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Y un día apareció Satán

miércoles 07 de septiembre de 2022 | 6:00hs.
Y un día apareció Satán

L
os curas jesuitas que catequizaron las Misiones del Guarán, explicaban que el diablo, satán o Lucifer, fue el más hermoso de los ángeles creado por Dios para servirle en el Yvymarae·ry, el cielo de las almas, la Tierra sin mal. Y en mal día se reveló para destronarlo. Por tal motivo fue condenado a vivir en el infierno y a deambular solitario y sin paz por el planeta hasta el fin de los tiempos. Pero he aquí que la historia del conflicto celestial se trasladó a la tierra, pues el resentimiento ínsito de Satán lo condujo al odio irracional y, con Él, se propuso competir por la conquista de las almas, incitando a los humanos a cometer cualquiera de los pecados capitales, cuyo castigo de no ser perdonados será morar eternamente en Añáretá, el infierno de las almas. De esa manera comprendieron que el Diablo nunca fue Dios, sino un ser creado por el creador de todas las cosas y que en mal día se le ocurrió asemejarse a Dios, cosa que frecuentemente el maldito Añá les hace creer a los mortales. Peor, si estos se vuelven soberbios, porque la soberbia en el hombre lo induce a ser despótico y comportarse tiránicamente ante los más débiles.

En nuestro tiempo se percibe de cómo la soberbia es inherente al poder. Y cuando una persona se llena de ella, no desarrolla una ética social hacia los demás, sino por el contrario, mantiene una actitud egocéntrica.

En esto no hay escala. Lo vemos en militantes que llegan a diputados o senadores que ya no tienen tiempo, ya no son dueños de su destino y se hacen soberbios, lo que refleja que en la medida que se escala en el poder, se vuelven más esclavos de su propia determinación. Le está ocurriendo a Vladimir Putin, el ex brutal KGB al añorar el gran imperio de la rusa zarista y del derrumbado imperio bolchevique. En su deseo soberbio desea expandirse y subyugar a pueblos vecinos como a la democrática república de Ucrania. Y, tal vez, más tarde, se le ocurra posar sus ojos en Polonia. Porque en la historia Polonia y Ucrania fueron pueblos sufridos, terrenos de ocupación y de saqueos; corredor de los guerreros de imperios en pugna; campo de batalla de los poderosos de turno desde épocas milenarias, ya sean Hunos, Mogoles, Zaristas, Napoleónicos, Nazis o Bolcheviques. Y para desgracia de la humanidad, un día del siglo XXl apareció Satán con su séquito de luciferes. Apareció con su carga mefistofélica de azufre y dolor. En un mundo donde la pobreza, la miseria y la injusticia reina por doquier y no se detiene. Y por doquier sigue avanzando esparciendo desventura y muerte.  Muertes de metralletas, bombas y misiles aterrando al mundo y a un pequeño país que aguanta estoico la carnicería interna.

Pequeño país que después de la Revolución Rusa en 1917 y, hacia el final de la primera Guerra Mundial, se independizó fugazmente hasta comienzos de la década de 1920 cuando pasó forzosamente a ser parte de la Unión Soviética.

El sufrimiento del pueblo ucraniano siguió en la segunda guerra mundial cuando fue ocupada por la horda alemana nazi. Se recuerda con dolor la crueldad manifiesta en Babi Yar, donde en el lugar excavaron la fosa común más grande de Europa en la cual enterraron decenas de miles de seres humanos de origen judío asesinados en masa. En 1944 la Rusia Soviética recuperó el control del país y expandió sus fronteras para incluir prepotente a los territorios de Polonia y Checoslovaquia.

Como todo imperio que somete a otros pueblos por la fuerza en algún momento de la historia implosiona. Ocurrió en 1991 al disolverse la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviética, ese vasto territorio de pueblos dominados se dividió en 15 repúblicas independientes. Ucrania, una de ellas, a partir de entonces puso la mirada en Europa y su interés de pertenecer a la OTAN. Pero a Putin, el lucifer moderno, se le ocurrió expandirse y como soberbio tildó a los dirigentes ucranianos de neonazis y por tal razón él, de pensamiento fascista, dijo que el objetivo de la operación militar rusa tenía el propósito de la desnazificación del país y en una semana los liberaría. De esa nefasta alucinación ha pasado más de siete meses de la proclama liberadora y la masacre continúa.

Antes de la invasión el jerarca expresó: “nuestros planes no son ocupar Ucrania, no pensamos imponernos a nadie”. Y en el colmo del cinismo olvidando esa afirmación al ver la resistencia del pueblo, instó a las fuerzas ucranianas a deponer las armas y volver a casa pues, “toda la responsabilidad por los derramamientos de sangre recaerá sobre la conciencia del gobierno ucrania”.

Hoy, en la Ucrania invadida por las huestes del imperialismo ruso, más de dos millones y medio de seres humanos se obligaron al éxodo. Otros se quedaron a defender el suelo natal destacándose entre los hombres, mujeres combatientes a sabiendas que pueden morir, pero con la consigna aun con temor nos quedamos.

En tanto al Papa Francisco por intermedio de la cancillería del Vaticano expresó: “la gran dimensión de la guerra en Ucrania, iniciada por la Federación Rusa, es moralmente injusta, inaceptable, barbárica, insensata, repugnante y sacrílega.

Una vez el Papa Francisco pidió que rezaran por él, nosotros rezamos por Ucrania.

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