presentó una mañana inexplicablemente vestido a presidir una ceremonia oficial en el marco de las jornadas dedicadas al Foro de la C.E.P.I. (Cámaras Empresarias de la Producción y la Industria) organizadas por el municipio. El evento consistía en el encuentro anual de todas las áreas que movían la economía local y congregaba a la generalidad de las fuerzas productivas de la zona.

Villa Equilibrada era en ese entonces un importante conglomerado urbano que había triplicado su población, estructura edilicia, vial, institucional y política como consecuencia de la epidemia de demencia femenina acaecida tiempo atrás en Villa La Cuerda, ciudad capital de la provincia del mismo nombre. La propagación del mal redundó en la emigración en masa de los pobladores capitalinos hacia la equilibrada localidad vecina.

Planificadas al detalle por la Secretaría de Comercio del gobierno de la ciudad, las jornadas dedicadas al Foro de la C.E.P.I. habían cobrado especial importancia debido a la gran repercusión mediática del encuentro. Al acto de apertura habían comprometido asistencia enviados especiales de los países vecinos y representantes de todos los sectores de la actividad económica, comercial e industrial de la región.

El programa del Foro preveía tres jornadas: La primera destinada al acto de apertura y a visitas guiadas a todos los establecimientos productivos de la zona, la siguiente al trabajo en comisiones y la última al plenario y festival de despedida. La folletería impecablemente diseñada daba cuenta de todos los detalles del evento y el salón municipal Anastasio Cuerdafloja – llamado así en homenaje al acróbata que en tiempos remotos había hecho las delicias de niños y adultos y resultara herido en un aciago accidente que le significara la pérdida de la salud, el trabajo y su pasión por el equilibrio- lucía como una corte imperial al momento de la coronación del rey.

La larga y lustrosa mesa destinada a los disertantes ocupaba todo el escenario y en ella sobresalían pequeños carteles dando cuenta de la identidad y funciones de cada conferencista, dos o tres micrófonos, botellas de agua mineral y vasos. El lugar central -reservado al intendente- coincidía con el centro de una gran pintura de unos seis metros de longitud sobre el fondo de la pared opuesta a las puertas de ingreso al salón y consistía en la imagen de una balanza de dos platos en cuyo costado izquierdo aparecían un niño pequeño, un adolescente y un adulto haciendo equilibrio sobre un volatín de cuerda, y a la derecha, formando un triángulo equilátero, tres frascos de igual tamaño llenos de monedas de oro.

Los equipos de sonido, iluminación y locución estaban bajo la coordinación de profesionales de la comunicación y los técnicos electrónicos controlaban el alcance de los efectos deseados. Un cuarto de hora antes de la anunciada para el inicio del acto, la banda municipal afinaba sus instrumentos al costado del escenario, la mesa de recepción habilitaba puntualmente el ingreso, el locutor probaba los graves y los agudos en el micrófono y el Secretario de Comercio efectuaba su primer llamado al intendente para decirle que todo estaba dispuesto. Minutos más tarde la sala estaba repleta. Sentados en sus butacas aguardaban funcionarios del gobierno provincial, ministros de la corte, altos dignatarios de empresas, jerarcas religiosos, fuerzas vivas, señoras y señores y, discretamente, algunos miembros del servicio de seguridad.

El intendente, vestido de manera indiscreta por no decir estrafalaria, se agitaba nervioso en un privado del edificio aguardando el momento de ingresar al salón. De estatura más bien alta, de mediana edad y en lo demás del tipo estándar (ni gordo ni flaco, ni tonto ni muy avispado) era, de la serie de diez, el octavo de la fila. Llevaba puesto un ambo de color azul -lo único formal que se había echado encima- sobre una camisa de franjas anaranjadas y violetas, pañuelo verde limón al cuello, gemelos en los puños, una escarapela gigante en la solapa y más abajo y en línea recta, un gran distintivo rectangular que parecía la identificación societaria de algún club deportivo. Lo mejor del atuendo lo llevaba en la cabeza y en los pies y consistía en un extraño sombrero al estilo Robin Wood y un par de zapatos mocasines a usanza de los nativos de la tribu Cherokee americana.

Nada más que eso. El intendente se presentaba como un innovador en materia de indumentaria oficial pero esos detalles no parecían encajar con la solemnidad del evento que se estaba por llevar a cabo. ¿Estaría en sus cabales? Sus ayudantes cayeron en la cuenta de que algo raro le sucedía y dieron la voz de alarma a través de su secretario privado quien se atrevió a observarle tímidamente el atuendo luego de activar un S.O.S al grupo de la intendencia.

– Señor… se lo ve bastante festivo y no cuadraría su imagen con la seriedad del evento… Quizá si se cambia los zapatos y se quita el sombrero…

–¿Festivo? ¿Adónde ve la fiesta? –Reflexionó el alcalde- He seleccionado lo mejor de mi guardarropa para esta oportunidad… lo único que me preocupa son los cordones de los zapatos… se desatan…

– Pero sus zapatos no tienen cordones, señor…

– ¡Cómo que no los tiene! ¡Sí los tiene! ¡Los estoy viendo! Agáchese, que a mí me cuesta, tome los extremos y átelos bien cuidando de que queden uniformes…- El secretario no se movió del lugar mientras su cabeza funcionaba a pleno buscando la forma de insistir en el pedido de ayuda que no había obtenido respuesta.

