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Drags: a brillar, mi amor

El mundo drag despliega un arte único siempre ligado a las luchas sociales. Bajo mucho glitter, maquillaje, diseño, coreografía y música, hoy se resignifica y busca salir de la estructura estética y del mansplanning

domingo 07 de agosto de 2022 | 6:06hs.
Drags: a brillar, mi amor
Foto: Natalia Guerrero
Foto: Natalia Guerrero

Con orígenes disímiles, un poco relacionados al teatro antiguo -donde sólo varones actuaban y por ende eran quienes caracterizaban a las mujeres-, un poco del burlesque victoriano y seguramente de la simple idea de trasvestirse para crear un arte distinto y único, el drag queen se posicionó fuerte como un género artístico que reune variadas disciplinas y que suma más adeptos tras la apertura social.

En Misiones, hay exponentes nuevos que brillan en presentaciones constantes y una rica historia de pioneros que supieron codearse con la elite del país.

Tal como refleja Pablo Vil Quinteros, director de teatro, referente del teatro LGBTIQ+, ‘‘analizar el drag queen sin una perspectiva de género es como hacer humo por todos lados’’.

Entendiendo que a través de las luchas del feminismo y las minorías todos los conceptos se están poniendo constantemente a prueba, también hay una revisión histórica y una deconstrucción de la movida drag.

Asociada al mundo gay, lo drag no necesariamente es parte de él y viceversa. Por eso, es que Vil Quinteros profundiza que lo drag es muy distinto al teatro con contenido LGBTIQ+ y es un arte en sí mismo. ‘‘No tiene que ver con el género aunque sí se puede encontrar la expresión de género en lo drag’’, manifestó.

En coincidencia, parte de los dorados 90, donde el drag hizo punta en la crema argentina, Víctor Pedotti contó cómo era ser Micha Hollywood en esos comienzos. “Mientras nosotras jugábamos a ser famosas, las trans sufrían. Nosotras jugábamos a ser estrellas pero no éramos estrellas, éramos chicos pobres que la trabajábamos’’, refirió sobre su paso por los emblemas de la noche junto al selecto grupo drag de Sir James (página 4).

Con este tinte de estrella y de novedad, Micha llegó a ser la cara de L’oreal en una gráfica que empapeló toda la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo. Estaba montada con peluca roja, sacándose fotos en plena avenida Córdoba, cuando le propusieron ir a ese casting. Así también desfiló con las supermodelos, cenó con todos los ricos y famosos de esa época y también exportaron el arte a Chile, Brasil, Paraguay, donde hasta la buscaron en limusine.

Siempre de la mano de la también misionera Fiona Valek, que todavía sigue activa y que recientemente fue reconocida en la Legislatura porteña por su trayectoria, Micha fue una super drag en ese primer auge del arte en los 90.

Crear una drag es un minucioso trabajo que se convierte en show. Costura, maquillaje, dominio escénico, oído musical, nociones de danza, ‘‘ todo se engloba en lo artístico’’, define Micha que hoy continúa en la escena pero tras bambalinas. ‘‘Tenés muchas disciplinas, tenés que hacer lip sync, bailar, diseñarte tu propio vestuario, generalmente es un show unipersonal, con mucho trabajo y muchas referencias, que van más allá del mundo queer’’, agregó Vil Quinteros. Y frente a las críticas de que es superficial o flojo de contenido, profundizó ‘‘el contenido es la misma expresión, que políticamente es muchísimo’’.

Es que tal como infirió Paty Magri (página 8) ‘‘el drag enriquece mucho a la cultura porque es una rama más de la expresión artística” En esa línea, remarcó que hoy la disciplina tuvo un revival y en Misiones “hay un talento impresionante y de calidad única que se afianza cada vez más”.

Así, dejando atrás estereotipos y apostando a la igualdad social, desde el drag también se gestan luchas, siempre a través del arte.

“Ser drag queen es un acto político con el objetivo de demostrar lo que somos y lo que queremos ser. Yo levanto la bandera de la mujer contra el acoso, la violencia y el asesinato; contra la pedofilia y el maltrato infantil”, reveló Meena Bell (página 6).

En coincidencia, Katy Solem (página 5) focalizó que se busca poner en tela de juicio todo, especialmente los cánones de belleza estrictos que impone la sociedad, sobre todo a las mujeres. “Desde mi personaje trato siempre de buscar la visibilidad de la igualdad, el respeto”, reflejó.

“Para mí, el arte drag es como un grito a lo rebelde, a eso que no te dejan hacer y vos lo querés hacer igual’’, invitó Samantha Fox (página 9), resumiendo el trayecto histórico de una representación artística que lejos de apagarse, brilla cada vez más fuerte.

 

Del esplendor de los inicios a la resignificación y el auge actual Katy Solem: una herramienta de arte para derribar estructuras “Cuesta salir del molde y la estructura religiosa de Oberá” El drag, una salida interdisciplinaria de los esquemas binarios Creando a Samantha Fox, el arte drag queen de la evolución

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