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Casimira y los avances tecnológicos

domingo 14 de agosto de 2022 | 6:00hs.
Casimira y los avances tecnológicos

El pueblo, escondido en medio del campo de la provincia de Corrientes, lindando con Brasil parecía sacado de esas películas del Far West: casas bajas, aisladas, con pocos árboles.

Algunos de sus pobladores luchaban por modernizarlo y para que tuviera las comodidades y avances tecnológicos se sucedían unos a otros con la paz de la monotonía. Casimira Buentemple vivía sola, aislada del centro, casi en el campo. Su hermano estaba a pocas cuadras y apenas caía el sol, todos se refugiaban en sus hogares ya que la luz eléctrica existía únicamente en las casas de los que tenían la suerte de que hubiera luna llena, el resto del año permanecían oscuras como gruta en la montaña. Ladrones, si había, se los conocía con nombre y apellido así que no se llegaran las sombras.

Los habitantes no eran temerosos de los seres de carne y hueso, sabían historias de fantasmas, monstruos, hombres lobos, lobizones… Personas conocidas habían desaparecido y nunca más se supo de ellos… Y decían “yo no he visto ningún aparecido, pero de que los hay… los hay”

Así, con el espectro rondando el imaginario colectivo, Casimira decidió instalar una cámara… por las dudas. Le habían comentado que esa cosita minúscula podía salvar su vida o, por lo menos, averiguar quién era el delincuente que se podía meter adentro.

Fue una de las primeras en usar esta modernidad. Sintonizando un canal determinado, podía ver por el televisor cualquier movimiento extraño dentro de su vivienda y también alrededor de su casa, incluso identificar al que llamara a su puerta. Las primeras noche todo fue novedad. Miraba “Rosa de lejos”, “Piel Naranja”, “Una voz en el teléfono” y los programas de chismes de la farándula. En el transcurso de las propagandas “bicheaba” el canal especial por si acaso. Se sentía feliz, segura, animada.

Pasaron así varios días.

Una noche, medio dormida, desde su cama miró el movimiento registrado por la cámara ya que el sistema le mostraba las imágenes las veinticuatro horas del día. Vio cinco dedos peludos que se movían lentamente. Primero quiso investigar de qué se trataba y aguzó los oídos por si el intruso se movía en algún rincón cercano a su habitación. La mano comenzó a desplazarse como en cámara lenta, en total silencio. No le gustó. Para asegurarse, llamó por teléfono a su hermano, comentándole lo que estaba ocurriendo.

-Vení rápido- le suplicó con la voz temblorosa, sintiendo que el terror le subía con pequeños escalofríos desde las terminales nerviosas de los pies.

A pesar del espanto, seguía mirando los movimientos del “monstruo”, porque eso ya era la imagen para Casimira. Cuando entró Valiente, ella estaba acurrucada en posición fetal en el rincón de la pared más cercano a la cama, llorando, temblando, gimiendo.

-Tranquilizate, Casimira, ya busqué alrededor de la casa, no hay nada ni nadie. Tomá un poco de agua, te hará bien.

Cuando logró calmar a su hermana, Valiente fue a revisar la cámara para verificar su funcionamiento y allí encontró al “monstruo”: una inofensiva araña que se veía agigantada tantas veces en el televisor como la imaginación de los televidentes lo supusieran.

Myrta Moreno

Cuento Ganador del 8º premio del Concurso Ciclo Narradores y Poetas del Mercosur 2014- participante de La Antología Internacional Puente de Palabras del Mercosur XI) Rosario, Santa Fe . Moreno ha publicado “Angeles conviviendo con el síndrome de Rest”, “A la una… a las dos… y a las tres” -en colaboración- y varios títulos en la Colección Taca taca.

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