–Si no puede hacerlo, déjelo, llamaré a otra persona – dijo el intendente y sin dar muestras de tener ninguna duda respecto de sus zapatos, de los cordones y de la comodidad y elegancia de sus pies, hizo ademán de dirigirse a la puerta para salir del reservado. El desesperado secretario no tuvo más remedio que agacharse, tomar los extremos de los cordones inexistentes, tironear un rato, hacer los moños respectivos y por último tranquilizar a su jefe – Listo, ahora no se desatarán-

El alcalde agradeció complacido comprobando la veracidad de lo afirmado, caminó hasta un mueble cercano para mirarse al espejo que sobresalía en la parte superior y, observando detenidamente su figura, aprobó lo que veía. Sin más trámite apuró la cuestión: – Estoy preparado, vamos allá.

El incrédulo asistente, en vez de dirigirse al Anastasio Cuerdafloja tuvo intenciones de salir corriendo para cualquier lado pero se detuvo cuando al pequeño salón ingresaron el Secretario de Comercio, el Secretario Ejecutivo y el Secretario de Salud, quienes tomaron plena conciencia de la gravedad de la situación al ver el carnaval carioca en que se había convertido el intendente. El médico Grageano Pharmathos fue el único que se atrevió a dirigirle la palabra…

–Fortunato… te diría que tenemos que cambiar algunos detalles en tu aspecto… se trata de un acto formal muy serio y estamos sobre la hora, déjate ayudar por favor.

Dicho esto se dirigió al secretario privado recomendándole retrasar unos minutos el inicio de la ceremonia. “Que entretengan a la gente como sea” recomendó y solicitó al asistente Ricardo que llame a la casa del intendente para que le “acerquen” otros zapatos. “Ya arreglaremos esto” le dijo tranquilizador al alcalde pero éste, adivinando sus intenciones se lanzó a la carrera sobre la puerta, la abrió y al trasponerla se detuvo en el marco para mirar a sus subordinados…

–El que se atreva a cuestionar mi investidura será despedido inmediatamente- amenazó, y salió rumbo al Anastasio Cuerdafloja a presidir el acto. La cuerda comenzó a tensarse cuando irrumpió en el auditorio de una manera no convencional seguido de su secretario privado y los tres compungidos funcionarios de su gobierno y trepándose de un salto al escenario obviando escaleras y pasamanos, sin parar de agitar en sus manos el discurso que tanto le había costado hilvanar, hizo señas al locutor de dar inicio a la ceremonia y a la banda de música de arrancar con los sones de bienvenida. A estas alturas ya se veían en los rostros indisimuladas sonrisas de incredulidad y ahogadas expresiones de asombro.

Espantado pero consciente de que debía conservar el empleo, el presentador encaró el micrófono: “Señoras y Señores… Público presente…” y su voz se perdió entre los acordes de la banda de música cuyo director, levantando la batuta para dar cumplimiento a lo solicitado, inundó el recinto con los sones de la marcha “Bienvenidos Equilibrados” compuesta por el mismo intendente en sus momentos no dedicados a la política. Tras los últimos compases musicales Fortunato comenzó su alocución ante una multitud cada vez más escandalizada por las derivaciones que iba teniendo el acto “Señor Presidente, Señores miembros de la Junta Directiva, Honorable Comisión de Disciplina, Señores Socios, Señoras. Señores: Es un honor para mí darles la bienvenida en estas jornadas tan trascendentales para la historia deportiva y cultural de nuestro querido “Club Equilibrada Poder Imbatible”. Esta honrosa institución que aventaja a nuestros eternos rivales del “Club Atlético Equilibrada” por tantísimos campeonatos ganados con tesón, calidad de juego, organización y empuje, definirá en estas jornadas el futuro deportivo de nuestra ciudad. Siéntanse como en sus propias casas y sean estas las jornadas más exitosas a vivirse por largo tiempo en Villa Equilibrada. ¡Gloria y Honor al CEPI! – concluyó, pero he aquí que al costado del auditorio, muy próximo al escenario, precalentaba un jugador de la contraria...

Antes del silbato final y justo cuando se disponía a descender del tablado para recibir los elogios que creía merecer por su talento discursivo, una estridente voz infantil se coló desde el micrófono recién abandonado por el alcalde, se amplificó en todos los parlantes del salón devenido en estadio y sin dejar ninguna duda respecto de qué club había resultado ganador, anunció: ¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL DEL C.A.E.EEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE! ¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL!

El grito resonó adentro y afuera del salón despertando a los dormidos que aún no se habían enterado del evento que se estaba llevando a cabo en el Anastasio Cuerdafloja. A Fortunato se le terminó la fortuna ese día, la bolsa de la economía local cayó un trescientos por ciento, tres funcionarios están desaparecidos y Villa Equilibrada considera la posibilidad de cambiarse el nombre porque, si siendo equilibrada le pasó lo que le pasó… ¡Qué le hubiese pasado si no lo fuera!

Norma Nielsen

Norma Nielsen es cuentista, poetisa y compositora de música. Tiene varias publicaciones y participó en antologías.

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