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Feminista y referente de la autoficción, Annie Ernaux le imprime al Nobel de Literatura el sello de una época

viernes 07 de octubre de 2022 | 6:00hs.
Feminista y referente de la autoficción, Annie Ernaux le imprime al Nobel de Literatura el sello de una época

Comprometida con el gesto de reivindicar la dimensión política de la intimidad con una obra confesional e introspectiva pero sin la menor indulgencia, la escritora francesa Annie Ernaux, quien se animó a contar un aborto adolescente, el ocaso de su matrimonio, su aventura con un hombre casado o el cáncer de mama para dar cuenta de las ataduras y los traumas colectivos, se convirtió ayer en la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2022.

En su fallo, la Academia Sueca destacó “el coraje y la agudeza clínica con la que descubre las raíces, los extrañamientos y las restricciones colectivas de la memoria personal” de Ernaux (Lillebonne, 1940), quien se consagró en los días previos como una de las favoritas en las apuestas que en los últimos años no acertaron con los nombres y que, esta vez, sí lo hicieron. Minutos después del anuncio, la autora dijo que considera el galardón como “un gran honor y al mismo tiempo una gran responsabilidad” en el sentido de “manifestar una forma de equidad, y justicia en relación con el mundo”.

Autora de una veintena de libros breves e incisivos que conforman una suerte de saga, Ernaux usa el material autobiográfico y lo convierte en otra cosa. Abordó la sexualidad desde su vertiente más carnal en Pura pasión, recuperó la vida universitaria en paralelo a la iniciación sexual en Memoria de chica, dio cuenta del peso de los mandatos familiares en Una mujer, se liberó de su matrimonio fallido en La mujer helada, contó los detalles del aborto al que tuvo que enfrentarse en su juventud cuando era considerado un delito en El acontecimiento y en No he salido de mi noche narró el alzheimer de su madre.  

¿Qué es aquella “otra cosa” que edifica Ernaux cuando abre las ventanas a su propia vida? “No se trata de hablar de mí, sino de encontrar a través de uno mismo algo común, algo que pueda pertenecer a los otros. Por eso estoy en una postura de buscar siempre la verdad”, explica y se niega a llamar “novelas” a sus libros pero también a encasillarse en el género autobiográfico.

En 2019, durante una charla con la escritora argentina María Sonia Cristoff publicada en la Revista Ñ, confesó que como escritora se siente convocada por la forma y no por los hechos. “De ninguna manera me interesa más el hecho real ni la experiencia vivida que la forma en la que se lo cuenta. A mí la forma me desvela, me parece crucial. Me parece que ahí está la clave de la escritura, y no al revés, no en el contenido ni en las características más o menos escabrosas o encandilantes de los hechos. Pero no hablo de la forma en un sentido estetizante sino de la forma en tanto búsqueda, en tanto construcción de una mirada que me permita ver mejor. La forma como una búsqueda estética y ética, un compromiso con la verdad”, explicó sobre el motor de su literatura.

En La vida exterior, un libro que en Argentina publicó la editorial Milena Caserola, se desmarca de los prejuicios que recaen sobre los autores que defienden esa primera persona: “La tercera persona, él/ella, siempre es otro y puede actuar como quiere. El “yo”, lector, soy yo y es imposible -o inadmisible- que lea el horóscopo y me comporte como una chiquilina. El “yo” da vergüenza al lector”.

Autores como Emmanuel Carrère, Sigrid Nunez, Milena Busquets o Virginie Despentes reconocen a Ernaux como una de las grandes influencias en sus literaturas.

De todos esos disparadores confesionales con los que edificó una obra, hay dos que le permitieron dar cuenta de una dimensión social: haber nacido en una familia trabajadora y su condición de mujer. “Para mí, origen de clase y feminismo son dos ejes cruciales a la hora de escribir, atraviesan todo lo que escribo. Escribir es de por sí un compromiso feminista. Pero no ligado al contenido, no porque cuente ‘historias de mujeres’ sino porque lo hago desde el punto de vista de una mujer, y creo que eso ya contribuye a ampliar el modo en el que se ve el mundo, pone un freno a la concepción masculina del mundo”, explicó en el marco de una entrevista la autora, quien pasó su infancia y su adolescencia en Yvetot, un pueblo de unos 7.000 habitantes donde sus padres tenían un café y una tienda en una zona rural, una atmósfera recuperada en El lugar.

Para ella, “escribir El acontecimiento fue parte del deseo de que el recuerdo de lo que se ha infligido a las mujeres durante siglos permanezca y no retrocedamos. No me hago ilusiones: siempre hay grupos e individuos que no aceptan la libertad de las mujeres para disponer de sus cuerpos; en realidad, no aceptan su libertad”, reflexionó ahora que tiene dos hijos y es abuela sobre la posibilidad de que una obra literaria, aún remota, de cuenta de la temperatura de una época y, a la vez, deje una marca a modo de testimonio. 

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