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Anécdotas de Don Cacho

Paraguay

domingo 02 de octubre de 2022 | 6:00hs.
Paraguay

Es rara la cuestión con los vecinos, a veces pienso que tenemos un ADN con genes cruzados y sentimientos contradictorios; me picho (como cuando en Encarnación tiran bombas de estruendo porque pierde Argentina) a veces puro cariño y emoción (como cuando las Malvinas se jugaron abiertamente a nuestro favor), o solidaridad nuestra (como cuando el ciclón de Encarnación) o finalmente hoy hermandad cada vez mayor.

Relaciones con Paraguay del gobierno del 83. Cuestiones eléctricas. Misiones producía su propia energía por razones de lejanía; la punta del cable Nacional llegaba hasta Reconquista y faltaban años para alcanzar nuestra provincia (Yacyretá era sólo un proyecto). Por eso hicimos Urugua-í, y también porque era energía no contaminante. Como lo que producíamos no alcanzaba se compraba energía a Paraguay (pero con mala suerte para nosotros… se había cortado el abastecimiento por falta de pagos…).

A Asunción entonces, a entrevistar al presidente Stroessner. La reunión, como era de esperar, fue muy cordial; como deudor con necesidades hablé de todas las cosas positivas entre nuestros países y el presidente me dijo todas las cosas que quería escuchar entre buenos vecinos y especialmente reconectarnos con Acara-í. Al despedirnos me dijo lleno de amabilidad: “Antes pase por Ande -la empresa Nacional de Energía- que hay una cuentita…”. La cuentita eran 200 mil dólares, una montaña para angá nosotros que hubo que pagar taca taca; finalmente, y así fue, quedó flotando una buena onda de vecinos.

Alfonsín/Stroessner. Eran como el agua y el aceite, pero tenían algo en común: eran pragmáticos…

Alfonsín tenía amigos paraguayos exiliados y también los teníamos por estos pagos desde muchos años. Es así que después del tema energía, encaramos con la mayor prudencia el tema de exiliados políticos, adentrándonos en una delicada cuestión interna de Paraguay. Fuimos a visitar al presidente y abordamos el tema. Stroessner emanaba una fuerte autoridad, hablaba poco y bajo. A su alrededor sólo había adulación y miedo… ”Salúdelo sin apretar la mano” (tenía lesiones de piel), acompañaban al despacho entrando sin abrir la boca y sólo señalando el camino. Imagínense un encuentro entre un recién diplomado con un profesor con treinta años en el poder absoluto, planteándole algo de no incumbencia nuestra.

Y lo solté nomás, esperando una diplomática puteada o un esperanzado sí. Ninguna de las dos cosas, sólo un breve “lo vamos a considerar”. Después aprendí que era un sí o un no demorado. Felizmente fue un sí y después de 25 años en el exilio volvieron a su país muchos que así lo deseaban. De los que me acuerdo estaba González Casabianca, Colorado disidente (Mopoco, Movimiento Popular Colorado), amigo personal de Alfonsín que luego fue senador en Asunción, y del doctor San Martín desde Posadas, también colorado disidente, luego también senador….

Lo sorprendente de la gestión fue que no hubo contrapartida a modo de trueque, nada más que un gesto para con la Argentina.

De ahí en adelante se entusiasmó don Raúl y se envalentonó el local. No sé cuánto tiempo pasó, si uno o dos años, lo que recuerdo es que en esa visita hablamos largamente de la Guerra Grande entre Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay. Me sorprendió, me dijo que fue una guerra civil que involucró a los cuatro países. Y no hago más referencias porque creo lo relaté alguna vez, pero así fue realmente…

En esa oportunidad iba con el pedido de que el gobierno paraguayo levante el estado de sitio que llevaba nada menos que 40 años. Con el estado de sitio no hay garantías para nadie, un cepo permanente que debiera ser excepcional y transitorio, pero el transitorio duró cuatro décadas; lo excepcional fue que el presidente accedió al pedido de Alfonsín. Y después de 40 años, una ventana se abrió inesperadamente. No sé si entró aire fresco, pero fue un paso en la dirección correcta.

Pero no todo era camino adornado de flores. El tema es que cada uno cuidaba su frente interno. En Paraguay había un programa, “La voz del coloradismo”, que se irradiaba en cadena nacional- Ahí se fijaba la postura del Partido Colorado y nos daban “leña” para todos los gustos de tanto en tanto, como para que nadie se confunda. Les gustaba a los amigos de La Voz colgarnos la etiqueta de filomarxistas. Casi nada.

En esta orilla no quedábamos atrás, Domingo Laíno organizó un acto en la 9 de Julio, con anuencia nuestra, del que participó como orador Ricardo Argañaraz, ministro de Gobierno del gobierno “Democrático y Popular”, así nos autodesignábamos. También un gran acto del que poco recuerdo en el anfiteatro, muy crítico con el gobierno paraguayo, por parte de disidentes, de los que muchos vinieron en el Urquiza de Buenos Aires.

