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Unos días en el paraíso: vacaciones en la provincia de limón

Puerto Viejo es un pueblo caribeño que invita a relajarse. Con playas casi selváticas y buena gente, es un destino ideal para perderse y olvidar la rutina

domingo 21 de agosto de 2022 | 6:00hs.
Unos días en el paraíso: vacaciones en la provincia de limón

Cada tanto, todos sueñan con darse una escapada por el Caribe, pero por miles de razones a veces ese viaje queda en simples ideas vagas. Quien tuvo la oportunidad de conocerlo fue Alba, que además sabe que volverá porque su familia decidió elegir Costa Rica como lugar de residencia. “Yo quiero que todo el mundo conozca porque es muy lindo el lugar y la gente es muy buena”, dijo la viajera que todos los días que estuvo de viaje iba a disfrutar un momento de playa.

Puerto Viejo de Talamanca, una pequeña localidad de la provincia de Limón, corazón de los viajeros que llegaban hasta este lejano y al mismo tiempo hospitalario lugar en busca de olas, buen pasar y una zona en la que disfrutar de la pura vida de Costa Rica. Este es el destino elegido para vivir de los familiares de Alba Brandt, localidad rodeada de hermosas playas donde practicar surf y relajarse con el balanceo de una hamaca, aunque el mayor atractivo es recorrer el entorno natural que rodea este pueblo pesquero como el Parque Nacional de Cahuita.

La playa es el centro de reunión y entretenimiento de locales y turistas.

El Parque Nacional Cahuita, uno de los mejores Parques Nacionales de Costa Rica, se caracteriza por su Sendero Costero, un camino de 8 kilómetros que bordea prácticamente en su totalidad la zona costera, pasando por playas de ensueño. Además este parque está ubicado en un entorno de una gran riqueza natural, lo que asegura en gran medida el avistamiento de animales como el oso perezoso, el pizote, varias especies de mono y el basilisco, entre otros muchos.

“Costa Rica tiene una belleza muy extraordinaria porque es como una selva virgen y donde yo me fui es en pueblito Puerto Viejo, hice cinco horas de viaje para llegar desde San José de Costa Rica”, recordó Alba y agregó que “nunca vi una playa que sea selva y playa. Además era todo cerro, una selva en el medio del cerro. También es una selva con muchos animales, en la ventana de la casa de mi hija se veía como los monos iban de un lado a otro pero no se acercaban, estaban bastante alto, al que sí se lo encontraba por la calle era al perezoso. También tenían un zoológico con los animales de ese lugar”.

Pasar mucho tiempo en la playa fue una de las actividades predilectas de la visitante y entre las que conoció están Kokles, Playa chiquita, Punta Uva, Arrecifes, Playa Negra, Playa Grande, Manzanillo, Cahuita (las dos últimas son parques nacionales). También se tomó unos días para visitar al país vecino de Panamá, donde Bocas del Toro fue la parada, a la que describió como un ambiente natural parecido al de Costa Rica. “Queda a cuarenta y algo de kilómetros de Costa Rica, me fui dos días a las playas que son hermosas. Ahí hice snorkel, podía ver todos los pescaditos de colores, eran azules, naranjas, hermosos. Pero eso también hice en arrecife”, destacó.

Si Bocas del Toro es la parte caribeña de Panamá, Puerto Viejo mantiene el mismo ambiente surfero y de reggae que tenía Bocas. Algo que llamó mucho la atención de Alba fue la tranquilidad de los pobladores, lo que generaba una armonía que se tranformaba en tranquilidad y en ganas de no irse nunca más. El respeto por la naturaleza era evidente y por eso todo Costa Rica tiene mucho para ofrecer.

“Allá se respeta mucho los animales y las plantas, inclusive a los insectos. La gente es muy sencilla. Hay mucho turismo pero todo es como más libre, es otro tipo de vida, otro tipo de comida, la gente que vive ahí en Puerto Viejo es afrodescendiente y tenían rastas largas, bastante común era eso y también que todos son muy místicos. El centro es muy lindo y muy pintoresco. Las casas son caribeñas, no hay casas ni hoteles ostentosos, hasta había un hotel que tenía como paja en el techo. Hay muchísimos hoteles y hostels y parecía que estaban dentro de la vegetación. Los turistas que llegan no buscan “lo fashion” sino el descanso y la naturaleza”.

Aguas cristalinas, arenas blancas y cielos infinitos coronan el paisaje.

Otra situación que destacó Alba es el hecho de que las diferencias étnicas pasan desapercibidas “no hacen diferencia ni discriminacion. Ese lugar tiene 50 años aproximadamente, es muy nuevito, estaban los que viven ahí junto con los europeos que se instalaron”. Sobresale la variedad de nacionalidades que visitan Puerto Viejo, dando al lugar un ambiente muy cosmopolita, y una interesante diversidad cultural.

En la calle principal de Puerto Viejo se concentran la mayoría de tiendas, restaurantes y lugares de ocio nocturno, muchos de ellos con música en vivo cada noche, supermercados y demás. “Me pareció que había muy poca vida nocturna, los restaurantes cerraban temprano, la gente comía y se iba. Lo que sí en la playa bailan y hacen fuego, se reúnen mucho en las casas. Purto viejo tiene su centro, una peatonal, es chiquitito”.

En relación a la gastronomía local, Alba recordó que los platos eran muy variados y coloridos, con mucho para elegir. “La comida es totalmente distinta, se come bastante poroto, como feijoada. Viene muy surtido en un plato y hay mucha variedad de comida. Comen mucha banana, mucho pescado y mucho picante. No tienen ganadería pero son productores del cacao y del café, también hay muchos bananales, hay hasta en la vereda de cualquier casa, es como una plaga”.

El ritmo afrocaribeño está presente en prácticamente cada rincón y es algo que se percibe al llegar. No hay que pensar demasiado y únicamente, hacerle caso a los sentidos y hacer lo que ellos pidan en cada momento. Sólo así se conseguirá vivir, disfrutar y sentir todo lo que este fascinante y mágico lugar, puede ofrecer.

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