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El día que el petiso Rolón paró al viento Zonda

lunes 03 de octubre de 2022 | 6:00hs.
El día que el petiso Rolón paró al viento Zonda

Los campeonatos argentinos de fútbol de abogados se realizan anualmente en distintas ciudades del país. Fiel al estilo de los participantes tienen reglamentos, artículos, incisos y chicanas, pese a ello, se desarrollan en un ambiente de cordialidad y camaradería; impera el amor al fútbol.

Cuando el campeonato se desarrolló en San Juan, el técnico del equipo de Posadas era Luis Omar Chichizola, “Chiche”. Aquel arquero entrerriano que supo custodiar los “tres palos” del Club Bartolomé Mitre. Un tipo con buena onda, que le gustaba que sus equipos jueguen bien y se esmeraba en las bajadas de línea. El estado físico era primordial, en un entrenamiento de dos horas, una hora y cuarenta era sin pelota. Decía que los equipos se arman de atrás para adelante, lo que no significaba que debían pararse debajo del arco.

El viaje en el bondi fue largo y el arribo a la ciudad del vino se produjo a pocas horas antes de jugar el primer partido. El equipo misionero no tuvo suerte en el sorteo y le tocó “el grupo de la muerte”; Santiago del Estero y Tucumán estaban en la misma zona. Dos equipos con historia, al igual que los posadeños.

El primer partido era con los santiagueños, Chichizola una hora antes del encuentro mandó el equipo al precalentamiento; impecablemente vestidos con la camiseta de Vélez Sársfield parecía un equipo de Primera A, sólo faltaban Carlos Bianchi y Daniel Willington, algunos volaban “parecían que no pisaban el césped”.

Como corresponde al folclore del fútbol, a los jugadores se los conoce más por sus apodos que por sus nombres; el Mono Canteli, Tacuarita Briñocoli, el Negro Thomas, Gitano Miguel, Benito Cabrera, el Perro Peralta, Mac Gyver Barreyro, Rubén Ordóñez, Paluncho Miranda, el Coyote Modenutti, por una banda. Por la otra, Mburucuyá Uset, Mijo Galeano, el Pato Miralles, Moncha Chávez, Centro Inglés Bys, Cerebro Ortiz, el Japonés Lenguaza, Quique Bordieu, Negro Fernandez, el Petiso Rolón y Aco Mercadal, traspiraban la camiseta antes de que comenzara el juego.

Todo indicaba que el triunfo era de los misioneros, pero se cruzaron con equipo duro, de buen juego, que supo contrarrestar el vértigo de los de la Mesopotamia, para enfriar el partido y llevarlo al terreno que les convenía. Santiago metió un gol, cuidó la pelota y el resultado para ganar el partido. Como suele decirse, en el fútbol no siempre se da la lógica.

Estos campeonatos se juegan en tres días y medio, porque las delegaciones deben viajar largas distancias y deben regresar a sus lugares de origen para ocuparse de sus obligaciones profesionales. En el fixture, a la mañana siguiente le tocaba nada más y nada menos que el otro fuerte, Tucumán, a quien había que ganarle para no quedar “eliminados en la primera ronda”.

El técnico sabía que estaba ante una parada difícil, Tucumán era un equipo que jugaba bien, tenía altura en la defensa y un puntero que era el “jugador más veloz del torneo” al estilo del “Pájaro Caniggia”. Todos los conocían por “Zulma”, de ese modo lo llamaban sus compañeros de equipo, averiguando se supo que el apellido era “Faid”, como la vedette, y de allí el apodo.

Chichizola le llamó al Petiso Rolón y le dijo:

– ¡Vos le vas a marcar a Zulma! -entendiste.

– ¡Vos no jugás, él tampoco! -le recalcó.

A Rolón le traspiraba la espalda, pero no se podía achicar y quería jugar. El vago se defendía en la marca y con la pelota, pero con la velocidad del tucumano no le daba el amperímetro. Para agregarle más dramatismo a la historia, la mañana se despertó con un “viento Zonda” que cruzaba el complejo deportivo y como consecuencia de ello, la pelota agarraba mayor velocidad.

Tucumán y Misiones se habían enfrentados previamente, siempre en partidos “chivos”, con nervios de acero y fervor, generalmente el resultado se resolvía por “un detalle” como les gusta decir a los periodistas deportivos. Esa mañana no fue la excepción, con el agregado del Petiso Rolón siguiéndole a Zulma por toda la cancha, parecía Luis Reyna detrás de Maradona.

Zulma se iba a la punta izquierda, Rolón también, bajaba al medio, Rolón también, no le importaba el viento Zonda y lo que hacían sus demás compañeros de equipo. Los tucumanos conocedores de la velocidad del puntero se la tiraban larga, pero el Petiso lo estaba esperando tres metros adelante para llegar antes a la pelota.

Molesto el tucumano con la marca “pegajosa” le dice a Rolón:

¿Querés que te lleve a mi casa? –

– ¡A lo mejor vos querrás ir a la mía! -le contestaba con picardía el misionero.

A pesar del Zonda, de las ganas de los tucumanos, el partido quedó en manos de los posadeños, el Petiso Rolón por su sacrificio en la marca fue elegido el “Jugador Motomel del Partido”. Al final el técnico tenía razón.

Estos campeonatos además de los encuentros tienen una infinidad de anécdotas, entre risueñas y complicadas, como fueron los viajes, cómo se entrenaban, cómo salían durante las noches y al día siguiente jugaban a la mañana y a la tarde; otras que no se pueden contar.

Ocho locos de Resistencia vinieron a San Juan en una camioneta sin cúpula para participar del torneo, el dueño del transporte no se había recibido o no había empezado la carrera, iba a jugar con la matrícula de otro; pero necesitaban por lo menos tres para completar un equipo.

Chiche tenía su esquema y equipo titular, conocedor de la condición física de sus jugadores realizaba pocos cambios. Contaba con un plantel numeroso. El Japonés Lenguaza, Moncha Chávez y el Coyote Modenutti, pidieron autorización y se anotaron con los de Resistencia. Un equipo de once, sin cambios. Los chaqueños tenían un solo juego de camisetas similar a la “selección italiana”, sponsoriada por una empresa llamada “Avícola Jorge Díaz”. Las camisetas conseguidas de garrón eran de talle chico por lo que se ceñían al cuerpo de los jugadores. Los vagos decían que Chávez estaba más gordo que el primo del Pelado Almeida y la camiseta en vez de decir Díaz decía “Diaaaaaz”.

Finalmente, los resultados deportivos no fueron los esperados, pero el espíritu de confraternidad de los viajeros se destacó en gran forma. Anécdotas hay a montones de parte de todos los integrantes de la delegación, se fueron desgranando en las 22 horas del viaje de regreso y todos coincidieron que la más destacada fue la del Petiso Rolón.

“Controlo a Zulma y al Viento Zonda”.


Por Ramón Claudio Chávez
Ex juez federal

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