Todo fue tomado por ambas partes como “daños colaterales” frente a las cuestiones de fondo, que eran lo importante.

Un último intento de parte de Alfonsín y los locales fue pedirle al presidente que levante la clausura del diario ABC creo; ahí sí no hubo pelada, sin explicar razones. Don Raúl tenía una frase sabia: “La peor gestión es la gestión no hecha”; así era nomás, y el rebote dolía menos, de paso…

Posteriormente, por un conflicto obrero en la incipiente EBY, metieron presos en Paraguay a trabajadores argentinos. Por inmediata gestión del secretario de la Gobernación de Misiones, Guillermo Negro, con Montanaro, ministro del Interior, fueron liberados.

Fecha Patria. Habrá sido en el año 85 y se festejaba el día patrio en Paraguay. Como era habitual, fuimos a Encarnación, donde nos habían invitado (no sólo íbamos a la fecha patria a Encarnación, también a eventos culturales; recuerdo un concurso de coros juveniles en el club Petirossi, organizado por el municipio). Había que fomentar el acercamiento de manera permanente; además, el pueblo paraguayo es excelente anfitrión, no falta la buena mesa y de las cuerdas del arpa brota dulce música cuando le piden ‘Guarania’, o un rescate vivo de naturaleza cuando sueltan ‘Pájaro campana’, o truena la guerra con ‘Campamento Cerro León’. El paraguayo/a nace con un arpa bajo el brazo.

Pero en esa visita para el festejo patrio lo que menos hubo fue acercamiento. Palco, desfile de escuelas, soldados, el himno del país hermano, firmes los militares argentinos y paraguayos, banderas, música, discursos que estremecían el aire. Todo bien hasta que le tocó al Intendente local, hombre joven trajeado, elegante. El Paraguay era o es un país unitario, es decir que sólo se votaba el Ejecutivo nacional, y el Ejecutivo elegía y nombraba al resto de los funcionarios del país, en este caso al intendente encarnaceno. Menem decía que “el mejor capital de un político era la buena información”; lamentablemente para el orador, lo habrá escuchado tarde. Supongo que quiso hacer mérito para un escalón mayor y se largó con un discurso a destiempo. Como no podía ser antiargentino, se la agarró contra los porteños, no me acuerdo si empezó con Belgrano pero sí que siguió contra Alfonsín… y hasta ahí llegamos. Me pareció un agravio gratuito, innecesario y torpe. No sé si el cargo lo hace a uno más guapo, más seguro o más arriesgado, pero lo llamé al general Ferrucci, jefe del Regimiento 12, y le dije “yo me voy”, y me contesta “soy un soldado y obedezco órdenes”. Weee… con el respaldo de las fuerzas armadas, pido disculpas al gobernador y le comunico que nos vamos a retirar. La delegación en pleno, a mitad del acto, abandona el palco y nos dirigimos a pie hasta el puerto, casi marchando a modo soberanía nacional. Nos acompañó generosamente el jefe de la Policía local. Las lanchas de Prefectura, contagiadas de argentinismo, casi partieron en dos el Paraná…

Stroessner lo voló del cargo, dejando pasar un tiempo. Se habrá preguntado el intendente, sorprendido, “qué hice de malo” (no tener información). En vez de subir un escalón, lo bajaron al piso raso. En el interregno, hasta el raje del Intendente, recuerdo que volviendo en auto con Mariano Balanda, al pasar por Puerto Rico, se enganchó una radio paraguaya y escuchamos un vigoroso guaraní de tono bélico… y entre puteada y puteada sólo entendía Barrioarecheaaa… y meta palo por mi lomo.



P/S: Confieso que terminé con algo parecido a simpatía con la persona del presidente, no con sus métodos ni con su feroz y prolongada dictadura (pareciera contradictorio). Había sido muy generoso con Alfonsín y con el vecino sin pedir contrapartida contrariando su propia naturaleza. Durante la época anterior, Estados Unidos, que había fomentado las sangrientas dictaduras militares anticomunistas, ahora les soltaba las manos. Gobernaba Gorbachov en Rusia, la Guerra Fría había llegado a su fin y empezaron a caer unos tras otra las dictaduras militares latinoamericanas. Pero Stroessner seguía “impertérrito”, diría Caballo Velázquez. Dejó de soplar el viento a favor y el hombre seguía sin darse cuenta, o no quería… Pretendía, modestamente y con respeto, anticiparle lo que venía inexorablemente, y con pie de plomo le encaré el tema: pasar de una “democracia pragmática” (dictadura) a abrir las puertas a una democracia real. Que no le pase lo de Franco en España, que la apertura lo hicieron otros que lo siguieron, etc. etc. Escuchó atentamente creo, no me interrumpió, y cuando terminé me dijo: “lo habló con Montanaro” (el ministro político), no “vaya y hable con él”. Lo hice mientras Montanaro ponía la cara y estaba en otra galaxia. Dos años después, Stroessner estaba exiliado en Brasilia. “Cocodrilo que se duerme termina cartera”, dice mi hija Verónica.

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